Anecdotario

Esta sección simplemente tendrá algunas anécdotas que quizá por curiosas puedan resultar interesantes. 😉

Mi primera aparición pública en los medios… ¡¡¡con dos años!!!

Como anécdota contaré mi primera aparición pública en un periódico y, por ende, en un medio de comunicación. Fue en El Ideal Gallego y es que de pequeño me decían que yo era un niño de anuncio. No es algo que a mí me produjera ninguna sensación especial pues parece que a todos los niños pequeños se les dicen cosas similares. En mi caso sí que se produjo con cierta reiteración, incluso en un banco, teniendo algunos años más, me hablaron de la posibilidad de que yo publicitara su entidad. Quizá fue una mera lisonja. No lo sé. El caso es que, en 1990, con solo 2 años (faltaban justo 6 días para que los cumpliera), aparecí en ese periódico y no por ninguna noticia o hecho relevante que hubiera acontecido, sino porque mi tierna personita cautivó a un fotógrafo de ese diario. Aparezco de espaldas, pero volviendo el rostro hacia una señora mayor, una viejecita que está pidiendo (limosna) en la calle. La verdad es que yo siempre he sido un observador nato del mundo que me rodea, quizá por ello me ha apasionado la lingüística y la comunicación en general, al fin y al cabo, los filólogos, gramáticos, lingüistas o expertos en Comunicación no son –o no somos- sino agudos observadores del uso que de un idioma hacen los hablantes en un determinado momento o a lo largo del tiempo. Lo observamos cuando leemos lo que la gente escribe y lo “observamos” cuando escuchamos hablar a esa misma gente y de ahí sacamos conclusiones de las distintas formas de hablar, de en qué estratos sociales o zonas geográficas se producen, y de ahí que según el grado de aceptación la RAE vaya admitiendo o censurando unos u otros usos. Nada hay más democrático que la lengua…

Tan observador era yo ya desde pequeño que cuando estaba metido en el parque, ese rectángulo acotado o pequeño recinto protegido de diversas formas donde se deja a los niños que aún no andan –o mejor dicho en mi caso que están dando sus primeros pasos- para que jueguen, y no dormía, siempre estaba mirando a mi alrededor, ya fuera sentado o a gatas, a cuatro patas, levantando mucho la cabeza, estirando todo lo que podía mi pequeño cuello y abriendo de par en par mis ojos, de ahí que mi madre me llamase cariñosamente “el maquinista”.

Así que, en efecto, mi primera aparición pública se produjo en un medio gallego, en La Coruña, mi ciudad de nacimiento, aunque, como saben todos los que me conocen, y dado que con apenas cuatro o cinco años partí a Toledo y, posteriormente, a Palencia, me siento esencialmente castellano.

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Como la enorme foto de esa página no se entendería por sí sola, el perspicaz fotógrafo o periodista escribe en una columna lo que le motivó a realizar primero y publicar después esa foto que, evidentemente, ni mi madre ni yo supimos que se había producido –fue un “robado” como dicen ahora en esas publicaciones del mundo del colorín- hasta que salió publicada, así que aprovecho para transcribir íntegramente lo que plasmó ese periodista en El Ideal Gallego con mi foto a los 2 años y lo impactante que ya debía de resultar mi forma de ser o de mirar, una profunda mirada que muchos destacan, ya sea porque infunda respeto o ternura, ya sea porque refleje madurez o sufrimiento por lo padecido. La columna que adjuntó a aquella foto aquel sagaz reportero decía así:

El Ideal Gallego, domingo 11 de marzo de 1990    LA CORUÑA                        17

                                                            Sucedió ayer

 Inocencia y vejez: dos mundos que se cruzan simplemente con una mirada

Difícil disyuntiva se plantea muchas veces a los ciudadanos cuando ven a un mendigo, y especialmente a una persona mayor, pidiendo.

            Cómo saber si realmente lo necesita o por el contrario, quizás por costumbre o bien por tacañería, mendiga, a pesar de tener varios millones guardados en el colchón, como sucedió haces unos años con una viejecita a las que después de su muerte, se encontró suficiente dinero como para vivir dignamente.

