Esta sección simplemente tendrá algunas anécdotas que quizá por curiosas puedan resultar interesantes. 😉
Mi primera aparición pública en los medios… ¡¡¡con dos años!!!
Como anécdota contaré mi primera aparición pública en un periódico y, por ende, en un medio de comunicación. Fue en El Ideal Gallego y es que de pequeño me decían que yo era un niño de anuncio. No es algo que a mí me produjera ninguna sensación especial pues parece que a todos los niños pequeños se les dicen cosas similares. En mi caso sí que se produjo con cierta reiteración, incluso en un banco, teniendo algunos años más, me hablaron de la posibilidad de que yo publicitara su entidad. Quizá fue una mera lisonja. No lo sé. El caso es que, en 1990, con solo 2 años (faltaban justo 6 días para que los cumpliera), aparecí en ese periódico y no por ninguna noticia o hecho relevante que hubiera acontecido, sino porque mi tierna personita cautivó a un fotógrafo de ese diario. Aparezco de espaldas, pero volviendo el rostro hacia una señora mayor, una viejecita que está pidiendo (limosna) en la calle. La verdad es que yo siempre he sido un observador nato del mundo que me rodea, quizá por ello me ha apasionado la lingüística y la comunicación en general, al fin y al cabo, los filólogos, gramáticos, lingüistas o expertos en Comunicación no son –o no somos- sino agudos observadores del uso que de un idioma hacen los hablantes en un determinado momento o a lo largo del tiempo. Lo observamos cuando leemos lo que la gente escribe y lo “observamos” cuando escuchamos hablar a esa misma gente y de ahí sacamos conclusiones de las distintas formas de hablar, de en qué estratos sociales o zonas geográficas se producen, y de ahí que según el grado de aceptación la RAE vaya admitiendo o censurando unos u otros usos. Nada hay más democrático que la lengua…
Tan observador era yo ya desde pequeño que cuando estaba metido en el parque, ese rectángulo acotado o pequeño recinto protegido de diversas formas donde se deja a los niños que aún no andan –o mejor dicho en mi caso que están dando sus primeros pasos- para que jueguen, y no dormía, siempre estaba mirando a mi alrededor, ya fuera sentado o a gatas, a cuatro patas, levantando mucho la cabeza, estirando todo lo que podía mi pequeño cuello y abriendo de par en par mis ojos, de ahí que mi madre me llamase cariñosamente “el maquinista”.
Así que, en efecto, mi primera aparición pública se produjo en un medio gallego, en La Coruña, mi ciudad de nacimiento, aunque, como saben todos los que me conocen, y dado que con apenas cuatro o cinco años partí a Toledo y, posteriormente, a Palencia, me siento esencialmente castellano.

Como la enorme foto de esa página no se entendería por sí sola, el perspicaz fotógrafo o periodista escribe en una columna lo que le motivó a realizar primero y publicar después esa foto que, evidentemente, ni mi madre ni yo supimos que se había producido –fue un “robado” como dicen ahora en esas publicaciones del mundo del colorín- hasta que salió publicada, así que aprovecho para transcribir íntegramente lo que plasmó ese periodista en El Ideal Gallego con mi foto a los 2 años y lo impactante que ya debía de resultar mi forma de ser o de mirar, una profunda mirada que muchos destacan, ya sea porque infunda respeto o ternura, ya sea porque refleje madurez o sufrimiento por lo padecido. La columna que adjuntó a aquella foto aquel sagaz reportero decía así:
El Ideal Gallego, domingo 11 de marzo de 1990 LA CORUÑA 17
Sucedió ayer
Inocencia y vejez: dos mundos que se cruzan simplemente con una mirada
Difícil disyuntiva se plantea muchas veces a los ciudadanos cuando ven a un mendigo, y especialmente a una persona mayor, pidiendo.
Cómo saber si realmente lo necesita o por el contrario, quizás por costumbre o bien por tacañería, mendiga, a pesar de tener varios millones guardados en el colchón, como sucedió haces unos años con una viejecita a las que después de su muerte, se encontró suficiente dinero como para vivir dignamente.
Esta disyuntiva se plantea muy difícil cuando el mendigo es una persona mayor. Uno empieza a pensar que eso mismo puede pasar a él, por circunstancias de la vida, y acaba dando el dinero.
Por el contrario, otras veces se recurre a la aparente indiferencia, como en el caso de la foto, y de esta forma uno ni siquiera tiene que decidir. Si no la veo, no me dará pena, puede que piense más de uno.
Así las cosas no queda más remedio que sea la propia conciencia de cada uno la que decida si realmente creemos oportuno o no dar la limosna. O si no recurrir a la inocencia de un niño, que de forma tierna cruza su mirada con una mendiga, que solo con sus ojos desborda piedad. En esta ocasión que el niño de la foto decida.
F.J. TORRECILLA
[El texto lo transcribo corregido ya que el periodista unió la conjunción condicional “si” y el adverbio de negación “no” como si se tratara de la conjunción adversativa “sino”, error que aun frecuente no deja de ser disparatado].
La página de ese periódico la tenían mis yayos en casa, tenían dos para ser exactos y por eso yo las conservo. Una está pegada en un bloc o cuaderno grande donde mi yaya, a la que le encantaba escribir diarios o recoger efemérides –era una voraz lectora y gran escritora que de haber estudiado más hubiera sido muy apta para el mundo de las letras-, la colocó con orgullo. La otra está en uno de los álbumes de fotos dedicados a mi personita que elaboró mi abuelo materno, el yayo. Mi abuelo tenía un humor desbordante y usó cuatro álbumes para poner todas las fotos que me realizaba o que le enviaban donde yo era el protagonista y tal era el ingenio de mi yayo que a cada foto acompañaba un pequeño escrito, una especie de pie de foto que él mismo escribía a mano simulando que era yo el que eso redactaba, decía o pensaba. Era como si fuera la voz en off, lo que hace por ejemplo Carlos Hipólito cuando le escuchamos de narrador en la serie Cuéntame cómo pasó haciendo de Carlos Alcántara de mayor –de adulto- o como hizo Moncho Borrajo dando voz a los pensamientos del bebé de la famosa película Mira quién habla. 😛
[Por cierto, Moncho Borrajo le improvisó una especie de poema a mi madre cuando asistió a un espectáculo suyo estando embarazada ¡precisamente de mí!]. La gracia y chispa de mi abuelo era inconmensurable y su amor hacia mí igualmente incomparable y disfrutaba muchísimo haciendo cosas como esta, viendo mis fotos e ideando un pequeño texto según lo que cada foto le transmitiese, siempre con muchísima gracia.
Mi abuelo puso con humor en aquella ocasión a modo de pie de foto, de mi foto (no la que aparece junto a este texto, sino para la del periódico): “Mi primera aparición en la Vida Pública. ¡Menudo lío! Cuando aún no tengo 2 años me toca ya decidir si hay que dar o no una limosna a la viejita que pide a las “señoras” que van delante de mí. Yo la miro y creo que se la hubiera dado, pero no tenía suelto”.
Curiosidades de mis antepasados
Algunos ya sabrán de mis antepasados y de la vinculación de los “Corral” de Sahagún (Tierra de Campos) y de Liébana (comarca histórica de Cantabria) con otros importantes linajes ya que los Corral emparentaron por lazos familiares con los Flórez, con los Herques, con los Franco, con los Azcárate, con los Cossío, con los Font (Julio Font, de procedencia barcelonesa, nació en Madrid pero su padre José Antonio Font y Carbonell compra en la desamortización los Monasterios de Trianos, la Peregrina y el Monasterio de San Benito que es donde edifica su casa sobre las ruinas), e incluso con los menos conocidos Estefanía, uno de cuyos miembros fue encarcelado por Napoleón en un castillo en Francia y, al parecer, se escapó bajando con una sábana con su carcelero y, posteriormente, ya en España, con las manos ensangrentadas, sería agasajado y condecorado por el rey.


Asimismo, mis antepasados familiares también se hallarían estrechamente vinculados con distintas sagas de intelectuales muy relevantes en sus respectivas épocas, como la de los filósofos Azcárate (antes citados) o la de los Panero, poetas imprescindibles de nuestra literatura del siglo XX y con una historia y trayectoria vital que a nadie deja indiferente. ¡Hasta el notario de mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez resultaría ser el hermano del célebre Ramón Mª del Valle-Inclán! Anécdotas histórico-familiares sencillamente deliciosas. 🙂
Pero, por empezar por el principio, mi madre, Ana I. del Corral Romero (fallecida en 2013), fue la única hija de Agustín del Corral Llamas (profesor mercantil, 16/09/1923 Sahagún, León – 01/11/2003, Palencia), mi abuelo materno, y de Marina Romero García (12/09/1927, Corrales, Zamora – 26/06/2004, Palencia), mi abuela materna.
El padrino de confirmación de mi madre fue el amigo de la familia, periodista, poeta y escritor Antonio Álamo Salazar, que fue director de Diario Palentino de 1977 a 1981, fallecido trágicamente en accidente de tráfico en 1981, y que hoy da nombre a una calle de la ciudad de Palencia. También cuenta con calles a su nombre en las localidades de Alba de Tormes (Salamanca) y Laguna de Duero (Valladolid). Fue corresponsal en ABC, en la Agencia Europa Press y en Radio Nacional de España. Su hijo mayor, Antonio Álamo González, también periodista, obtuvo el Premio «Miguel Delibes» de Periodismo.
Como a veces la historia se repite aunque los protagonistas varíen; al igual que mi abuelo materno tuvo estrecha amistad con Antonio Álamo Salazar, director de Diario Palentino entre 1977 y 1981, yo hoy también cuento con la estima de quien es el actual director de Diario Palentino desde el año 2023, Jorge Cancho, cuyo hijo Hugo Cancho Arnuncio es también un extraordinario periodista.
Mi madre fue el pilar fundamental de mi vida y nuestro vínculo era tan intenso como indescriptible merced a todo lo que vivimos: el salvaje maltrato por parte de mi progenitor, la muerte de mis hermanos Joaquín José (1986) y David (1990) al poco de nacer, la problemática de mi hermano Alberto (1992-2010), hemipléjico y con parálisis cerebral, y su fallecimiento en 2010 a los 17 años, el cáncer y la ciática de mi abuelo (fallecido en 2003) o la terrible enfermedad neurodegenerativa de mi abuela (fallecida en 2004). A pesar de todo, mi madre y yo disfrutamos muchísimo y pasamos momentos magníficos, maravillosos, increíblemente mágicos y repletos de sentido del humor y desbordante felicidad hasta que un cáncer anaplásico de tiroides -que solo afecta al 1% de la población mundial- se la llevó en 2013 tras unos meses de estoica lucha en que yo ejercí de enfermero (cambiándole la cánula de la traqueotomía, dándole de comer por sonda nasogástrica, etc.), algo de lo que me siento orgullosísimo -más incluso que cuando los chavales me han agradecido cuanto he intentado enseñarles y transmitirles en las clases de Lengua (que ya es decir)-. 😉
Mi madre aparece en la foto superior con sus compañeros de curso en el primer COU mixto de maristas (Palencia). Posteriormente estudiaría un año de Ciencias Biológicas en la Universidad de Salamanca y algunas asignaturas de Derecho en la UNED, esto último ya como funcionaria de la Diputación de Palencia en la que ingresó en 1977. En su juventud simpatizó con Adolfo Suárez (tanto en su etapa de UCD como del CDS). En 1985 se casó, en el 88 nací yo… y seríamos víctimas de la brutal violencia doméstica por parte de mi progenitor hasta que nos libramos de él definitivamente en 1998. Antes de conocer al diabólico e infame y malnacido maltratador de mi progenitor -con el que se casó civilmente en el 85-, mi madre fue novia de Ramón Herrero Moro -un amante de las motos que era hijo del que fuera presidente de la diputación de Palencia durante el franquismo, el historiador Guillermo Herrero Martínez de Azcoitia, y de Inés Moro Ribalaygua, hermano, por tanto, del exconcejal palentino Jaime Herrero Moro-, y también salió con José M. Esteban, natural de Corrales de Vino (pueblo de mi abuela materna), quien acabaría emigrando y trabajando como médico en Estados Unidos (California, Burbank). El padre de este último era Marino Esteban Domínguez, maestro del pueblo (Corrales del Vino, Zamora) y delegado de Juventudes.
Fotos de carnet de mi madre Ana Isabel del Corral Romero
Mis abuelos maternos se casaron en Palencia, en la iglesia de Nuestra Señora de la Calle. La pedida de mano fue un 18 de julio (día de santa Marina) y la boda se celebró el 28 de agosto (día de san Agustín) de 1950. Los medios de la época se hicieron eco de la noticia.
“CARNET DE SOCIEDAD

ENLACE DEL CORRAL LLAMAS – ROMERO GARCÍA

A las doce y media de la mañana se ha celebrado en el altar mayor de la iglesia de Nuestra Señora de la Calle, que aparecía exornado de luces y de flores, el enlace matrimonial de la bella y simpática señorita Marina Romero García y el culto y joven Profesor Mercantil de la “Academia San Luis”, don Agustín del Corral Llamas.
La feliz pareja hizo su entrada en el templo a los acordes de la marcha nupcial de Mendhelson, que interpretaba con la capilla una escogida orquesta. Ella, que vestía precioso traje glasé blanco con velo tul ilusión y diadema, daba el brazo a su primo y padrino, don José Fernández Ventura, Notario de Saldaña; y él, que iba de rigurosa etiqueta, ofrecía el suyo a su madre y madrina, doña María de las Candelas Llamas.
Bendijo la sagrada unión el muy reverendo señor Ecónomo doctor don Félix Núñez. Firmaron el acta como testigos por parte de la desposada su hermano don Ángel Romero, propietario; don José Blanco y don Vicente Fernández Durán, industrial; y por parte del novio, su padre don José del Corral Herrero, Licenciado en Ciencias; don Ángel Llamas, farmacéutico de Vitoria; don Lorenzo Flórez, propietario de León; don José Calderón, también propietario, de Sahagún, y don José García-Puente Llamas, Juez Comarcal de Amurrio (Álava).
Los numerosos y distinguidos invitados fueron después delicadamente obsequiados con suculento banquete admirablemente servido en el Hotel Central Continental, organizándose una animadísima fiesta íntima, en la que actuó la orquesta de la mañana.
Los ya señores Del Corral Llamas – Romero García, partieron de luna de miel, que les deseamos eterna, con dirección a Galicia, Bilbao, San Sebastián y otras capitales del norte de España. Reciban nuestra efusiva felicitación, que hacemos extensiva a sus queridas y respetables familias.


