Dani Castro, fenómeno de férrea ejemplaridad

En el mundo dicotómico –y muchas veces de maniqueo binarismo- de hoy se tienden a plantear binomios contradictorios que resultan falaces. Uno de los más extendidos sería el de la incompatibilidad entre cultura y deporte, entre el campo intelectual y el físico-deportivo, cuando este último puede ser precisamente una continuación del primero y que contribuye a forjar carácter y, por tanto, educa tanto o más que cualquier otro ámbito además de impregnar de cierta disciplina que evitaría los desmanes en que muchos incurren.

A pesar de mi natural inclinación –tanto innata como felizmente practicada- al campo intelectual, de mi formación humanística e inquietudes culturales y comunicativas, también me ha interesado el deporte y no solo como mero espectador, sino también, desde hace un tiempo, con la práctica, lógicamente con las limitaciones pertinentes. Y si habiendo impartido clases he conocido gente fundamental (y otras muchísima prescindible, como en tantos ámbitos), el gimnasio también me ha servido para dar con una persona de enorme integridad cuya profesionalidad y buen hacer merecen ser destacados. Y de ahí surge el motivo de estas humildes líneas que ojalá sirvan para reconocer como se merece a un excelente trabajador que reúne tanto envidiables condiciones físicas como un buen bagaje y solvencia intelectual, todo ello conjugado con una calidad humana poco frecuente y por ello si cabe más meritoria. Esta extraordinaria persona no es otra que Dani Castro.

Screenshot_20190316-021853Sin ninguna duda, es un auténtico lujo y un verdadero placer dar con una gran persona que a sus óptimas aptitudes y condiciones físicas suma una naturaleza íntegra conformada por un carácter abierto y trabajador y unas virtudes personales dignas de toda loa. Su ayuda, gentileza, orientación, dedicación y enorme profesionalidad resultan encomiables y especialmente yo puedo dar buen testimonio de ello ya que, amén de de señalarme fallos u ofrecerme pautas y darme las indicaciones pertinentes para la realización correcta de actividades, viendo mi constancia en el gimnasio, él, desde el inicio, me animó a hacer rutinas, a probar nuevas máquinas siendo estímulo y acicate y, por consiguiente, el ánimo constante y su extraordinaria profesionalidad, tanto a la hora de enseñar en la sala de fitness y musculación (brillantemente didáctico, paciente, comprensivo) como por su trato exquisito en todo momento siempre han conseguido –y consiguen- hacer más gratificante y enriquecedor el duro –pero a la vez increíblemente provechoso- ejercicio del gimnasio.

Pero es que, además, mi asiduidad al centro deportivo en que trabaja (La Lanera) y la coincidencia en ciertas franjas horarias –debido a las muchas horas que dedica, es un “currante nato” a todos los niveles- me han permitido conocer también a una personalidad de gran enjundia y enorme potencial en otros muchos aspectos. De ahí se han derivado infinidad de interesantes conversaciones sobre los más variados temas (educación, juventud, cultura, música, política, economía, lingüística, semántica, hostelería…), desde lo más banal a lo más trascendente, y Dani siempre aporta enfoques sugestivos y sustanciosos con reflexiones que revelan la profundidad de un joven curtido en la escuela de la vida, de un TAFAD que sabe lo que es trabajar duro desde temprana edad y que a la vez posee enorme talento –como he apuntado, físico e intelectual- y es que yo –acostumbrado como estoy a evaluar a mucha gente por haber impartido clases particulares a bastantes chavales de bachillerato y preuniversitarios- detecto enseguida, más allá de títulos u otras certificaciones burocráticas –que muchas veces no se corresponden con las competencias reales-, la valía de aquellos que destacan por su buen juicio y excelente cabeza, por su forma de discurrir y debatir, de exponer y plantear los distintos temas y su criterio sobre ellos y, desde luego, Dani Castro, en un danicastronievetiempo en que tanto se habla de la desidia y dejadez de una juventud floja e indolente, se erige no sé si en honrosa excepción, pero sí por supuesto en un ejemplo de joven luchador que da lo mejor de sí, tanto en su trabajo como a nivel personal.

La voluntad de hierro, el afán de superación, la capacidad de afrontar estoicamente la adversidad y los obstáculos forman parte de la vida de este sano deportista, incluso cuando recibía negativas de facultativos por alguna lesión, ya que él jamás cejó en su empeño de seguir avanzando y progresando (no en vano llegó a ser cinturón negro de kárate), y ahora hace lo propio, incluso ofreciendo los mejores consejos, con esa humilde sapiencia del que sabe lo que es luchar por seguir hacia adelante, donde no valen las comparaciones con otros, sino el contar con la satisfacción de los progresos propios, de uno mismo, y al mismo tiempo con el lógico escepticismo de un mundo donde (casi) nadie regala nada; no se trata de pesimismo existencial por su parte, sino de los golpes adversos inherentes al propio decurso vital que acaban endureciendo cuerpo y mente, pero la prueba más palmaria de que siempre quedan espectaculares seres que ofrecen todo lo mejor de sí mismos y todoculturaydeporte cuanto son capaces de dar lo tenemos en este fenómeno que, bajo la discreción de un trabajo siempre impecablemente realizado pero que puede quedar oculto en esa intrahistoria unamuniana de los ilustres hombres buenos que no pasan a la posteridad, desarrolla una labor magnífica y merece un reconocimiento que, aunque yo intento, desde la franca amistad del encuentro cotidiano, explicitarle personalmente, también creo que debe ser público y notorio.

Ojalá este compendio de palabras sirva cuando menos para resaltar la enorme valía de este férreo ejemplo de tenacidad, sacrificio, constancia, firmeza, tesón, que se halla pertrechado a su vez de una diligente laboriosidad ligada a una personalidad noble y magnánima que refleja su grandeza; esa suma grandeza que despliega cada día con su actividad, intentando superarse y fomentando dicho afán de superación en quienes le rodean, además de las ya mentadas conversaciones que tanto –y siempre bueno- dicen de él, y es que, muchas veces, los mejores consejos no procederán de sabios eruditos ni de insignes maestros, sino de un entrenador (o monitor o técnico) de gimnasio (un poquito más joven que tú), con mucha escuela de la vida y gran sentido común. Y lo dice alguien de formación humanista y sólidas bases intelectuales. Pero es que Dani Castro constituye, indudablemente, la férrea ejemplaridad que acompaña a los tipos extraordinariamente excepcionales (como él).

                                   MIGUEL ÁNGEL DEL CORRAL DOMÍNGUEZ

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