            Esta disyuntiva se plantea muy difícil cuando el mendigo es una persona mayor. Uno empieza a pensar que eso mismo puede pasar a él, por circunstancias de la vida, y acaba dando el dinero.

            Por el contrario, otras veces se recurre a la aparente indiferencia, como en el caso de la foto, y de esta forma uno ni siquiera tiene que decidir. Si no la veo, no me dará pena, puede que piense más de uno.

            Así las cosas no queda más remedio que sea la propia conciencia de cada uno la que decida si realmente creemos oportuno o no dar la limosna. O si no recurrir a la inocencia de un niño, que de forma tierna cruza su mirada con una mendiga, que solo con sus ojos desborda piedad. En esta ocasión que el niño de la foto decida.

                                                                                                      F.J. TORRECILLA

[El texto lo transcribo corregido ya que el periodista unió la conjunción condicional “si” y el adverbio de negación “no” como si se tratara de la conjunción adversativa “sino”, error que aun frecuente no deja de ser disparatado].

La página de ese periódico la tenían mis yayos en casa, tenían dos para ser exactos y por eso yo las conservo. Una está pegada en un bloc o cuaderno grande donde mi yaya, a la que le encantaba escribir diarios o recoger efemérides –era una voraz lectora y gran escritora que de haber estudiado más hubiera sido muy apta para el mundo de las letras-, la colocó con orgullo. La otra está en uno de los álbumes de fotos dedicados a mi personita que elaboró mi abuelo materno, el yayo. Mi abuelo tenía un humor desbordante y usó cuatro álbumes para poner todas las fotos que me realizaba o que le enviaban donde yo era el protagonista y tal era el ingenio de mi yayo que a cada foto acompañaba un pequeño escrito, una especie de pie de foto que él mismo escribía a mano simulando que era yo el que eso redactaba, decía o pensaba. Era como si fuera la voz en off, lo que hace por ejemplo Carlos Hipólito cuando le escuchamos de narrador en la serie Cuéntame cómo pasó haciendo de Carlos Alcántara de mayor –de adulto- o como hizo Moncho Borrajo dando voz a los pensamientos del bebé de la famosa película Mira quién habla. 😛

[Por cierto, Moncho Borrajo le improvisó una especie de poema a mi madre cuando asistió a un espectáculo suyo estando embarazada ¡precisamente de mí!]. La gracia y chispa de mi abuelo era inconmensurable y su amor hacia mí igualmente incomparable y disfrutaba muchísimo haciendo cosas como esta, viendo mis fotos e ideando un pequeño texto según lo que cada foto le transmitiese, siempre con muchísima gracia.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMi abuelo puso con humor en aquella ocasión a modo de pie de foto, de mi foto (no la que aparece junto a este texto, sino para la del periódico): “Mi primera aparición en la Vida Pública. ¡Menudo lío! Cuando aún no tengo 2 años me toca ya decidir si hay que dar o no una limosna a la viejita que pide a las “señoras” que van delante de mí. Yo la miro y creo que se la hubiera dado, pero no tenía suelto”.

Curiosidades de mis antepasados

Algunos ya sabrán de mis antepasados y de la vinculación de los “Corral” de Sahagún (Tierra de campos) y de Liébana (comarca histórica de Cantabria) con otros importantes linajes ya que los Corral emparentaron por lazos familiares con los Flórez, con los Herques, con los Franco, con los Azcárate, con los Cossío, con los Font (Julio Font, de procedencia barcelonesa, nació en Madrid pero su padre José Antonio Font y Carbonell compra en la desamortización los Monasterios de Trianos, la Peregrina y el Monasterio de San Benito que es donde edifica su casa sobre las ruinas), e incluso con los menos conocidos Estefanía, uno de cuyos miembros fue encarcelado por Napoleón en un castillo en Francia y, al parecer, se escapó bajando con una sábana con su carcelero y, posteriormente, ya en España, con las manos ensangrentadas, sería agasajado y condecorado por el rey.