Mi abuela Marina era hija de Pedro Romero Aguilar (en la imagen) y Ángela García Manzano. Mi abuela materna, Marina Romero García, dejó su pueblo (Corrales, Zamora) siendo muy niña para irse a Palencia donde vivían unos tíos y donde regentaban un comercio -en el que mi abuela trabajaría tanto atendiendo a la clientela como gestionando los productos, así que desde muy joven se desempeñó en el mundo laboral sin que ser mujer le supusiera impedimento alguno-; y allí se crio con su primo –como si fueran hermanos- Pepe Fernández-Ventura, que se convertiría en reputado notario –entre otros, del conde de Barcelona, Juan de Borbón, cuando este vendió la isla gallega de Cortegada, que había sido adquirida (por suscripción popular) por Alfonso XIII-. Entre los muchos hijos de Pepe Fernández-Ventura podríamos destacar a la escritora Lourdes Fernández-Ventura Álvarez.
Los tíos con los que se fue a vivir mi abuela materna Marina Romero García a Palencia siendo muy niña –y con los que en realidad se crio- fueron Vicente Fernández Durán y Luisa García Manzano –hermana de mi bisabuela Ángela García Manzano-. Vicente Fernández Durán, antes de casarse con la hermana de mi bisabuela, había estado casado con Clara Ventura Palencia, de la que enviudó muy joven en 1918 –cuando ella tenía 32 años-, así que José Fernández-Ventura fue hijo de esta última, aunque se crio con mi abuela Marina como si fueran primos hermanos ya que la hermana de mi bisabuela Ángela, Luisa García Manzano, ejerció como madre suya tras casarse con Vicente Fernández Durán. Vicente Fernández Durán fue agente comercial colegiado, tuvo unos almacenes y se dedicó al negocio textil en Palencia donde trabajó mi abuela desde muy joven antes de casarse con mi abuelo Agustín del Corral Llamas. Vicente Fernández Durán falleció el 7 de noviembre de 1958. Además de su hijo Pepe Fernández-Ventura, tenía a su hija Clara, casada con Ireneo Fuente Encalado.
El primo de mi abuela Marina, José Fernández-Ventura, se casó con Carmen Álvarez Polo, cuyo padre y cuyo abuelo, ambos llamados Ramiro Álvarez, fueron conocidos periodistas. Su abuelo Ramiro Álvarez González, natural de Castromocho, además de alcalde de Palencia (1874-1875), fue el fundador de El Progreso de Castilla, uno de los periódicos más progresistas de la provincia de Palencia, de ideología republicana.
Como curiosidad anecdótica, contaré que mi abuela materna Marina, además de llevarse muy bien con su primo Pepe Fernández-Ventura, también congenió bastante bien con su tío Vicente Fernández Durán. Más incluso que con su tía Luisa, que al fin y al cabo era la hermana de su madre Ángela, pues esta tía Luisa era bastante quisquillosa y mi abuela solía comentar que, de joven, le mandaba apagar pronto las luces por la noche, de ahí que, en ocasiones, tuviera que ponerse los rulos a oscuras. También recordaba mi abuela que, siendo niña en casa de sus tíos, se colocaban colchones en las ventanas durante la Guerra Civil española ante el peligro de algunos proyectiles lanzados durante la contienda. Esa etapa mi abuelo materno Agustín la viviría en Reinosa –antes de irse a estudiar a Madrid y de instalarse luego definitivamente en Palencia- y, aunque no relataba situaciones especialmente dramáticas, la situación, sobre todo al inicio de la guerra, no debió de ser fácil, hasta que en 1937, con la caída del frente norte, la cuestión comenzó a apaciguarse. En aquel tiempo su padre (mi bisabuelo José del Corral Herrero) daba clases allí como profesor de instituto y muy poco antes de acabar en Palencia, en 1940, solicitó el reconocimiento legal del Colegio de San Sebastián de Reinosa, pues durante la Guerra fue ocupado en varias ocasiones e incluso sus sótanos sirvieron de cárcel; desgraciadamente, muchos de sus archivos desaparecieron quedando gran parte de lo sucedido oculto en la intrahistoria unamuniana.
Un hermano de mi abuela Marina, Pedro-Andrés Romero García, movilizado por el bando nacional durante la Guerra (in)Civil, cayó fusilado en la cruenta Batalla del Ebro en 1938 -con 18 años-.
En la foto inferior podemos ver a mi bisabuelo Pedro Romero Aguilar, posiblemente de su época en el grupo militar de Regulares de Ceuta, junto a sus padres, mis tatarabuelos Andrés Romero Merchán y Alfonsa Aguilar Prada. Recuérdese que los Regulares fueron una de las fuerzas de choque del Ejército español en la Guerra del Rif (1909-27). Es probable que su experiencia militar norteafricana endureciera aún más el carácter adusto, severo y rígido de mi bisabuelo Pedro, y eso que su hija Marina (mi abuela) fue su favorita, al igual que su nieta Ana (mi madre) también lo fue, y mi abuelo Agustín fue el único yerno con el que mantuvo buena relación, algo a lo que a buen seguro contribuiría el talante diplomático y ecuánime de mi abuelo. Aun así, era especialmente notorio el contraste entre el carácter seco, áspero y estricto de mi bisabuelo Pedro (padre de mi abuela Marina) y el tremendamente afable y dulce de mi bisabuelo Pepe (padre de mi abuelo Agustín), brillante intelectual, genio de la matemática y devorador de libros, procedente además de una noble familia de probada hidalguía si nos remontamos a sus orígenes, pero con una personalidad enormemente risueña y entrañable y con un gran sentido del humor pues era un caballero (de elegante porte y gran prestancia, dicho sea de paso) muy divertido, gracioso, ocurrente, jovial y bromista -como tuvieron oportunidad de comprobar todos cuantos le conocieron-, de naturaleza jocosa, socarrona y guasona que heredarían tanto su hijo primogénito, o sea, mi abuelo materno Agustín, como mi madre Ana Isabel del Corral Llamas.

Mi abuela materna (en la imagen) era la pequeña, pero, además de su hermano muerto en la contienda bélica incivil española –en la crudelísima Batalla del Ebro– (Pedro-Andrés), tuvo más hermanos: Ángel (casado con Concepción de los Ríos, Chon, que llegó a centenaria en 2024), Alfonsa (casada con Ladislao Martín García, Ladis) y Teresa (casada con José Blanco Chamorro, Pepe). Entre las amigas de juventud de mi abuela cabe destacar a Carmen Cobos de los Cobos, que vivía en la avenida República Argentina de la ciudad de Palencia.
Como ha quedado dicho, los padres de mi bisabuelo Pedro Romero Aguilar fueron Andrés Romero Merchán (que fue nombrado para la comisión de la venta de trigo en su municipio) y Alfonsa Aguilar Prada (en la imagen superior). Pues bien, los padres de mi tatarabuelo Andrés Romero Merchán fueron mis trastatarabuelos Felipe Romero Fresno (nacido en 1824) –hijo de Manuel Romero y Agustina Fresno– y su esposa Andrea Merchán Blanco. Por otra parte, los padres de mi bisabuela Ángela García Manzano fueron mis tatarabuelos Macario García Ordóñez García Franco, que fue juez municipal de Corrales del Vino (Zamora) allá por 1905 (en 1914 ya aparece como exjuez), y su esposa Teresa Manzano Esteban Macías Castaño.
En las fotos inferiores aparecen Lourdes Fernández-Ventura -o Lourdes Ventura-, la escritora hija del ilustre notario José Fernández Ventura, primo hermano de mi abuela materna Marina (que fue su padrino de boda). Y a su lado, Pedro-Andrés Romero García, que caería fusilado en la Batalla del Ebro durante la contienda incivil española, en el año 1938 -el recorte de prensa que figura a continuación apareció algún mes después de terminada dicha batalla cuando se daba el pésame a los familiares de los camaradas caídos-. Siempre se citó el aire joseantoniano -incluso en el plano físico- que algunos parecían atisbar en Pedro-Andrés Romero García, si bien es cierto que este hermano de mi abuela materna fue movilizado a la fuerza al tener la mayoría de edad, estallar la Guerra (in)Civil y encontrarse en zona nacional (Corrales, provincia de Zamora). Cuando abandonó el hogar paterno y marchó al frente, su familia supuso, con buen fundamento, que no volverían a verle con vida. Como, desgraciadamente, así fue.

Y mi abuelo Agustín del Corral Llamas, nacido en una familia muy ilustrada por ambas ramas, era hijo de José del Corral y Herrero (1890-1970), licenciado en Ciencias Exactas, profesor y matemático -amigo de Julio Rey Pastor, el amigo de Cajal– (casado con la muy distinguida dama Candelas Llamas Torbado [1894-1970], la madre de mi abuelo materno).
Mi abuelo materno Agustín fue profesor mercantil, profesor de matemáticas (fundó academias que dirigió y también fue jefe de estudios en el Centro Sindical de FP Virgen de la Calle) y después se convertiría en jefe de Contabilidad del Ayuntamiento de Palencia.

Mi abuelo materno (en la imagen) fue el primogénito, pero eran cinco hermanos, es decir, fue el mayor pero tenía tres hermanas y un hermano: Ana Mary (casada con Jacobo Romero Requejo, hijo del conocido arquitecto Jacobo Romero, con calle en Palencia y entre cuyas obras cabe destacar el edificio de Correos y Telégrafos de la capital palentina), Carmina (casada con el eminente cardiólogo y primo segundo suyo Julio García-Puente Llamas, hermano del ilustre juez José García-Puente Llamas –este último testigo de boda de mis abuelos maternos, un solterón de oro y hombre entrañable, educadísimo y muy culto-, uno de los cinco hijos de Julio García-Puente Llamas y Carmina del Corral Llamas, miembros del Opus Dei, Julio, acabaría de Jefe de la Sección de Cirugía Cardiovascular en el Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia), José Antonio (casado con la cántabra Maribel Ruiz Pereda, con quien tuvo cinco hijos y una hija) y Merceditas (que estuvo vinculada a la Sección Femenina de FET de las JONS y que se casó con José María Rodríguez García, de Vega de Riacos, con quien tuvo tres hijas: Merce, Cristina y Belén), pero mi abuelo fue quien siempre mantuvo reverencial respeto por lo que suponía ser depositario del legado de una gran familia, de una gran estirpe, de un noble linaje de antepasados forjados en unos valores y unos principios y muchos de ellos ligados siempre al plano intelectual, cultural o educativo y siempre centrados en la ayuda al prójimo y dando muestras de enorme y espléndida generosidad, la misma que siempre caracterizó, hasta extremos inimaginables, a mi abuelo materno Agustín.