Asimismo, mis antepasados familiares también se hallarían estrechamente vinculados con distintas sagas de intelectuales muy relevantes en sus respectivas épocas, como la de los filósofos Azcárate (antes citados) o la de los Panero, poetas imprescindibles de nuestra literatura del siglo XX y con una historia y trayectoria vital que a nadie deja indiferente. ¡Hasta el notario de mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez resultaría ser el hermano del célebre Ramón Mª del Valle-Inclán! Anécdotas histórico-familiares sencillamente deliciosas. 🙂

Pero, por empezar por el principio, mi madre, Ana I. del Corral Romero (fallecida en 2013), fue la única hija de Agustín del Corral Llamas (profesor mercantil, 16/09/1923 Sahagún, León – 01/11/2003, Palencia), mi abuelo materno, y de Marina Romero García (12/09/1927, Corrales, Zamora – 26/06/2004, Palencia), mi abuela materna.

anaisabeldelcorralromerodejovenMi madre fue el pilar fundamental de mi vida y nuestro vínculo era tan intenso como indescriptible merced a todo lo que vivimos: el salvaje maltrato por parte de mi progenitor, la muerte de mis hermanos Joaquín José (1986) y David (1990) al poco de nacer, la problemática de mi hermano Alberto (1992-2010), hemipléjico y con parálisis cerebral, y su fallecimiento en 2010 a los 17 años, el cáncer y la ciática de mi abuelo (fallecido en 2003) o la terrible enfermedad neurodegenerativa de mi abuela (fallecida en 2004). A pesar de todo, mi madre y yo disfrutamos muchísimo y pasamos momentos magníficos, maravillosos, increíblemente mágicos y repletos de sentido del humor y desbordante felicidad hasta que un cáncer anaplásico de tiroides -que solo afecta al 1% de la población mundial- se la llevó en 2013 tras unos meses de estoica lucha en que yo ejercí de enfermero (cambiándole la cánula de la traqueotomía, dándole de comer por sonda nasogástrica, etc.), algo de lo que me siento orgullosísimo -más incluso que cuando los chavales me han agradecido cuanto he intentado enseñarles y transmitirles en las clases de Lengua (que ya es decir)-. 😉

Mi madre aparece en la foto superior con sus compañeros de curso en el primer COU mixto de maristas (Palencia). Posteriormente estudiaría un año de Ciencias Biológicas en la Universidad de Salamanca y algunas asignaturas de Derecho en la Uned, esto último ya como funcionaria de la Diputación de Palencia en la que ingresó en 1977. En su juventud simpatizó con Adolfo Suárez. En 1985 se casó, en el 88 nací yo… y seríamos víctimas de la brutal violencia doméstica por parte de mi progenitor hasta que nos libramos de él definitivamente en 1998.

Mis abuelos maternos se casaron en Palencia, en la iglesia de Nuestra Señora de la Calle. La pedida de mano fue un 18 de julio (día de santa Marina) y la boda se celebró el 28 de agosto (día de san Agustín) de 1950. Los medios de la época se hicieron eco de la noticia.

CARNET DE SOCIEDAD

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 ENLACE DEL CORRAL LLAMAS – ROMERO GARCÍA

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A las doce y media de la mañana se ha celebrado en el altar mayor de la iglesia de Nuestra Señora de la Calle, que aparecía exornado de luces y de flores, el enlace matrimonial de la bella y simpática señorita Marina Romero García y el culto y joven Profesor Mercantil de la “Academia San Luis”, don Agustín del Corral Llamas

La feliz pareja hizo su entrada en el templo a los acordes de la marcha nupcial de Mendhelson, que interpretaba con la capilla una escogida orquesta. Ella, que vestía precioso traje glasé blanco con velo tul ilusión y diadema, daba el brazo a su primo y padrino, don José Fernández Ventura, Notario de Saldaña; y él, que iba de rigurosa etiqueta, ofrecía el suyo a su madre y madrina, doña María de las Candelas Llamas. 