En la siguiente imagen se puede ver el carné del SEU (Sindicato Español Universitario de FET de las JONS) de mi abuelo materno Agustín del Corral Llamas cuando tenía 16 años y vivía en Reinosa (años 1937-1939), en plena Guerra [in]Civil por estar ahí destinado su padre, mi bisabuelo Pepe (José del Corral Herrero) como profesor de Matemáticas, en la provincia de Santander. Conviene recordar que todos los estudiantes universitarios estaban obligados a pertenecer a él.
Entre los amigos de mi abuelo materno Agustín cabe destacar a Luis Alonso y su esposa Sarita; a Manolón y Carmiña la gallega, que vivían en la plaza de España de la ciudad de Palencia; a Vicente Plaza y familia; a Pepe Abril y su esposa Elo, que vivían en la calle María de Molina de Palencia, y cuyo hijo Pepe Abril fue el creador de la productora de televisión Boomerang TV; a Mariano de Vena Alonso y su esposa Julita Hedrosa; a Roberto García de Frutos (secretario general del ayuntamiento) y su esposa Maruja -a la sazón vecinos de casa-; a Gonzalo Estébanez Fontaneda (secretario general de la diputación) y su esposa Noema Villar Landeira; al médico Jesús Durántez Caminero (a cuyo nieto Jaime Durántez Martín acabaría yo dando clases de Lengua castellana, y a su hermana le daría clases de conducir mi amigo Álex Ballesteros Latorre). En sus tiempos más jóvenes mi abuelo mantuvo estrecha relación con Patricio Izquierdo Sarró -con quien montó la Academia San Luis– y su esposa Tita Juárez y con la familia Juega (Luis y Marisol Juega e hijos) o la familia Nevares. También había amistad con el comisario de policía de la Brigada Judicial Miguel Ángel Bercianos, pero en este caso sobre todo porque su esposa, María Ángeles Valles Marcos, maestra de educación infantil, había sido compañera de mi madre en el colegio de las angelinas de Palencia. Bercianos nos prestó su ayuda cuando el maltratador de mi progenitor venía a incordiar y a amenazarnos a Palencia. Sus hijos, tanto Diego como Miguel Ángel Bercianos Valles, acabarían dedicándose a la enseñanza. También tuvo amistad mi abuelo con José Souto Vizoso, que fue obispo de Palencia desde 1949 hasta 1970 y que era natural de Narón (La Coruña) -había sido anteriormente rector del Seminario de Mondoñedo y asistió en calidad de obispo a las deliberaciones del Concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII-. Mi abuelo perteneció a los Cursillos de Cristiandad, sin embargo, pese a las presiones, jamás tragó ni comulgó con el Opus Dei, prelatura de carácter sectario a la que fue tan reacio como Manuel Fraga Iribarne, si bien el talante enormemente diplomático de mi abuelo distaba bastante del huracanado carácter del político gallego, a quien mi abuelo conoció y trató de joven ya que la mujer de Fraga, Carmen Estévez (por su familia, los Estévez-Eguiagaray), tenía finca en Sahagún (dehesa de Maudes) y Manuel Fraga iba a verla allí -a la villa natal de mi abuelo, Sahagún-; aparte de que, años después, un primo carnal de mi abuelo, José María del Corral Nogales, fue estrecho colaborador y mano derecha del político de Villalba. Mis abuelos maternos fueron votantes de Manuel Fraga pero mi madre fue votante y simpatizante de Adolfo Suárez. Dicho esto, a mi abuela materna Marina, aunque votante de Fraga, le gustaron algunas de las intervenciones que hizo Julio Anguita en los años noventa y tenía cierta predilección por figuras como la de Manuel Gutiérrez Mellado, el que fuera ministro de Defensa y vicepresidente de Adolfo Suárez y que pasaría a la posteridad por su valiente actitud y enorme gallardía enfrentándose a los golpistas del 23-F de 1981, en lo que constituye ya una de las imágenes más icónicas de la historia de España y de la Transición.
Mi abuelo materno Agustín también fue muy amigo del culto escritor, periodista e historiador Pedro Miguel Barreda Marcos (con calle en Palencia, entre la estación de trenes y la de autobuses). De hecho, tanto mi abuelo materno Agustín del Corral Llamas como Pedro Miguel Barreda Marcos coincidieron en la directiva de la asociación «Amigos del Monte», en el año 1992 (yo ya estaba en este mundo), siendo la presidenta de dicha asociación la conocida catedrática de Literatura española y poetisa Casilda Ordóñez Ferrer, madre de quien años después fue mi profesora de Francés en el instituto, Caty Hervella Ordóñez, magnífica profesora. Su padre fue el conocido ingeniero y político de UCD Jesús Hervella.
Asimismo mi yayo cultivó estrecha amistad con José María Galindo, que llevó muchos años el restaurante El Refugio del monte El Viejo además de regentar el bar Kopa de la capital palentina, quien nos invitó en varias ocasiones a su preciosa casa de Autilla del Pino. Otro tanto cabe decir del que fuera guarda del monte, Anastasio Catalina (Cata, y su esposa Encarna) cuya vivienda era la Casa Pequeña del monte El Viejo, hoy en un lamentable estado de abandono y reiteradamente vandalizada y saqueada. Encarna, ya viuda, acabaría viviendo en una de aquellas casas bajas del populoso barrio de El Cristo. También fue mi abuelo amigo de otro guarda llamado Felicísimo, cuya mujer Feli se encargó años después de los vestuarios de las piscinas del monte a las que mi madre y yo acudíamos frecuentemente y cuyo bar llevaban Delia y Paquirri Moras Puertas, de Vertavillo, sobrinos de Oliva Moras, madre de la portera de casa de mis abuelos Aniana Montenegro Moras. Otra de sus amistades fue Alberto Sánchez, dueño del Asador La Encina, de la calle Casañé de Palencia, casado con Cirina González, premiada por hacer la mejor tortilla de patatas a nivel nacional en varias ocasiones. Su hijo Alberto -ya prematuramente fallecido- nos escoltó a mi madre, a mi abuela y a mí hasta casa en alguna ocasión en que mi ebrio progenitor montó el número e intentó secuestrarme -nunca olvidaré aquella protección-. Muchas veces comimos en el Asador La Encina y también solíamos acudir al ya desaparecido Asador de Campos situado en la calle Jacobo Romero, al igual que a la Casa Grande del monte cuando esta ofrecía un servicio de hostelería, hoy también tristemente extinto.
Por otro lado, y ya que estamos hablando de establecimientos hosteleros, mi madre y yo acudimos mucho en su momento a la Crepería Don Creps del siempre atento y solícito Julián Villalba, situada en la plaza de la Constitución por aquel entonces (en el barrio del Campo de la Juventud) y hoy trasladada a la calle Clara Campoamor, en la zona de la Tejera, junto al nunca terminado Palacio de Congresos de Palencia. También iba con mi madre a La Traserilla de la calle san Marcos -casi enfrente del fantástico bar/pub El Gato Negro, de la zona del Seminario- aunque ahora se encuentra dicha Traserilla en la calle Don Sancho de la capital; alguna vez fuimos también a la Casa de Piedra de Monzón de Campos (en la carretera de Husillos) -sobre todo viniendo de Suances-, regentada por Isa Rojo Jato (prima de mi difunto amigo Robert Calzada Rojo y en su momento concejala de Monzón de Campos); y por supuesto no puedo olvidarme del magnífico Mesón del Cerrato, en la población de Tariego. En este último llegué yo a cenar en su día (apenas tendría yo dieciocho años) en una invitación que nos hizo la entonces diputada nacional por Palencia Celinda Sánchez García junto al entonces senador Ignacio Cosidó Gutiérrez (antes de llegar este a ser director general de la Policía) -este Nacho Cosidó también nos invitó en su momento a comer en la Cámara Alta junto a otro senador y en aquella época alcalde de Santibáñez de la Peña, Julián Gutiérrez Gutiérrez-. A los hijos del exsenador, exdiputado y ex director general de la Policía Nacho Cosidó (Pablo y Gonzalo Cosidó Betegón), años después, acabaría dándoles yo clases de Lengua castellana. En aquella cena estuvieron también el entonces consejero de la Junta de Castilla y León Carlos Fernández Carriedo y la entonces procuradora, ex delegada territorial de la Junta y exportavoz del Ayuntamiento de Palencia Rosa Cuesta Cófreces. En aquel tiempo era yo secretario de Comunicación de NNGG por petición expresa de mi amigo Roberto Calzada Rojo (que fue alcalde de San Román de la Cuba y que falleció repentinamente de un infarto con solo 34 años), aunque mi perfil liberal me hizo ser siempre un verso suelto, algo bastante habitual y lógico en personas de marcado carácter intelectual e independiente como el de este servidor.
[Hay que resaltar que yo era lector de Emilio Alarcos Llorach, Salvador Gutiérrez Ordóñez (posiblemente mi mayor referente), Manuel Iglesias Bango, Francisco Marcos Marín, Leonardo Gómez Torrego, Amando de Miguel, Ferdinand de Saussure (padre de la Lingüística como disciplina científica) André Martinet (figura señera del funcionalismo lingüístico), Miguel de Unamuno (quien me marcó mucho desde pequeño), José Ortega y Gasset, Julián Marías, Ramón Menéndez Pidal (padre de la Filología española), Jon Juaristi, Fernando Savater, Gustavo Bueno Martínez (materialismo filosófico, teoría del cierre categorial…), Antonio Escohotado (genuino liberal), Fernando Sánchez Dragó, Benedetto Croce, Francis Bacon (padre del empirismo), John Locke, David Hume, Auguste Comte (formulador del positivismo basado en la aplicación de la observación empírica y el método científico), Karl Popper (y su falsacionismo), Michael Oakeshott (y su inteligente y transgresor escepticismo frente a peligrosas promesas de dichas utópicas en el terreno político), Carlos Rangel (Del buen salvaje al buen revolucionario), Jean-François Revel, Santiago Navajas, Jorge Vilches, José María Marco, Fernando García de Cortázar, Carmen Iglesias, Cayetana Álvarez de Toledo… Y eso, desde luego, no era lo habitual, salvo honrosas excepciones, en el lodazal partitocrático de las por lo general semianalfabetas estructuras anquilosadas del patético estamento político configurado en su gran mayoría por paniaguados mentecatos y estómagos agradecidos carentes de escrúpulos.
Dicho esto, mi imagen distaba mucho de la del cerebrito pitagorín, nunca fui un ratón de biblioteca -aunque me entusiasmaran las librerías-, pues al mismo tiempo era un joven carismático que salía de fiesta, me cogía de vez en cuando mis buenas tuzas, quedaba con los amigos, ya fuera para desfasar alguna noche, para videojuegos o lo que fuera menester. Y tampoco fui nunca un pedante hípster gafapasta; si acaso un tanto sibarita o pijo de aquel que gusta de vestir bien, pero informal, disfrutar de la buena gastronomía y, en fin, de los productos de calidad y los buenos sitios y también de quien es consciente de la buena familia de que procede –y el legítimo orgullo por ello- y que, a fin de cuentas, a todos nos gusta –o así debería ser- disfrutar de los placeres de la vida y todos sabemos que a veces lo barato sale caro, de hecho, convendría ir desterrando esa apología del pobrismo como dudoso mérito de virtud moral que denunciaba con sumo acierto el gran Antonio Escohotado].
Como mi abuelo materno Agustín del Corral Llamas obtuvo el título de Profesor Mercantil en 1947 tras estudiar en Madrid y tras hacer constar su suficiencia en la Escuela de Comercio de Gijón, además de ser profesor de matemáticas (1948-1966) y luego jefe de Contabilidad del ayuntamiento de Palencia (1966-1986), también se inscribió como Agente Comercial cuyo carné de colegiado puede verse a continuación, fechado en 1948, año en que fundó la Academia San Luis, sita en la calle don Sancho de la ciudad de Palencia.

Sigo donde lo habíamos dejado, la familia de mi abuelo materno. El padre de mi abuelo materno Agustín, o sea, mi bisabuelo Pepe, José del Corral y Herrero, además de profesor y matemático -ejerció la docencia en Benavente, Jerez, Reinosa, Palencia-, también fue diputado provincial por elección en la Diputación de León (por Sahagún) en el año 1930 siendo presidente Germán Gullón Núñez –padre del escritor y crítico literario Ricardo Gullón– y vicepresidente José Hurtado Merino. Asimismo, mi bisabuelo Pepe también fue diputado provincial en los años 1919-1920 y 1920-1921 cuando tenía 30 años con Julio Fernández de presidente. En 1923 nació mi abuelo Agustín y hasta los años de la Guerra no fueron a Reinosa y hasta principios de los cuarenta no recalaron en Palencia, así que en esos años (1919, 1920, 1921, 1930) vivirían en Sahagún, distrito por el que fue diputado provincial de la diputación de León José del Corral y Herrero, o sea, mi bisabuelo, el padre de mi abuelo materno Agustín del Corral Llamas, padre de mi madre Ana Isabel del Corral Romero. De mi bisabuelo Pepe podemos encontrar reseñas periodísticas como las que siguen:
“LEÓN – Se inaugura una prisión en León. León 23, 11 de la mañana. En Sahagún se inauguró la nueva cárcel con asistencia del director general de Prisiones, arquitecto señor Agustí, alcalde de León, diputado provincial Sr. Corral y otras personalidades. Bendijo las obras el párroco Sr. Alejos. Después se sirvió un banquete”. (ABC).
El Imparcial, 30 de junio de 1919, Las elecciones provinciales. Diputados por el artículo 29. Distrito de Sahagún-Valencia: Don José del Corral, D. Miguel Zavera, D. Álvaro Garrido y el Sr. Saez Miera. (El Imparcial).
Mi bisabuelo Pepe, José del Corral y Herrero, fue socio fundador de la mutualidad de doctores y licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias, en su caso como licenciado en Ciencias Exactas, cuyo carné podemos ver en la siguiente imagen, fechado en 1945. También cuento con su carné como colegiado número 125 de licenciado en Ciencias, sección de Exactas, en el distrito universitario de Valladolid. 
Asimismo en mi despacho está colgado, junto al título de Profesor Mercantil de mi abuelo materno Agustín, el de su padre José del Corral y Herrero (mi bisabuelo), donde se refleja que hizo constar su suficiencia como licenciado en Ciencias, sección de Exactas, en la Universidad de Madrid, con fecha de 21 de noviembre de 1914. He aquí una imagen de dicho título.

Yo tengo el expediente universitario de mi bisabuelo Pepe, que solicité al Archivo Histórico Nacional, donde puede verse como se presentaba a los exámenes por libre. Estudió en la Universidad Central de Madrid, ciudad donde vivió, domiciliado en una casa de la calle Castelló y en otra de la calle Justiniano, con su hermano Agustín del Corral y Herrero, quien falleció prematuramente el 7 de junio de 1914 a los veinte años de edad. Por eso pusieron a mi abuelo el nombre de Agustín. También cuento con la carta de un religioso, de las Escuelas y Hospitales de Santo Domingo de la Calzada -donde estudió mi bisabuelo de niño y adolescente con sus hermanos Agustín y Nicanor-, en la que relata este clérigo, con gran admiración y asombro, la inmensa inteligencia, la mente auténticamente prodigiosa y la increíble voracidad lectora de mi bisabuelo José del Corral y Herrero, interesado ya, a tan temprana edad, por multitud de temas, desde la agricultura a la ingeniería pasando, obviamente, por la matemática.
Ya en 1905, mi bisabuelo Pepe, quien tendría quince años en aquel entonces, destacaba en los exámenes no oficiales y por libre, obteniendo notables y sobresalientes en asignaturas que iban desde Psicología y Lógica a Física pasando por Fisiología e Higiene.
Mi bisabuelo Pepe, además de dar clases en el Instituto General y Técnico (el instituto viejo, el Jorge Manrique, de Palencia) donde fue responsable de curso como profesor de Matemáticas varios años, también estuvo ligado a los maristas como docente –de hecho, tenía cierta devoción por Marcelino Champagnat– y trabó amistad con algunos miembros de la congregación, si bien el edificio era otro al que hoy se erige en la plaza de España de la capital palentina, casi enfrente de la casa de mis abuelos (y luego de mi madre y mía), edificio este último en el que ya sí mi madre, Ana Isabel del Corral Romero, cursó el primer COU mixto que se impartió en el Colegio Marista Castilla y, donde años después, impartirían clases de Lengua castellana profesoras tan espléndidas como la exquisita y sobresaliente Gema Merino González; y yo, como profesor particular de Lengua, puedo atestiguar lo bien que ha preparado siempre Gema a muchas generaciones de alumnos, coincidiendo todos ellos en señalar tanto su nivel de exigencia como su diáfana y magistral forma de explicar.
Asimismo mi bisabuelo Pepe dio clases en el Centro Politécnico de Estudios San Isidoro, en la etapa de bachillerato, centro proyectado por el conocido arquitecto Jerónimo Arroyo y que se situaba en la plaza de la Catedral –hoy plaza de la Inmaculada- y que fue fundado por el farmacéutico y emprendedor Isidoro de Fuentes García (hijo de Natalio de Fuentes, patriarca de una conocida saga de farmacéuticos que hoy perdura en la persona de Belén de Fuentes Pérez). También llegó a aparecer mi bisabuelo en 1950 entre los miembros del claustro de profesores de la academia que fundó su hijo (mi abuelo materno Agustín del Corral), esto es, la célebre academia San Luis, en la calle don Sancho, además de dar también clases particulares (entre otros, al arquitecto Jesús Mateo Pinilla). Como se ha dicho antes, mi bisabuelo Pepe también fue profesor en el colegio de los Hermanos Maristas (Colegio Marista Castilla), si bien el centro educativo no era el del edificio actual sito en la plaza de España de la ciudad del Carrión, sino otro anterior a 1968 (proyectado por el arquitecto Jerónimo Arroyo).
Mi bisabuelo Pepe, en los años cuarenta, preparó a alumnos para el entonces conocido –y temido- Examen de Estado y también apareció como vocal en tribunales de oposiciones a las corporaciones locales, por ejemplo, en una convocatoria de auxiliares administrativos del Ayuntamiento de Palencia en cuyo tribunal de selección apareció como vocal a principios de los años cuarenta siendo presidente de dicho tribunal el entonces teniente de alcalde de la localidad.
En la siguiente fotografía podemos ver una simpática estampa en la que se encuentra mi bisabuelo José del Corral y Herrero (en el centro, de pie) y, a su lado, mi bisabuela Candelas Llamas Torbado de fiesta en la casa del doctor Mariano Calderón (con calle en Sahagún: calle Doctores Bermejo y Calderón; hay otra calle en Sahagún dedicada a Gerardo del Corral [Franco], primo carnal de mi tatarabuelo Lucinio).
En la imagen inferior podemos ver a mi bisabuelo Pepe, José del Corral y Herrero, departiendo con el obispo de Cádiz en presencia de su hijo, mi abuelo materno Agustín del Corral Llamas.
Su esposa -y madre de mi abuelo materno- fue mi bisabuela Candelas Llamas Torbado (en la imagen), hija del eminente médico y destacado y activo republicano Emiliano Llamas Bustamante, que fue dirigente del Partido Republicano Autónomo Leonés, y presidente del Círculo de Recreo de Sahagún (fallecido en 1928). Uno de sus hijos y, por tanto, hermano de mi bisabuela, fue el farmacéutico de Vitoria Ángel Llamas Torbado. Los hijos de Ángel Llamas Torbado fueron María Jesús, el actor Rafael y José María Llamas Olaran, estos dos emigrados a México. Este último tuvo varios hijos, entre los que destacan la actriz María Eugenia
Llamas, la periodista Mariví Llamas, María Cristina Eréndira Llamas (madre de Yan R. Llamas), la profesora Paty Llamas y su hermano, el famoso actor del país azteca José Ángel Llamas Olmos. Mi tatarabuelo Emiliano Llamas Bustamante tenía un hermano, Cayo Llamas Bustamante, que fue director de la sucursal del Banco de España en Santiago de Compostela y en Salamanca y cuyo hijo sería el Comandante de Caballería José Llamas del Corral (quien fue responsable del campo de concentración de San Marcos, durante la Guerra Civil española, si bien mantuvo buena relación con sus cautivos tal como atestiguaría el célebre dibujante de San Marcos). Mi bisabuela Candelas Llamas Torbado era prima carnal de María Guadalupe Máxima Torbado de las Cuevas (casada con Moisés Panero Núñez), madre de los poetas Juan Panero Torbado y Leopoldo Panero Torbado, este último padre de Juan Luis Panero, Leopoldo María Panero (un loco brillante) y José Moisés «Michi» Panero, los dos primeros también poetas y el tercero intelectual y diletante que estuvo casado con la actriz Paula Molina (hija de Antonio Molina y hermana de Ángela, Mónica o Micky Molina, este último estuvo unido sentimentalmente a la célebre actriz Lydia Bosch, con quien coincidió en la serie Lleno, por favor, protagonizada por Alfredo Landa antes de que ella protagonizara con Emilio Aragón la conocida serie noventera Médico de familia). Leopoldo Panero, durante la Guerra Civil, fue arrestado, conducido a San Marcos de León y acusado de recaudar fondos para el Socorro Rojo, y quien medió para que no le pasara nada, además de Miguel de Unamuno, fue Bonifacia Flórez -pariente de mis bisabuelos-, de Sahagún, que era prima de Carmen Polo -esposa del General Francisco Franco Bahamonde-. Eso le evitó cualquier tipo de problema. Es impactantemente brutal la película documental de Jaime Chávarri, El desencanto, con los testimonios de la viuda de Leopoldo Panero, la elegante, culta y coqueta Felicidad Blanc, y sus hijos antes mencionados: Juan Luis, Leopoldo María (arquetipo de poeta maldito, tan brillante como esquizoide, asiduo de prisiones y psiquiátricos) y Michi -noctívago mujeriego, galán vividor y escritor sin obra que vivió intensamente la movida madrileña– (todos nietos de la prima de mi bisabuela).


Mi tatarabuelo Emiliano Gabriel Llamas Bustamante (al igual que su hermano Cayo) era hijo de Salvador Llamas Antón (hijo del comerciante de Grajal de Campos Pedro Felipe Llamas Fernández-Tejerina -hijo, a su vez, de Juan Felipe Llamas y María Fernández Tejerina– y de Francisca Antón Villagori) y de Justa Bustamante Pérez (hija de Juan Bustamante y Jacoba Pérez). Mi trastatarabuelo Salvador Llamas Antón era, por tanto, hermano de Mari Cruz Llamas Antón, que se casó con el adinerado abogado Pablo Flórez Herques (hermano de mis otras trastatarabuelas Nicanora Flórez Herques -madre de mi tatarabuelo Lucinio del Corral Flórez– y Máxima Flórez Herques -madre de mi tatarabuela Candelas Torbado Flórez-, que se citarán en las líneas siguientes).
Pablo Flórez Herques (hermano de mis trastatarabuelas Nicanora y Máxima-Guadalupe) y su esposa Mari Cruz Llamas Antón (hermana de mi trastatarabuelo Salvador Llamas Antón) tuvieron varios hijos: Germán Flórez Llamas (1853-1916, fundador de la Fundación Sierra-Pambley), el conocido arquitecto Justino Flórez Llamas, Juan Flórez Llamas (casado con Aurea Posada y Sierra-Pambley, padres de Juan Flórez Posada), Gerardo Flórez Llamas y Delfina Flórez Llamas (casada con Cayo de Azcárate Menéndez, hermano de Gumersindo de Azcárate), todos ellos primos carnales tanto de mi tatarabuelo Lucinio del Corral Flórez (padre de mi bisabuelo Pepe) como de mi tatarabuelo Emiliano Llamas Bustamante (padre de mi bisabuela Candelas).
Mi bisabuela Candelas Llamas Torbado, cuyo padre -como hemos dic
ho- fue Emiliano Llamas Bustamante, era hija de Candelas Torbado Flórez, hija, a su vez, de Ángel Torbado y de Máxima Flórez Herques (trastatarabuelos míos), esta última hermana de mi (otra) trastatarabuela Nicanora Flórez Herques -madre de mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez-. Pues bien, mi tatarabuela Candelas Torbado Flórez (esposa de Emiliano Llamas) era hermana, entre otros, del célebre arquitecto Juan Crisóstomo Torbado Flórez, nacido en Galleguillos de Campos (Sahagún) en 1867, arquitecto conservador de la Catedral de León (la Pulchra leonina), al que algunos historiadores consideran un salvador de monumentos y al que otros maliciosos con mucha envidia y sin ningún fundamento tacharon de expoliador. De lo que no cabe duda es de que fue el máximo exponente de la arquitectura leonesa: fue arquitecto diocesano, provincial y municipal capitalino y, desde estos cargos, participaría en buena parte de los proyectos impulsados por la Diputación, la Diócesis de León y otros organismos de la provincia.
Mi tatarabuelo Emiliano Llamas Bustamante colaboró intensamente con las Colonias Escolares Leonesas, iniciativa pedagógica de la ILE, Institución Libre de Enseñanza, en las que también participaron algunos Corral (como Gerardo del Corral) y los Azcárate (Gumersindo y Cayo de Azcárate). La primera colonia escolar fue organizada en San Vicente de la Barquera por Manuel Bartolomé Cossío, conocido pedagogo krausista.
Mi bisabuela Candelas Llamas Torbado, además de su hermano farmacéutico antes mencionado (Ángel Llamas Torbado, con farmacia en Vitoria), tuvo más hermanos
como Justa (de la que yo conservo una coqueta escribanía) o Carmen Llamas Torbado. Esta última estaba casada con José Calderón y sus hijos fueron Mari Cruz Calderón Llamas y José Calderón Llamas.
Este último, José Calderón Llamas, primo carnal de mi abuelo Agustín del Corral Llamas, era químico y fue senador por la Alianza Popular de Manuel Fraga (amigo de juventud de mi abuelo) durante la legislatura 1982-1986. Precisamente durante esos años, 1983-1987, era alcalde de Salduero (Soria) como independiente el abuelo de mi amigo Álex Ballesteros Latorre, Hermógenes Latorre de Nicolás, quien realizó importantes mejoras, sobre todo para evitar desbordamientos del río en la bella localidad soriana de la comarca de Pinares.
Un hermano de mi bisabuelo Pepe, Nicanor del Corral (casado con Amparito Nogales, de Villada), tuvo un único hijo, José María del Corral Nogales, que hoy da nombre a una calle de Sahagún (y cuyo hijo es el prestigioso arquitecto y profesor Francisco José del Corral del Campo). Este primo carnal de mi abuelo, José María del Corral, hasta su muerte en los años ochenta, trabajó muy próximo a Manuel Fraga Iribarne. A Fraga le conoció personalmente de joven mi abuelo ya que el político gallego acudía a cortejar a la que sería su esposa, Carmen Estévez, cuya familia tenía finca en Sahagún, villa natal de mi abuelo materno Agustín. Este primo carnal de mi abuelo -con calle en Sahagún, José María del Corral-, cuando era mano derecha de Fraga, le ofreció a mi madre irse a Madrid con él, pero mi madre declinó y optó por quedarse en Palencia como funcionaria de la Diputación.
Anteriormente, en 1966, José María del Corral Nogales había sido Técnico de la Jefatura Central de Tráfico. De este año data su interesante trabajo titulado La asistencia social en España. Toda su impresionante labor intelectual estuvo siempre ligada a la Administración Pública y, luego, muy especialmente a la Administración Local, como profesor y director del Instituto de Estudios de la Administración Local. El 18 de julio de 1967 le sería concedida a José María del Corral la Encomienda Sencilla de la Orden Imperial del Yugo y las Flechas.
[A pesar de la vinculación de mi abuelo materno con Fraga, mi madre fue simpatizante suarista (de Adolfo Suárez), y mi abuela materna, muy interesada en cuestiones intelectuales y de actualidad, mostraba predilección por diversas figuras como, por ejemplo, Manuel Gutiérrez Mellado].
En las fotografías superiores aparecen mi madre, Ana Isabel del Corral Romero, en la oficina de Diputación de Palencia durante la etapa de la llamada Transición española y a su derecha una imagen de un cartel electoral de Adolfo Suárez, con quien mi madre simpatizó bastante. 😉
[Como quedó dicho en el apartado IN MEMORIAM, mi madre mostró su solvencia con un claro carácter polivalente como lo demuestra el hecho de que estuviera en muy diferentes áreas de la institución provincial palentina, desde Presidencia –donde comenzó en la época presidencial del médico villadino y cultísimo académico Ángel Casas Carnicero– hasta la entonces recién creada –en tiempos ya de Emilio Polo Calderón (UCD)- Asesoría Jurídica donde tuvo como jefe al letrado y tutor de la UNED de Derecho Paco García Amor pasando, ya tras su reingreso después de la excedencia –o sea, a partir del año 1999-, por departamentos muy bonitos como Cultura y Turismo -donde trabajó con Rafa Martínez (ex delegado territorial de la Junta de Castilla y León en Palencia), Faustino Narganes Quijano (especialista en heráldica palentina), Elena Gutiérrez Ruiz, Javier Campos Fernández, Sole Carabaza Marín (madre de alumnos míos y esposa del culto profesor y filólogo inglés Ricardo Román Martín, Ricky), Mónica Delgado Villalba, Carmen Merino Vaquero, Rosa Esther de Prado Rodríguez, Alfonso Santamaría Díez, Mariano Valdajos, etc.- y, finalmente, el área de Intervención -con Inmaculada Grajal Caballero como interventora- adonde fue llevada por el diputado provincial, gran gestor y buen amigo Isidoro Fernández Navas, político municipal procedente de las filas centristas del CDS suarista. En Intervención coincidió con Nati de las Heras, Pili Cantera, Pili González Nieto, Miguel Ángel Gutiérrez Astudillo, entre otros. Asimismo mantuvo estrecha relación con quien fuera secretario general de la institución provincial, José Luis Abia Abia. Y con gente de otros departamentos como los integrantes de la Fundación de Deportes: Carmen Ruth Abia García, Moisés Burgos Martín, Jesús Tapia Cea (alcalde de Grijota y diputado provincial) o de Agropecuarios, como nuestro vecino de casa Jesús Ángel Miguel Rodríguez y su esposa Charo Hontiyuelo (que trabajaba en Recaudación), de Depositaría/Caja como Marisa o de la Biblioteca Provincial como Pili Rodríguez… También cabe citar entre sus compañeras de diputación a Carmen Clara Fernández Penagos -de Personal- o a Encar Lafuente Zorrilla, hermana del conocido periodista Isaías Lafuente Zorrilla o del reputado experto y formador en oratoria Ángel Lafuente Zorrilla, y madre del prestigioso arquitecto Óliver Sancho Lafuente. Asimismo la gran amiga de juventud de mi madre fue Blanca Arangüena Fanego, hermana del conocido periodista Ramón Arangüena, cuyo padre era farmacéutico y tuvo una conocida farmacia en la capital palentina. También tuvo estrecha amistad con Chuchi Vita Aguado; de hecho, aún conservo apuntes de COU suyos que le dejó en su momento a mi madre; Jesús Vita tuvo la conocida Joyería Vita en la calle don Sancho de Palencia hasta su jubilación].