Bendijo la sagrada unión el muy reverendo señor Ecónomo doctor don Félix Núñez. Firmaron el acta como testigos por parte de la desposada su hermano don Ángel Romero, propietario; don José Blanco y don Vicente Fernández Durán, industrial; y por parte del novio, su padre don José del Corral Herrero, Licenciado en Ciencias; don Ángel Llamas, farmacéutico de Vitoria; don Lorenzo Flórez, propietario de León; don José Calderón, también propietario, de Sahagún, y don José García-Puente Llamas, Juez Comarcal de Amurrio (Álava). 

Los numerosos y distinguidos invitados fueron después delicadamente obsequiados con suculento banquete admirablemente servido en el Hotel Central Continental, organizándose una animadísima fiesta íntima, en la que actuó la orquesta de la mañana. 

Los ya señores Del Corral Llamas – Romero García, partieron de luna de miel, que les deseamos eterna, con dirección a Galicia, Bilbao, San Sebastián y otras capitales del norte de España. Reciban nuestra efusiva felicitación, que hacemos extensiva a sus queridas y respetables familias.

Pedro Romero Aguilar

Mi abuela Marina era hija de Pedro Romero Aguilar (en la imagen) y Ángela García Manzano. Mi abuela materna, Marina Romero García, dejó su pueblo (Corrales, Zamora) siendo muy niña para irse a Palencia donde vivían unos tíos y donde regentaban un comercio; y allí se crio con su primo –como si fueran hermanos- Pepe Fernández-Ventura, que se convertiría en reputado notario –entre otros, del conde de Barcelona, Juan de Borbón, cuando este vendió la isla gallega de Cortegada, que había sido adquirida (por suscripción popular) por Alfonso XIII-. Entre los muchos hijos de Pepe Fernández-Ventura podríamos destacar a la escritora Lourdes Fernández-Ventura Álvarez. Un hermano de mi abuela Marina, Pedro-Andrés Romero García, movilizado por el bando nacional durante la Guerra (in)Civil, cayó fusilado en la cruenta Batalla del Ebro en 1938 -con 18 años-.

Y mi abuelo Agustín del Corral Llamas era hijo de José del Corral y Herrero (1890-1970), licenciado en Ciencias Exactas, profesor y matemático -amigo de Julio Rey Pastor, el amigo de Cajal– (casado con Candelas Llamas Torbado [1894-1970]). Mi bisabuelo Pepe, José del Corral y Herrero, también fue diputado provincial por elección en la Diputación de León (por Sahagún) en el año 1930 siendo presidente Germán Gullón Núñez –padre de Ricardo Gullón– y vicepresidente José Hurtado Merino. Asimismo, mi bisabuelo Pepe también fue diputado provincial en los años 1919-1920 y 1920-1921 cuando tenía 30 años con Julio Fernández de presidente. En 1923 nació mi abuelo Agustín y hasta los años de la Guerra no fueron a Reinosa y hasta principios de los cuarenta no recalaron en Palencia, así que en esos años (1919, 1920, 1921, 1930) vivirían en Sahagún, distrito por el que fue diputado provincial de la diputación de León José del Corral y Herrero, o sea, mi bisabuelo, el padre de mi abuelo materno Agustín del Corral Llamas, padre de mi madre Ana Isabel del Corral Romero. De mi bisabuelo Pepe podemos encontrar reseñas periodísticas como las que siguen:

“LEÓN – Se inaugura una prisión en León. León 23, 11 de la mañana. En Sahagún se inauguró la nueva cárcel con asistencia del director general de Prisiones, arquitecto señor Agustí, alcalde de León, diputado provincial Sr. Corral y otras personalidades. Bendijo las obras el párroco Sr. Alejos. Después se sirvió un banquete”. (ABC).

El Imparcial, 30 de junio de 1919, Las elecciones provinciales. Diputados por el artículo 29. Distrito de Sahagún-Valencia: Don José del Corral, D. Miguel Zavera, D. Álvaro Garrido y el Sr. Saez Miera. (El Imparcial).