Otras hermanas de mi bisabuelo Pepe (José del Corral y Herrero) fueron, por un lado, Rosario del Corral y Herrero (casada con un Flórez, primo suyo, Romualdo Flórez González, con quien tuvo dos hijos: Julio y Jesús Flórez del Corral, conocida es su finca El Caserío, cerca de Mansilla Mayor) y, por otro lado, la pequeña Dolores del Corral y Herrero, Lola, casada con el farmacéutico Fernando Sánchez Gómez, hombre longevo que llegó a centenario y al que yo llegué a conocer. Este Fernando Sánchez Gómez tuvo un pasado republicano de juventud –tuvo que salir huyendo durante la guerra- pero, posteriormente, acabaría simpatizando con la Alianza Popular de Manuel Fraga Iribarne. El mayor de sus hijos, Fernando Sánchez del Corral (primo de mi abuelo), casado con la asturiana Joaquina Pando-Argüelles Buznego, fue de gran ayuda para mí ya que solía darme bastante información sobre cuestiones familiares y de mis antepasados cuando mi madre y yo acudíamos a Sahagún. Su padre, el farmacéutico Fernando Sánchez Gómez, estudió la carrera en Madrid y allí tuvo la oportunidad de conocer, entre otros, a Ramón Mª del Valle-Inclán, mente brillante, pero –según decía- con muy mal genio. Ramón Mª del Valle-Inclán era habitual visitante de la villa de Sahagún ya que allí ejercía de notario su hermano Carlos (notario de mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez, ante quien hizo testamento). Fernando Sánchez Gómez, en sus tiempos de joven estudiante en la capital, también conoció al Premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente, al que recordaba fumando puros y leyendo el periódico en el café La Granja de la calle Alcalá de Madrid. Otros hermanos de mi bisabuelo Pepe -y por tanto tíos de mi abuelo- fueron Agustín del Corral y Herrero -fallecido joven- y Lorenzo del Corral y Herrero. De todos ellos se puede contemplar en el Archivo Histórico Nacional el expediente escolar ya que cursaron estudios en el insigne y distinguido Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, donde también estudiaron Ramón Menéndez Pidal, Manuel Azaña Díaz, José Antonio Primo de Rivera, Clara Campoamor o los hermanos Machado, entre otras personalidades ilustres. 😉 Otro hermano de mi bisabuelo Pepe, como se acaba de señalar, además del prematuramente fallecido Agustín y de Nicanor, fue Lorenzo del Corral Herrero (abogado).

En la imagen superior podemos ver al farmacéutico Fernando Sánchez Gómez (que llegó a centenario y al que yo llegué a conocer) y a su esposa, Lola del Corral y Herrero (hermana de mi bisabuelo Pepe), tíos de mi abuelo Agustín, precisamente junto a mis abuelos maternos: Marina Romero García y Agustín del Corral Llamas (sobrino de Fernando y Lola, estos dos a la izquierda de la fotografía y mi abuelo en el flanco derecho), con motivo de la Primera Comunión de Isabel Candelas del Corral Ruiz, prima carnal de mi madre (familia de Reinosa).


A su vez, mi bisabuelo José del Corral y Herrero era hijo de Lucinio del Corral y Flórez (1859-1937), terrateniente y emprendedor de la pujante burguesía de Sahagún (especialmente vinculado a la burguesía harinera castellana de la meseta, comisionista y almacenista de grano, dueño de bodega ya que poseía buenos viñedos, propietario de una gran fábrica de curtidos, dueño de una empresa maderera y también del molino de Villacelama…) que compró el castillo de Montealegre de Campos a la condesa de
Añover de Tormes en 1908 aunque poco después se desprendería de él. Mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez estaba casado con su prima Dolores Herrero del Corral (hermana de una de las primeras mujeres alcaldesas de España, Candelas Herrero del Corral, alcaldesa de Castromocho, Palencia; así como de una monja con fama de santidad, sor María Josefa Herrero del Corral).
Mi tatarabuela Dolores Herrero del Corral era hija del abogado de Castromocho Andrés Herrero Alegre y de Rosario del Corral Pérez (de Sahagún). Su tío paterno Crisanto Herrero Alegre fue un abogado, filósofo y político, nacido el 25 de octubre de 1828 también en Castromocho, localidad palentina de la que asimismo fue alcalde, además de diputado a Cortes por el partido Unión Liberal de Lepoldo O’Donell. Escribió numerosos artículos en periódicos y revistas sobre economía, comercio, impuestos y agricultura. De desahogada posición social, pertenecía a una familia de las más distinguidas de Tierra de Campos. También fue célebre su Discurso sobre el origen de la propiedad leído en la Universidad Central. Es de muy recomendable lectura, pues este centrista y liberal tío trastatarabuelo mío que fue Crisanto Herrero Alegre hace una maravillosa defensa de la propiedad privada como derecho natural y una muy fundamentada crítica a todos los que han querido abolirla con delirios quiméricos desde Platón hasta las erráticas, erradas y perniciosas ideologías socialistas y comunistas. Lo leyó en el acto solemne en el que fue investido doctor en la sección de Administración de la Facultad de Filosofía (1856).

La hermana de mi tatarabuela Dolores, Candelas Herrero del Corral, fue una de las primeras mujeres alcaldesas de España. Hija del acomodado abogado Andrés Herrero Alegre, su tío paterno Crisanto Herrero, como hemos dicho, también fue alcalde y diputado a Cortes por la centrista Unión Liberal del General Lepoldo O’Donnell en la que también acabaría militando a partir del bienio progresista (1854-1856) el célebre periodista, historiador y escritor satírico palentino de Rabanal de los Caballeros Modesto Lafuente y Zamalloa, quien años antes (1837) había sido apoyado y recomendado para el nombramiento de oficial primero del gobierno civil por el padre de mi trastatarabuelo, es decir, por Juan Antonio del Corral y de Mier.
También fueron hermanos de mi tatarabuela Dolores Herrero del Corral y de la alcaldesa Candelas: Jesús Herrero del Corral, doctor en Derecho, con la tesis ‘Estudio comparativo de las principales instituciones políticas de Esparta y Atenas’, y Saturnino Herrero del Corral, licenciado en Derecho, ambos de Castromocho (Palencia), además del potentado y rico propietario Clemente Herrero del Corral.
Clemente Herrero del Corral -hermano de mi tatarabuela Dolores– ya era alcalde de Castromocho en 1904, año en el que se casó con Concepción Rodríguez Calba. También era alcalde de dicho municipio en 1910. Y en 1930 aparece como primer teniente de alcalde siendo alcaldesa su hermana Candelas Herrero del Corral. Mi bisabuelo Pepe -al igual que el primo de mi abuelo, Fernando Sánchez del Corral– hablaba mucho de este «tío Clemente», que debió de ser todo un personaje. Clemente Herrero del Corral tuvo una hija: Rosario Herrero Rodríguez, que se casó con Abundio Sendino. Entre los hijos de Abundio Sendino y Rosario Herrero se encontraba Antonio Sendino Herrero, que se casó con María del Rosario Fernández de Villarán, con quien tuvo varios hijos, entre ellos el famoso Churro: Jesús Sendino Fernández de Villarán, veterano jinete con quien yo he tenido oportunidad de compartir copas y cervezas e incluso de verle actuar en algunos conciertos de la capital palentina, con Jorge Bartolomé -quien regentó el bar Picapiedras, el Pica– o con grupos como Mortero.
Por cierto, Clemente Herrero del Corral tenía una ganadería con toros bravos de lidia, que eran de los más cotizados y deseados para las corridas y festejos taurinos que se celebraban por aquel entonces. De hecho, en la inauguración de la plaza de toros de Sahagún, con motivo de las fiestas patronales de 1909, se lidiaron cuatro toros grandones de Clemente Herrero.
El padre de mi trastatarabuelo Andrés Herrero Alegre –licenciado en Jurisprudencia- (y de su hermano Crisanto Herrero Alegre, también abogado y doctor en Administración) fue Clemente Herrero Abril, quien ya era alcalde de la localidad palentina de Castromocho en el año 1823. Clemente Herrero Abril estaba casado con Valentina Alegre Perlines. Fueron los abuelos, por tanto, de mi tatarabuela Dolores Herrero del Corral -y de sus hermanos Clemente, Jesús, Saturnino y Candelas-.
La generosidad de mi tatarabuelo Lucinio del Corral Flórez puede verse en sus invitaciones como las que reseñaba la prensa de la época (El Día de Palencia) como aquella que decía:
“El Día de Palencia, Defensor de los derechos de Castilla (Año X Número 3017), 3 de noviembre de 1900:
Gira Escolar – Desde Sahagún. Ayer en el tren mixto de la mañana llegaron a esta villa los profesores y alumnos del colegio de segunda enseñanza “El Ángel Custodio” de Villada. En la estación esperábales el rico propietario y almacenista de granos D. Lucinio del Corral Flórez, por quien habían sido galantemente invitados para pasar el día en la rica y hermosa posesión de Trianos. […]. Al comenzar la comida se hallaba todo perfectamente dispuesto gracias a la actividad y esplendidez del señor Corral. […]. Todo cuanto pudiera apetecerse fue dispuesto por el señor Corral a disposición de sus huéspedes, a quien habrán de parecer pocos cuantos elogios se hagan en obsequio de aquel. No parece sino que el amigo D. Lucinio quiso establecer un perfecto paralelo entre su esplendidez y la grandeza de aquel sitio. […] Fueron finamente obsequiados por la respetable Sra. Nicanora Flórez (madre de Lucinio) y el no menos respetable D. Hipólito Flórez, en cuya casa permanecieron hasta la hora del tren correo. […] Llegada la hora pusiéronse en marcha para la estación acompañados de distinguidas personas de la villa, despidiéndose con entusiastas vivas a a D. Lucinio del Corral, de quien tantas atenciones habían recibido. Nosotros, por nuestra parte, felicitamos al Sr. Corral, a quien debemos tan grata visita, al director del Colegio, Sr. Crespo de Sobrecueva, a los cinco profesores que le acompañaban y a los alumnos todos, haciendo votos porque no sea la única vez que nos honran con su presencia. Sahagún y Noviembre 2 de 1900″.

Como puede deducirse de la noticia anterior, mi tatarabuelo Lucinio del Corral tenía entre sus hermosas posesiones “Trianos”, es decir, lo que había sido el monasterio de Santa María de Trianos, a cinco kilómetros de Sahagún, entre Villapeceñil y Villamol, en la fértil vega del río Cea, y, en consecuencia, también fue el último propietario privado del importante y valioso (artísticamente hablando) sepulcro gótico del desaparecido monasterio de Trianos y que hoy se encuentra en la iglesia de San Tirso de Sahagún (templo sin culto que hoy funciona como museo y monumento que es ejemplo paradigmático del arte románico-mudéjar). Dicho sepulcro pertenece hoy al ayuntamiento, pero, como digo, su último dueño privado fue mi tatarabuelo Lucinio del Corral. Se trata de un sepulcro gótico con la efigie yacente de un caballero y data del siglo XIII. Véase en la fotografía siguiente. (Dicho sepulcro fue ocupado por el cuerpo de mi antepasado Juan Antonio del Corral, abuelo de mi tatarabuelo Lucinio del Corral Flórez).

Las imágenes inferiores se corresponden, por un lado, la primera con un manuscrito de mi tatarabuelo Lucinio del Corral Flórez donde relata su matrimonio y el nacimiento y bautismo de sus hijos; y la segunda con un tarjetón de su almacén de vinos debido a que poseía bodega y también se dedicó al campo de la vitivinicultura.
Asimismo podemos ver reflejado en la prensa de la época que mi tatarabuelo Lucinio del Corral Flórez contaba con ganado caballar, tenía potras y yeguas en la granja de Trianos, por las cuales llegaba a obtener medallas de oro y plata. Por su potrilla «Doradita» obtuvo medalla de oro.

Por cierto, su madre, o sea, mi trastatarabuela Nicanora Flórez fue toda una emprendedora del siglo XIX que se embarcaba en distintas empresas, según publicaciones oficiales de la época, y ya montaba negocios a su nombre en Sahagún, incluso tuvo ciertos inconvenientes (en tiempos de Cánovas del Castillo) para instalar una empresa de fósforos en el centro de la villa facundina por posibles riesgos para la seguridad. O salía premiada en exposiciones leonesas de agricultura y ganadería adonde llevaba el buen género que sacaban sus trabajadores de las tierras. El caso es que, a pesar de que no se hablase de la liberación de la mujer hasta tiempos recientes, años sesenta del siglo XX, la verdad es que en las clases altas, las mujeres, aun estando casadas, como demuestra el hecho de las de mi familia, fueron independientes, tenían independencia económica, emprendían y montaban sus negocios y se instruían siendo mujeres muy ilustradas de la época que llegaban a estar muy reconocidas en los distintos ámbitos en que se introducían. Sirva de ejemplo también la hermana de mi tatarabuela Dolores Herrero del Corral (la mujer de Lucinio), Candelas Herrero del Corral, que fue la primera –o segunda, depende de la historiografía- alcaldesa de España, que lo fue de Castromocho, donde se asentaron los Herrero y donde nació mi bisabuelo José del Corral Herrero por deseo expreso de su madre, que era de allí.
Lucinio del Corral y Flórez tenía un talante progresista y ecléctico hasta tal punto que recibió como regalo un reloj de pared (así lo contaba Fernando Sánchez, farmacéutico y cuñado de mi bisabuelo que llegó a centenario) por parte del famoso (tío-abuelo suyo) Rogelio Herques Ibarreta, un excéntrico personaje que llegó a ser excomulgado por escribir La religión al alcance de todos, personaje calificado como “hereje y anticlerical rabioso, alto y magníficamente plantado, buen mozo, un tipo juerguista y deslenguado, disoluto, pendenciero y amante de la buena vida, generoso e independiente” y, sin embargo, con el que debió de tener buen trato mi tatarabuelo Lucinio del Corral como muestra el hecho de que le regalara el mentado reloj.
Conviene resaltar que este Rogelio Herques Ibarreta era tío-abuelo de mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez ya que su madre, la madre de Lucinio, mi trastatarabuela Nicanora Flórez Herques (hija de Lorenzo Flórez Chico y Teresa Juana Catalina Herques Ibarreta) era sobrina, por parte de madre, de este pintoresco personaje que fue Rogelio Herques Ibarreta, escritor ateo y republicano que fue excomulgado por escribir La religión al alcance de todos, obra anticlerical considerada blasfema. Rogelio Herques Ibarreta acabó matando a su hermano y a su cuñada en el Casino de Montecarlo y luego se suicidó. De ahí que siempre se haya hablado de los peligrosos «genes Herques».
Como hemos dicho, estos Flórez Herques (entre los que se encontraban mis trastatarabuelas Nicanora y Máxima) eran hijos de Lorenzo Flórez Chico y Teresa Herques Ibarreta (en realidad Herques Navas, pero utilizaron ambos apellidos del padre). Pues bien, Lorenzo Flórez Chico Puga era hijo de Marcelino Flórez de Puga (1756) [hijo de Phelipe Flórez Escudero y Luisa Estévez de Puga Martínez] y de Cayetana Chico Martínez (1757) [hija de Matheo Chico y María Martínez], ambos de Medina de Rioseco (Valladolid).

Obviamente, Rogelio Herques Ibarreta era igualmente tío de otra trastatarabuela mía, Máxima Flórez Herques, la madre de mi tatarabuela Candelas Torbado Flórez, en consecuencia, la abuela de mi bisabuela Candelas Llamas Torbado y, por tanto, bisabuela de mi yayo (abuelo materno) Agustín del Corral Llamas. Ya se sabe que en mis antepasados se repiten apellidos y se entrecruzan familias debido a la endogamia y las uniones entre primos y parientes. De hecho, mis bisabuelos Pepe y Candelas eran primos segundos (los dos eran Flórez: José del Corral Herrero Flórez del Corral y Candelas Llamas Torbado Bustamante Flórez) y mis tatarabuelos, padres de Pepe, Lucinio del Corral y Flórez y Dolores Herrero del Corral eran primos carnales, por ello mi bisabuelo -y sus descendientes- tenemos el «del Corral» dos veces. 😉 Por eso existe aquel refrán de «entre primos y parientes el amor es más ardiente» ya que la endogamia era algo muy habitual en las familias ilustradas de elevada posición social -no necesariamente aristocráticas-.
Mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez era primo carnal de D. Germán Flórez Llamas, hijo del adinerado abogado leonés Pablo Flórez Herques y María Cruz Llamas Antón. Recuérdese que la madre de mi tatarabuelo, Nicanora Flórez Herques (mi trastatarabuela), perteneció a una familia de acaudalados burgueses de ideología republicana y krausista, algunos de los cuales se hallaban estrechamente vinculados a la masonería, y que se caracterizaron por su actividad social, su labor de mecenazgo, sus donaciones como grandes benefactores, especialmente de los más necesitados, y como personalidades comprometidas con la educación y la formación, además de poseer un marcado carácter filantrópico. He ahí el caso de hermanos de mi trastatarabuela Nicanora Flórez Herques como el de la famosa Flora Flórez, que hoy da nombre a una calle de Sahagún o como Hipólito Flórez Herques, hacendado y muy rico labrador que fue presidente del Comité republicano de Sahagún y vinculado a la masonería, que murió soltero y parte de su herencia como la casa número 26 de la plaza Mayor de Sahagún fue cedida a perpetuidad al Ayuntamiento con la condición de que en la
citada casa se instalasen únicamente el Ayuntamiento y Juzgado Municipal con las oficinas y dependencias necesarias a uno y otro y dos Escuelas municipales, una de niños y otra de niñas con las viviendas para el maestro y la maestra dejando claro que cualquier variación que debiera introducirse en el porvenir se hiciera sin reducir en lo más mínimo el espacio destinado a escuelas, viviendas de los maestros y patio de juego de los niños.
Por lo que respecta a Flora Flórez Herques, esta se caracterizó por sus múltiples obras de beneficencia y, por ejemplo, en 1912 construyó un edificio para el Círculo Católico de Obreros, que, poco después, en 1914, fue destinado por deseo expreso suyo a las escuelas públicas de la villa de Sahagún. Dicho esto, a pesar de que Flora Flórez (igual que todos sus numerosos hermanos, entre ellos, mis trastatarabuelas Nicanora y Máxima Flórez Herques) era sobrina del ateo excomulgado Rogelio Herques Ibarreta, puso como condición al realizar la donación para la construcción de estas escuelas que estas fueran públicas y católicas enseñándose conocimientos que no contraviniesen la formación cristiana y, además, que el edificio estuviera consagrado al Corazón de Jesús del que debería existir una placa grande en el título o salón principal. En caso de no cumplirse estas cláusulas, el edificio pasaría a disposición del obispo de León y, en su defecto, al arzobispo de Valladolid o, en última instancia, al de Toledo. Dicha escritura se firmó ante el notario de la villa de Sahagún (ante el que testó también mi tatarabuelo Lucinio del Corral Flórez) Carlos del Valle-Inclán (hermano del literato Ramón Mª del Valle Inclán). Dichas escuelas funcionaron hasta 1950, que se sumaban a las de infantil y de señoritas de las Hermanas de la Caridad, y a las cinco aulas de alumnos de colegio San José de los Hermanos Maristas, construido este también en 1928 sobre un solar propiedad de Flora Flórez Herques.
También cabe apuntar, como se acaba de comentar, que mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez hizo testamento ante el notario de la villa de Sahagún Carlos del Valle-Inclán, que no era otro que el hermano del celebérrimo literato, creador del esperpento y autor de Luces de bohemia Ramón María del Valle Inclán.

En la foto se puede ver a la izquierda a Gerardo del Corral Franco, primo carnal de mi tatarabuelo, junto a la familia Valle-Inclán. Están el célebre literato y autor de Luces de Bohemia Ramón Mª del Valle Inclán y su hermano, Carlos del Valle Inclán, notario de Sahagún ante el que hizo testamento mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez.
Mi tatarabuelo Lucinio era hijo de José del Corral Pérez, abogado y accionista del ferrocarril, y de Nicanora Flórez Herques (otra emprendedora de la época, como ya hemos apuntado), radicados en Sahagún.
Pues bien, mi trastatarabuelo José del Corral Pérez era hijo de Juan Antonio del Corral y de Mier (1796-1869), descendiente de hijosdalgo de Liébana (hijo de Francisco Antonio del Corral y Soberón, nieto de Manuel Gregorio del Corral y Soberón, bisnieto de Félix del Corral y de la Bárcena y tataranieto de Toribio del Corral y de la Riega).
Cabe señalar que mi trastatarabuelo José del Corral Pérez era hermano de Ignacio José del Corral Pérez, que era el padre de Florentino del Corral Franco, el abuelo de Julio del Corral Font -a quien yo llegué a conocer, un Corral que también era descendiente de los Font, del que fuera diputado y senador Julio Font y Canals– y, por tanto, este Ignacio José del Corral Pérez era el bisabuelo de Leonor del Corral Herrero, quien tiene en la villa de Sahagún la preciosa Casona de san Benito, que se asienta sobre los restos del antiguo monasterio cluniaciense, y que regenta primorosamente junto a su marido Toni (José Antonio Méndez Cancelos), padres del músico Pete Méndez del Corral, cuyo tatarabuelo, por ende, Ignacio José del Corral Pérez era hermano de mi trastatarabuelo José del Corral Pérez, y mi tatarabuelo Lucinio del Corral Flórez, primo carnal de su bisabuelo Florentino del Corral Franco.
Otra hermana de mi trastatarabuelo José del Corral Pérez (casado con Nicanora Flórez Herques) y de mi trastatarabuela Rosario del Corral Pérez (casada con Andrés Herrero Alegre) fue Guadalupe del Corral Pérez (Upe Corral), que se casó con el conocido propietario y político (diputado, senador) -ya mencionado- Julio Font y Canals, con quien tuvo a sus hijos Julio, Santos y María Font del Corral (esta última casada con Florentino del Corral Franco, padres de Julio del Corral Font y abuelos de Leonor del Corral Herrero), quienes adquirieron el conocido Valle de San Juan de Palencia. Evidentemente, Florentino del Corral Franco (hijo de Ignacio José del Corral Pérez) y su esposa María Font del Corral (hija de Guadalupe del Corral Pérez) eran también primos carnales. Un hermano de esta última, Santos Font del Corral, tuvo dos hijos, Julio y Santos Font del Corral, desaparecidos en la checa de Fomento en los días 22 y 27 de octubre de 1936 y a quienes tres años después, en 1939, su padre seguía buscando desesperadamente, en plena guerra (in)civil española.
Pero sigamos con el padre de mi trastatarabuelo José del Corral Pérez. 😉
El padre de mi trastatarabuelo José del Corral Pérez, como se ha dicho antes, fue Juan Antonio del Corral y de Mier, quien llegó a ser diputado nacional en las Cortes constituyentes de 1836 –durante la regencia de María Cristina- (uniendo sus votos a los de los progresistas templados como Salustiano Olózaga y Agustín de Argüelles, ambos masones) y, posteriormente, también llegaría a ser alcalde de Sahagún durante el bienio progresista 1854-1856. Juan Antonio del Corral y de Mier formó parte de la comisión encargada de la ley electoral. También será Juan Antonio del Corral, junto a los diputados de la provincia de León Luis de Sosa y Pascual Fernández, quien recomiende al ministro de Gobernación el nombramiento como oficial primero político del Gobierno Civil del periodista, historiador y escritor satírico Modesto Lafuente y Zamalloa pues
no había duda ya de que los escritos liberales de este último eran conocidos en la provincia de León desde el 4 de abril de 1837 gracias a la publicación de Fray Gerundio a pesar de que fue crítico con la desamortización de Mendizábal. La familia del Corral fue esparterista, siempre estuvo muy vinculada al general Baldomero Espartero.
El padre de mi trastatarabuelo, o sea, Juan Antonio del Corral y de Mier era hermano de la muy cristiana Antonia del Corral y de Mier, quien se casó con Ángel Salceda y no tuvieron descendencia. Antonia del Corral nació en Castro (Liébana) alrededor del año 1790. Fue una mujer muy cristiana, con grandes virtudes caritativas y benéficas. En el año 1851, siendo cura de la parroquia de San Pedro D. Santos Gutiérrez, donó la casa rectoral que está en Esanos. El padrino de su boda fue Pedro Antonio Gómez de la Cortina, hermano de Servando, conde de la Cortina, título que le concedió el rey Carlos III el 15 de Enero de 1.783.
Otro hermano de Juan Antonio del Corral y de Mier fue Bernardino del Corral y de Mier, que fue párroco en Revenga de Campos y canónigo de la catedral de Palencia; se sabe que escribió diversos textos apologéticos.
Y este Juan Antonio del Corral y de Mier -padre de mi trastatarabuelo- era primo carnal del reputado filósofo Patricio de Azcárate y del Corral (hijo de Clara Isabel del Corral y Soberón).
Patricio Azcárate del Corral fue un filósofo y político español, historiador y difusor de la filosofía moderna y meritorio traductor a la lengua española de las obras de Platón, Aristóteles y Leibniz. Gracias a la patriótica actividad de Patricio de Azcárate, entre 1871 y 1878 pudo contar el público lector, por primera vez en lengua española, con ediciones dignas de Platón, Aristóteles y Leibniz.
Y uno de los hijos de este último, de Patricio, fue el celebérrimo Gumersindo de Azcárate. Hijo de
Patricio de Azcárate del Corral y de Jesusa Menéndez Morán, jurista, pensador, historiador, catedrático y político krausista español. Fue tío del diplomático Pablo de Azcárate. Fue miembro de la Academia de la Historia, así como fundador, junto a D. Francisco Fernández-Blanco y Sierra-Pambley, D. Francisco Giner de los Ríos y D. Manuel Bartolomé Cossío, de la Fundación Sierra-Pambley, de cuyo patronato fue presidente hasta su muerte, y a la que hoy está muy vinculado mi admiradísimo S. Gutiérrez Ordóñez, catedrático de Lingüística General de la ULE, académico de la RAE (y discípulo aventajado de Alarcos). Su biblioteca, donada a la Fundación Sierra-Pambley por sus sobrinos herederos, fue el origen de la Biblioteca Azcárate de León.
Cabe señalar, como curiosidad, que el destacado krausista, jurista y político liberal Gumersindo de Azcárate prologó la tesis doctoral de su querido discípulo José Calvo Sotelo, abogado y político derechista cuyo asesinato en 1936 se considera el detonante de la Guerra (in)Civil española.

Otro de los hijos de Patricio de Azcárate y del Corral fue Cayo de Azcárate Menéndez que se casó con Delfina Flórez Llamas (hija de Pablo Flórez Herques y Mari Cruz Llamas Antón, el primero hermano de mi trastatarabuelas Nicanora y Máxima Flórez Herques, y la segunda, hermana de mi trastatarabuelo Salvador Llamas Antón) y posteriormente contrajo matrimonio con su cuñada Eulalia Flórez. Entre sus hijos y, por tanto, nietos de Patricio de Azcárate y del Corral, se encontraba Justino de Azcárate Flórez. Justino de Azcárate Flórez militó en el Partido Reformista de Melquíades Álvarez. El 28 de junio de 1931 fue elegido diputado a Cortes por León por la Agrupación al Servicio de la República, que inspiraron Ortega y Gasset, Marañón y Pérez de Ayala. Fue Subsecretario del Ministerio de Justicia, siendo Fernando de los Ríos titular del departamento, en el primer Gobierno Provisional de la República. Se exilió en Venezuela, de donde fue llamado por el propio rey Juan Carlos I, quien le invitó a volver a España. Regresó en 1977, ocupando el cargo de senador por designación real en las primeras Cortes constituyentes (1977-1979) convocadas después de la muerte de Franco, y, posteriormente, fue senador de Unión de Centro Democrático (UCD) por León (1979-1982). Años más tarde desempeñó el cargo de vicepresidente del partido “Democracia Liberal”. Presidente del patronato del Museo del Prado y otras entidades culturales, le fue impuesta por el ministro Fernández Ordóñez, en nombre de S.M., la gran cruz de Isabel La Católica. Falleció en Caracas (Venezuela) el 18 de mayo de 1989.
Era hermano de Pablo de Azcárate Flórez, político, jurisconsulto, diplomático e historiador español del siglo XX. Pablo de Azcárate Flórez fue catedrático de Derecho Administrativo en las Universidades de Santiago y Granada. Comenzó su carrera diplomática en la recién formada Sociedad de Naciones, que abandonó para actuar como embajador del gobierno de la II República en Londres durante la Guerra Civil Española, lo que le obligó a exiliarse al término de la misma, perdiendo la cátedra. Ambos fueron próximos a Manuel Azaña (igual que José María Llamas Olaran, este último emigrado a México en el buque Sinaia, y que, previamente, estuvo en un campo de refugiados en Francia donde, al parecer, fueron abandonados a su suerte por el inefable Negrín, que marcharía a Londres).
Por otra parte, Juan Antonio del Corral y Mier era hermano de Josefa Narcisa del Corral y Mier, que fue la madre de Lesmes Franco del Corral y la abuela de Modesto Franco Flórez del Corral, y ambos llegaron a ser, padre e hijo, diputados liberales-progresistas.
Lesmes Franco del Corral nació en Melgar de Arriba en 1829, hijo de Vicente Antonio Franco, natural de Monasterio de Vega, y Josefa del Corral, nacida en Castro de Liébana. Se casó en Sahagún en 1856 con Paula Flórez Herques (hermana de mi trastatarabuela Nicanora Flórez). Su vida política se inició en Sahagún, como concejal del ayuntamiento por el Partido Progresista, formó parte del comité provincial e inmediatamente pasó al comité central de Madrid. Fue diputado en varias ocasiones por la circunscripción de Sahagún y senador por León. Murió en Sahagún en 1896. Su hijo Modesto también hizo carrera política. Su hijo Modesto Franco Flórez del Corral gozaba de gran popularidad, lo que le llevó al triunfo electoral en varias ocasiones.
En la votación que tuvo lugar en las Cortes el 16 de noviembre de 1870 donde se eligió a Amadeo de Saboya como rey constitucional de España, hubo ocho miembros del Partido Progresista que votaron a Baldomero Espartero y uno de ellos fue precisamente Lesmes Franco del Corral, primo carnal de mi trastarabuelo José del Corral Pérez y, por tanto, tío de mi tatarabuelo Lucinio del Corral Flórez.
De este Lesmes Franco del Corral y de su hijo Modesto Franco Flórez del Corral, según un artículo de Juan Giraldo titulado «Notas sobre los movimientos sociales en Sahagún y comarca» en Sahagún Digital, podemos decir lo siguiente: «Las luchas electorales entre progresistas y conservadores en el distrito de Sahagún tienen gran repercusión en las Cortes, dando lugar a encendidos debates en los que se cuestionaba, casi por sistema, la legalidad de las actas electorales. Las denuncias de fraudes, abusos y coacciones menudeaban en cada convocatoria electoral, generando interminables sesiones en el parlamento. Las luchas no solo fueron parlamentarias, como en 1896, donde los enfrentamientos se saldaron con heridos, entre ellos el alcalde. Modesto Franco Flórez, años después, también resolvió sus diferencias con un rival político a puñetazos en la puerta del Congreso.
El diputado por el distrito de Sahagún, Lesmes Franco del Corral, hace en el Congreso de los Diputados (julio de 1869) un llamamiento al ministro de Hacienda para que no obligue al Ayuntamiento a proceder de un modo ejecutivo contra los vecinos de Sahagún por la imposibilidad de hacer efectivo el pago de impuestos, ante la precariedad y el empobrecimiento de aquellos. Añade también que la desobediencia y los disturbios que esta medida generaría pondrían en peligro la revolución y las libertades conquistadas en septiembre de 1868. El propio alcalde de Sahagún, Santiago Flórez* [hermano de mis trastatarabuelas Nicanora y Máxima Flórez Herques], reconoce la angustiosa situación del Consistorio causada por la pérdida de cosechas y la resistencia al pago de arbitrios, razón por la cual ha tenido que suprimir los serenos y algún alguacil. El mismo diputado, Franco del Corral, pide a las Cortes en 1870 que se emprendan obras que den trabajo a los braceros de Sahagún, Villaverde de Arcayos, Villaselán, Villamartín, Cea, Sahelices y Villamol ante la gran miseria que reina en la comarca».
De todo ello se desprende la gran preocupación que siempre demostraron por el ámbito municipal y por la situación de las entidades locales y de las depauperadas arcas de las haciendas locales. No hay que olvidar la difícil situación por la que atravesó el Régimen Local durante el siglo XIX y hasta prácticamente el Estatuto Municipal de 1924 y el Estatuto Provincial de 1925 de José Calvo Sotelo y que seguiría perdurando hasta la actualidad pese a instrumentos jurídicamente vinculantes como la Carta Europea de la Autonomía Local de 1985 para el fortalecimiento de las estructuras municipales y provinciales. Como se ha visto antes, mi bisabuelo Pepe [José del Corral y Herrero] también fue diputado provincial de León por el distrito de Sahagún, y un tío carnal suyo -hermano de Lucinio del Corral Flórez-, Constancio del Corral Flórez, maestro y contratista de carreteras que estuvo establecido en Palencia con un almacén de coloniales, fue también concejal republicano de Sahagún en 1913. A lo que se suma el trabajo como funcionarios -de las corporaciones locales- de mi abuelo materno Agustín del Corral Llamas y de mi madre Ana Isabel del Corral Romero en el ayuntamiento y en la diputación de Palencia, respectivamente.
Por cierto, Lesmes Franco del Corral estuvo muy relacionado con Germán Gamazo, liberal en lo político y conservador y proteccionista en lo económico (especialmente cuando se trataba del trigo y cereal de Castilla frente al producto extranjero) -situado en el ala derecha del liberalismo- y cuñado de Antonio Maura. Por su parte, su hijo Modesto Franco Flórez del Corral estaba vinculado a Fernando Merino Villarino, yerno de Sagasta y ministro de la Gobernación con José Canalejas, es decir, estuvieron estrechamente ligados a las élites castellanas de la Restauración.
*[Nota: Santiago Flórez Herques, hermano de mis trastatarabuelas Nicanora y Máxima Flórez Herques, estuvo vinculado y fue seguidor del republicano moderado y centralista Nicolás Salmerón, íntimamente ligado al Krausismo y a la Institución Libre de Enseñanza -al igual que Gumersindo de Azcárate-. Salmerón llegó a ser uno de los cuatro presidentes de la I República (1873-1874) aunque dimitió tras mes y medio alegando su negativa a firmar las condenas a muerte de unos militares colaboracionistas con el cantonalismo].
Por su parte, mi antepasado directo Juan Antonio del Corral y de Mier (padre de mi trastatarabuelo José del Corral Pérez, como ya se ha dicho) era hijo de Francisco Antonio del Corral y Soberón, quien, pese a no ser militar, hubo de hacer de guerrillero durante la ocupación francesa (Guerra de la Independencia, aunque más bien fue ‘de liberación’) y alcanzó el grado de coronel (recibiría la condecoración, Cruz de Distinción, que le otorgaría el rey Fernando VII en 1815). No obstante, fue -como su hijo- un liberal y, de hecho, fue uno de los compradores que se enriquecieron con los procesos desamortizadores del siglo XIX, adquiriendo múltiples propiedades que le serían devueltas solo tras la década ominosa del rey felón Fernando VII. Como se ha adelantado en líneas precedentes, Francisco Antonio del Corral y Soberón era hijo del hidalgo Manuel Gregorio del Corral y Soberón (1728-1792), natural de Castro (Liébana) y nieto del hidalgo Félix del Corral y de la Bárcena (1692-1774), natural de Colio (Liébana), y este último, a su vez, era hijo de Toribio del Corral y de la Riega y de Catalina de la Bárcena. Francisco Antonio del Corral y Soberón contrajo matrimonio con Phelipa de Mier y Bustamante, natural de Potes, el 5 de junio de 1782 en la iglesia de San Martín de Potes (Cantabria) tal como aparece reflejado en el Archivo Histórico de Potes.
Un hijo de Félix del Corral y de la Bárcena y de Manuela González de Soberón y, por tanto, hermano de Manuel Gregorio del Corral y Soberón y tío de Francisco Antonio del Corral y Soberón fue: Agustín del Corral y Soberón. Este Agustín del Corral y Soberón, natural de Castro (Liébana), obispado de Palencia, provincia de Liébana Montañas de Burgos fue un criado (no doméstico, sino en el sentido de una especie de secretario, conviene recordar que era hidalgo, y por tanto, noble) del ministro del Tribunal de la Inquisición de México Valerio Sánchez de Oceño tal y como aparece en su expediente de información y licencia de pasajero a Indias con fecha de 18 de octubre de 1753 (18/10/1753). Se define a este Agustín del Corral y Soberón como hombre de veintidós años de edad, alto delgado color trigueño y ojos pardos y se acredita también su estado de libertad y su naturaleza de limpieza de sangre. Fuente: «Pasajeros a Indias de Liébana y sus valles circundantes 1503-1790 según la documentación del Archivo General de Indias. José María González-Cotera Guerra (marzo 2005)».
Por cierto, tanto Félix del Corral y de la Bárcena (1692-1774) como su padre, Toribio del Corral y de la Riega (1652 aprox.) nacieron en Colio (Cillorigo de Liébana). Pues bien, en este lugar se creó tiempo después, durante la Guerra de la Independencia, la academia de caballería de los Húsares de Cantabria para luchar contra el invasor francés. Hoy perdura, en aquel viejo caserón, una preciosa portalada de la que fue, en realidad, la portada de entrada a la finca que sirvió como escuela de oficiales, transformada ahora en alojamiento rural. De acuerdo con la disposición del 1 de marzo de 1811, por la que cada Ejército debía crear su propia escuela de oficiales, Juan José González de la Riva, coronel de caballería y VI marqués de Villalcázar -junto con Juan Díaz Porlier– funda la propia para la unidad de caballería en la localidad cántabra de Colio, de la que salieron multitud de mandos para la división y los húsares, perdiendo muchos de ellos la vida aun antes de acabar su formación. Los Húsares de Cantabria fueron una unidad de caballería de corta pero intensa vida llena de acciones señaladas, siendo el núcleo más movido e incisivo de la División Cántabra.

Por otro lado, en la localidad cántabra de Dobres, perteneciente al municipio de Vega de Liébana, que está declarado Conjunto Histórico por su interés urbanístico y etnográfico, puede verse una interesante casa blasonada. Esta casona blasonada presenta, a la altura de las ventanas del primer piso, tres piedras armeras de los apellidos Bedoya, Corral y Salceda (de izquierda a derecha). Este último tiene la inscripción «El montañés más valiente/ que con su espada lucida/ al moro quitó la vida/ y se libró de la muerte». En otra casona también hay un escudo de los Salceda con el mismo lema. Respecto del apellido Corral, se trata del blasón de mi escudo heráldico y, por tanto, perteneciente a mi rama y linaje, el mismo escudo de armas que podemos ver en la Casona de San Benito de Sahagún, sita en la avenida Doctores Bermejo y Calderón, junto al famoso arco de la villa facundina.

Se trata del mismo escudo heráldico que yo tengo tatuado en mi brazo derecho. 😉
Volviendo a Francisco Antonio del Corral y Soberón, rico hacendado y procurador general del valle de Cillorigo, padre de Juan Antonio del Corral y de Mier y, por tanto, abuelo de mi trastatarabuelo José del Corral Pérez (este último, bisabuelo de mi abuelo Agustín) y, en consecuencia, ascendiente directo mío, aprovecho para dejar un fragmento extraído de un trabajo donde se habla de su participación durante la Guerra de la Independencia como guerrillero contra el invasor francés y cómo, pese a no ser militar, fue nombrado comandante (por Juan Díaz Porlier) y teniente coronel honorario (por Gabriel de Mendizábal) por sus heroicas actuaciones y honrado patriotismo comandando la milicia de su valle (Cillorigo de Liébana). Dicho grado le fue confirmado en 1815 (sin sueldo, que no pedía por tener holgado mantenimiento, pero con uso de uniforme) junto a una «Cruz de Distinción».
Fragmento donde se habla de Francisco Antonio del Corral y Soberón (una página)
El artículo entero (14 páginas cuyo autor es el doctor en Historia por la Universidad de Cantabria y experto en Historia militar Rafael Palacio Ramos) puede verse en el siguiente enlace: LAS MILICIAS HONRADAS DE LIÉBANA DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
Asimismo cabría señalar que en Sahagún los Corral también tenían parentesco con los Calderón Miguel, una de cuyas hijas, Josefa (Pepa), fue la esposa del afamado militar y catedrático de Filosofía del Derecho Emilio Serrano Villafañe, que fue jurídico militar. Doctor en Derecho con la tesis titulada Los principios fundamentales de la escuela española de derecho natural en la filosofía jurídica de Fr. Miguel Bartolomé Salón (1539-1622.), fue profesor encargado de la cátedra de Derecho Natural durante bastantes años, personalidad interesantísima con una intensa labor intelectual en defensa del iusnaturalismo sobre el positivismo jurídico pues considera que este último, necesario, ha de estar subordinado al Derecho Natural. Especialmente interesante es su trabajo Funciones del Derecho en la sociedad cambiante de nuestros días, donde menciona a Juan Bautista Vico, quien veía en el Derecho y en el lenguaje los testimonios inconscientes de la sabiduría de los pueblos y, además, la evolución de las instituciones las encuentra precisamente en el Derecho y en la Filología. Es más, cabría hablar incluso de cierta visión funcional en su perspectiva de la Filosofía del Derecho merced a la especial importancia que concede al ámbito social. Mi madre, especialmente durante su juventud, tuvo estrecha relación con la hija de este: Mari Carmen Serrano Calderón.
Una pequeña parte mi árbol genealógico con antepasados de noble linaje

Como es muy posible que la lectura haya resultado un tanto liosa, farragosa o alambicada, sobre todo, por la dificultad que entraña intentar ubicar genealógicamente a los distintos familiares, parientes o antepasados que he ido mencionando, procedo a publicar (aunque no estén totalmente completos) los árboles genealógicos de mi abuelo materno: Agustín del Corral Llamas; de mi bisabuelo: José del Corral y Herrero; de mi tatarabuelo: Lucinio del Corral Flórez y del abuelo de mi tatarabuelo: Juan Antonio del Corral y de Mier. 😉




Por último, voy a hablar de otro pariente, en esta ocasión un Flórez, de Lorenzo Flórez, del cual escribieron en una publicación de Sahagún llamada Tierra Camala, revista gratuita mensual de la Comarca de Sahagún que uno de los días en que mi madre y yo fuimos a Sahagún me enseñaron unos primos de mi abuelo. Se trata de un artículo de Félix Pacho Reyero (lo que aparece entre corchetes son aclaraciones o comentarios míos):
El último señorito de estos pagos
Félix Pacho Reyero – Calzadilla de los Hermanillos.

De pequeño, yo tenía muchas ganas de ver a un señorito, porque en el pueblo no los había. No, no había señoritos en mi Tierra de Cantos, la que va de Villacintor a Santa Cristina de Valmadrigal. No había, quiero decir, señoritos en Calzadilla. Los títulos más altos que, de mala gana desde luego, se otorgaban por allí eran apenas el de “señor” cura y el de “señor” maestro, y a este último se le despojaba con frecuencia del “señor” y del “don” o se le ponía algún mote. El señoritismo andaba ligado más bien a la tenencia múltiple y profunda de la tierra. Quizás fuera señorito el último Marqués de Villasante, señor de Calzadilla, pero, a comienzos del siglo XX, los vecinos le compraron toda su “fincalidad” y lo despidieron de mala manera.
A mi tío Fermín Reyero sí le oí hablar de señoritos. Él era mayordomo, capataz, guardián o administrador de la finca de Valdelocajos, propiedad de los Castañón Albertos, una familia de señoritos que vivían en Madrid: “Búscame tres o cuatro ojeadores que pisen bien los bardos, porque vendrá a cazar el señorito Guillermo y unos amigos”… encargaba mi tío a su hermano, a mi abuelo Félix, que era el maestro y tendero del pueblo. También se hablaba de los señoritos Estévez y Eguiagaray, dueños de los montes y labrantíos de Mahudes, donde, lindando con Gordaliza y Valdespino Vaca, los obreros hacían parvas humeantes de carbón vegetal y hogueras fugaces de cisco para los braseros, o de los señoritos Mijares, del caserío de San Esteban, junto a la ermita de la Virgen de Perlas (Bercianos del Camino). Cuando bien entrada la noche y para evitar las escaramuzas del estraperlo, podía arrancar el molino de Villamizar, el herrero del lugar, mi pariente Agustín Barreales, llamaba con la manivela telefónica al salto de agua de Gradefes (“Venga, Felipe, manda la fuerza”) y tranquilizaba a todos, molinero y labradores, porque sabía de buena tinta que la Guardia Civil de Almanza o de El Burgo Ranero había comenzado a cenar, sin prisas, con los señoritos Martínez de Azcoitia [de estos descendía Ramón Herrero Moro, que fue novio de mi madre -Ana I. del Corral Romero-, ya que su padre era Guillermo Herrero Martínez de Azcoitia, que fue presidente de la Diputación de Palencia durante el franquismo aunque luego uno de sus hijos, hermano del que fuera novio de mi madre Ramón, Jaime Herrero Moro fue concejal del PSOE; la madre era Inesita Moro Ribalaygua, de ahí que mi madre llegara a visitar en su juventud la fantástica casa de la Quinta Ribalaygua en la avenida Reina Victoria de Santander con preciosas vistas al Cantábrico], los amos de la dehesa de Valdellán, que hoy cría toros bravos. Asimismo los profesionales de los pueblos (médicos, veterinarios, boticarios, etcétera…) y los ricos de Sahagún eran tratados de señoritos por criadas y jornaleros malparados.
Pero aquel niño nada pacato sino más bien terco y peleón que fui no pudo ver a ningún señorito. Yo pensaba que el señorito sería una cosa tan de pitiminí, tan pinturera y frágil como la porcelana que trajo de China un misionero de la familia. Más tarde, cuando la vida me dio discernimiento y uso de razón, conocí a muchos de los que había oído hablar como de señoritos. La mayoría de ellos de señoritos no tenían nada y de señores muy pocos. Con la visa de oro, billete sobre billete o a cuenta de la empresa (qué más da), ni siquiera conocieron cincuenta países, no se hospedaron en veinte de los hoteles más exclusivos del mundo ni comieron nunca en los treinta y pico mejores restaurantes de España. Unos pobretones, qué leche.
Siempre hay, empero, excepciones. [Y aquí llega ahora mi pariente, y su historia] He conocido al señorito Lorenzo, a Lorenzo Flórez del Corral, el “señorito de Trianos”, un auténtico señorito. El último señorito de por aquí, que llenó de aventuras y buen humor la primera mitad del siglo XX. Sus ancestros arrancan de familias del norte de Europa venidas a España para dirigir fábricas de paños en el XVIII [se refiere en este caso a los Flórez, vinculados a los Herques, recordemos que los Corral son de ascendencia lebaniega]. Lorenzo era nieto de Pablo Flórez Herques, el mayor contribuyente de la provincia de León en buena parte del siglo XIX, sahagunés liberal y filántropo, padre de una prole numerosa en la que
abundaron mujeres de santidad como Flora Flórez (que hoy tiene calle en Sahagún) y labradores descreídos que levantaron, junto a la capilla responsorial del cementerio de Sahagún, el panteón masónico conocido como “Sepulcro del Diablo”. Sobre mármol de Carrara, este sepulcro muestra un reloj de arena en el vientre de un murciélago.
El más famoso de los Herques y el que dio origen a una larga saga fue Pablo, hijo de Juan Gerardo Herkes, que había nacido en Südlohm (Westfalia), y de Catalina Reynhart, originaria de Ámsterdam.
Lorenzo Flórez del Corral, a quien han conocido muchos sahagunenses que viven y colean, era millonario, republicano, jovial y castizo. Nada engreído ni pijoprogre ni devoto de Nuestra Señora del Puño Cerrado. [He ahí mis orígenes y ese talante desprendido y generoso que heredó mi abuelo y esa total ausencia de engreimiento, pretenciosa chulería o vanidosa soberbia fanfarrona que también detestaba mi abuelo y detestábamos sobre todo mi madre y yo, y que, sin embargo, era más frecuente en otros personajes esnobs, empingorotados, tiesos y estirados, exasperantemente irritantes o malcriados. Y es que los señoritos de verdad y gente con clase nunca hacen gala de esa afectación, sectarismo, elitismo, presuntuosidad o vanidad que tanto gusta a algunos. Mis antepasados, al igual que después mi abuelo y mi madre, aun viniendo de familias muy acomodadas o de elevada posición social –aunque ningún dinero ni posesión, absolutamente ninguna, acabaría llegando a nuestras manos– eran las personas más sencillas, campechanas y cercanas que quepa imaginarse. Como debe ser. Y bien orgulloso que me siento de ello.] Lorenzo Flórez del Corral tenía costumbre de ir a Madrid para los toros de San Isidro. Y por todo lo alto: Hotel equivalente al actual de cinco estrellas, restaurante de lujo, cadena gorda de oro al bolsillo del chaleco, sombrero de ala ancha, barrera de sombra en la plaza de Las Ventas con habano de primera, tertulia importante de torería y cabaré de tronío hasta el alba. En el cabaré conoció a una preciosa corista panameña, Mari Luz Fernández Quijano, de la que, bien talludito, se enamoró perdidamente y que llegó a ser su esposa amante y ejemplar con empadronamiento en los restos del ex convento dominicano de Trianos. [Ahí se ve también la ausencia de rancio puritanismo de Lorenzo Flórez como revela el hecho de que fuera habitual de cabarés o que incluso estuviera íntimamente vinculado con una buena corista]. El matrimonio de Lorenzo y la corista no tuvo descendencia. Así, sin hijos ni cavijos, el marido jamás regateó a la esposa cualquiera de sus caprichos, que no eran pocos ni baratos, igual una orquídea o una vara de nardos que un diamante. En cierta ocasión, Mari Luz hizo parar súbitamente el descapotable (descapotable en aquellos tiempos, madre mía) a Lorenzo junto a la torre del reloj de
Sahagún para que él le regalara una vaca dorada (las demás eran pías) que Félix Luna “El Paramés” llevaba a dar agua en la presa. Por distraer a Mari Luz de la soledad de “Trianos”, Lorenzo montaba cuchipandas y saraos con invitados de copete unas veces y con estudiantes bulliciosos otras, si bien nunca trascendió un escándalo ni se oyó que la juerga saliera más allá de los muros ruinosos de la abadía.
Lorenzo Flórez del Corral: He ahí, pues, el último señorito felizmente reinante de estos pagos de Sahagún y del Cea. Tenía dinero y sabía gastarlo, sin miramientos de ninguna clase ni desposición especial por los herederos [ya que, a diferencia de otros, este pariente no tuvo hijos].
Lo inserto entre corchetes es de mi cosecha, pero el artículo, vuelvo a remarcar, fue escrito por Félix Pacho Reyero. Como se ve, los Flórez (en cuya familia parece evidente una clara filiación masónica al menos entre algunos de sus miembros, aunque difícil de probar debido al carácter secreto de la masonería) nos emparenta con los Herques, familia también célebre en la comarca. En ese artículo se menciona a la parienta Flora Flórez, calificada como mujer de santidad, que hoy da nombre a una calle de la villa de Sahagún y que fue una gran benefactora muy conocida por sus donaciones. Por ejemplo, el 29 de agosto de 1927 El Heraldo de Madrid se hacía eco de una donación de sus terrenos para la construcción de un edificio destinado a colegio de primera y segunda enseñanza.

Para leer también sobre la desamortización o sobre el proyecto de cooperativa bodeguera de Sahagún y su vinculación con los «Del Corral» se puede echar un vistazo a algunas entradas del blog de Modesto Celada Vaquero. 😉
La bodega cooperativa de Sahagún
Finalmente, y aunque existen diversas ramas dentro de los «Corral«, muchas de ellas emergen de un mismo tronco o se hallan vinculadas mediante parentescos de un modo u otro y así cabe hablar también de los llamados «Corrales de Valladolid» y de un antepasado, más remoto si cabe que los ya citados, y bastante célebre como es el caso de don Diego del Corral y Arellano, que fue inmortalizado por Diego de Velázquez y cuyo cuadro puede visitarse en el Museo del Prado (Madrid) pues fue generosamente donado por la Duquesa de Villahermosa. 😉

Asimismo, dentro de mi tronco de los Corral, parece clara la conexión con el I conde de Ribadeo, título nobiliario creado en 1431 por Juan II de Castilla a favor de Rodrigo de Villandrando ya que este célebre guerrero castellano era hijo de Pedro García de Villandrando y de Aldonza (según otras fuentes Inés) del Corral. De hecho, su hermano Pedro del Corral, escritor (autor de la Crónica del rey Rodrigo), empleó el apellido materno: Del Corral. Y el escudo de armas de Rodrigo de Villandrando con los castillos y la luna jaquelada en dos de sus cuarteles se corresponde bastante, en sus elementos, con uno de los escudos heráldicos de mi rama genealógica de los Del Corral.
En la fotografía final que sigue a estas líneas se puede ver a mi perro Karim delante del escudo heráldico con las armas de la familia DEL CORRAL, a las puertas de la imponente Casa-Palacio-Museo de San Benito, que se erige sobre las antiguas ruinas de lo que fue el monasterio cluniacense -uno de los más importantes de la época medieval-, en la villa de Sahagún. 😉

La CASONA DE «SAN BENITO» pertenece a Leonor del Corral Herrero, casada con Toni Méndez Cancelos, padres del músico Pete Méndez del Corral. Leonor es hija de Julio del Corral Font, quien era hijo de Florentino del Corral Franco (abogado), quien era hijo de Ignacio del Corral Pérez, hermano de mi trastatarabuelo José del Corral Pérez (a su vez padre de mi tatarabuelo Lucinio, abuelo de mi bisabuelo Pepe, bisabuelo de mi abuelo Agustín y tatarabuelo de mi madre, Ana Isabel del Corral Romero).
ACTUALIZACIÓN: Léase la siguiente noticia pinchando en el enlace 😉
Como puede verse en la noticia, se trata del antepasado directo mío citado en líneas precedentes, Juan Antonio del Corral y de Mier. El sarcófago del que se habla es también el mencionado anteriormente y cuyo último propietario fue mi tatarabuelo Lucinio del Corral Flórez.
Como dicho sarcófago debía de estar en el cementerio de Sahagún a merced de las inclemencias del tiempo, parece ser que el ayuntamiento publicó en los años 80 o 90 un edicto y también un anuncio en el BOCYL y como ningún familiar o heredero legítimo lo reclamó, se lo apropió el ayuntamiento. En fin, pasó a ser propiedad municipal por prescripción adquisitiva o usucapión. Cabe decir que yo por aquel entonces o ni había nacido o era muy pequeño; mi madre estaría en La Coruña o Toledo sometida al terrorista doméstico de mi progenitor, y supongo que mi abuelo, que vivía en Palencia, ni se enteró de ello.
El problema es que ese sarcófago (procedente del monasterio de Trianos, propiedad de mi tatarabuelo) tenía los restos del abuelo de mi tatarabuelo, los exhumaron sin decir nada (profanación) –pues los anuncios publicados hablaban de la existencia del sepulcro, pero en ningún caso de la intención de exhumar los restos de su interior- y ahora no se sabe dónde están. Y todo ello a pesar de que un arqueólogo fue testigo de dicha exhumación –y, de hecho, quedó impactado al ver cómo salían roedores de las cuencas de los ojos del cadáver-. La Junta de Castilla y León afirma que se depositaron en una urna siguiendo los protocolos correspondientes, pero el ayuntamiento de Sahagún lo niega y no se sabe dónde están. Parece algo demencial. Incomprensible, ilógico y difícilmente aceptable. Una vez más, las administraciones incurren en prácticas deleznables. Igual que cuando la DANA de Valencia en que se tiraron los trastos a la cabeza unos a otros (que si el mandarín de la comunidad andaba de comida en El Ventorro, y que si el otro, el inquilino monclovita, decía cínicamente aquello de que “si necesitan ayuda, que la pidan”) o con los incendios que asolaron tierras gallegas y castellanoleonesas ante la inacción de las administraciones y su nula asunción de responsabilidades. Pues aquí, una vez más, volvemos a asistir a lo mismo.
Unos parientes de Sahagún (Toni y su esposa Leonor del Corral, nieta de Florentino del Corral Franco, primo carnal de mi tatarabuelo Lucinio del Corral Flórez) intentaron gestionar el asunto buscando respuestas, con infructuoso resultado. Sea como fuere, ese bello sarcófago gótico del siglo XIII tuvo por ocupantes a reyes como Alfonso VI, y en el siglo XIX y XX fue ocupado por mi antepasado Juan Antonio del Corral y de Mier, cuyos restos se exhumaron y hoy (supuestamente) nadie sabe dónde fueron a parar. Sencillamente inexplicable. Y lamentable. Dicho esto, bien podía la villa de Sahagún reconocer su figura como uno de los mayores contribuyentes de León, diputado liberal que hizo frente al carlismo y que llegaría a ser alcalde de dicha villa durante el bienio progresista de 1854-1856, muy ligado al general Baldomero Espartero. Así es la historia de España, una de las personalidades más relevantes de Sahagún –y de León- durante el siglo XIX y de cuyos restos hoy se desconoce su paradero. Quizá algún día las administraciones reflexionen sobre su proceder y se animen a saldar las deudas o cuando menos a reparar las afrentas de las que fueron partícipes e incluso tristemente lúgubres protagonistas.





























BLOG DE LENGUA ESPAÑOLA
FUNDÉU (Fundación del Español Urgente)
Gramática de la Lengua Española (1994), Emilio Alarcos.
Grupo Sincom
Salvador Gutiérrez Ordóñez – Sitio web