Su esposa fue mi bisabuela Candelas Llamas Torbado, hija del eminente médico y destacado y activo republicano Emiliano Llamas Bustamante, que fue dirigente del Partido Republicano Autónomo Leonés, y presidente del Círculo de Recreo de Sahagún (fallecido en 1928). Uno de sus hijos y, por tanto, hermano de mi bisabuela, fue el farmacéutico de Vitoria Ángel Llamas TorbadoLos hijos de Ángel Llamas Torbado fueron María Jesús, el actor Rafael y José María Llamas Olaran, estos dos emigrados a México. Este último tuvo varios hijos, entre los que destacan la actriz María Eugenia jose-angel-llamas-012_gallery_rLlamas, la periodista Mariví Llamas, María Cristina Erendira Llamas, la profesora Paty Llamas y su hermano, el famoso actor del país azteca José Ángel Llamas Olmos. Mi tatarabuelo Emiliano Llamas Bustamante tenía un hermano, Cayo Llamas Bustamante, que fue director de la sucursal del Banco de España en Santiago de Compostela y en Salamanca y cuyo hijo sería el Comandante de Caballería José Llamas del Corral (quien fue responsable del campo de San Marcos, durante la Guerra Civil española, si bien mantuvo buena relación con sus cautivos tal como atestiguaría el célebre dibujante de San Marcos). Mi bisabuela Candelas Llamas Torbado era prima carnal de María Guadalupe Máxima Torbado de las Cuevas (casada con Moisés Panero Núñez), madre de los poetas Juan Panero Torbado y Leopoldo Panero Torbado, este último padre de Juan Luis Panero, Leopoldo María Panero y José Moisés “Michi” Panero, los dos primeros también poetas y el tercero intelectual y diletante. Leopoldo Panero, durante la Guerra Civil, fue arrestado, conducido a San Marcos de León y acusado de recaudar fondos para el Socorro Rojo, y quien medió para que no le pasara nada, además de Miguel de Unamuno, fue Bonifacia Flórez -pariente de mis bisabuelos-, de Sahagún, que era prima de Carmen Polo. Eso le evitó cualquier tipo de problema.

Mi tatarabuelo Emiliano Gabriel Llamas Bustamante (al igual que su hermano Cayo) era hijo de Salvador Llamas Antón (hijo de Pedro Llamas y Francisca Antón Villagori) y de Justa Bustamante Pérez (hija de Juan Bustamante y Jacoba Pérez). Mi trastarabuelo Salvador Llamas Antón era, por tanto, hermano de Mari Cruz Llamas Antón, que se casó con el adinerado abogado Pablo Flórez Herques (hermano de mis otras trastarabuelas Nicanora Flórez Herques -madre de mi tatarabuelo Lucinio del Corral Flórez– y Máxima Flórez Herques -madre de mi tatarabuela Candelas Torbado Flórez-, que se citarán en las líneas siguientes).

Mi bisabuela Candelas Llamas Torbado, cuyo padre -como hemos dicJuan Crisóstomo Torbado Flórezho- fue Emiliano Llamas Bustamante, era hija de Candelas Torbado Flórez, hija, a su vez, de Ángel Torbado y de Máxima Flórez Herques (trastarabuelos míos), esta última hermana de mi (otra) trastarabuela Nicanora Flórez Herques -madre de mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez-. Pues bien, mi tatarabuela Candelas Torbado Flórez (esposa de Emiliano Llamas) era hermana, entre otros, del célebre arquitecto Juan Crisóstomo Torbado Flórez, nacido en Galleguillos de Campos (Sahagún) en 1867, arquitecto conservador de la Catedral de León (la Pulchra leonina), al que algunos historiadores consideran un salvador de monumentos y otros un expoliador. De lo que no cabe duda es de que fue el máximo exponente de la arquitectura leonesa: fue arquitecto diocesano, provincial y municipal capitalino y, desde estos cargos, participaría en buena parte de los proyectos impulsados por Diputación, la Diócesis de León y otros organismos de la provincia.

Mi bisabuela Candelas Llamas Torbado, además de su hermano farmacéutico antes mencionado (Ángel Llamas Torbado, con farmacia en Vitoria), tuvo más hermanos José Calderón Llamascomo Justa (de la que yo conservo una coqueta escribanía) o Carmen Llamas Torbado. Esta última estaba casada con Francisco Calderón y sus hijos fueron Mari Cruz Calderón Llamas y José Calderón Llamas. Manuel Fraga Iribarne APEste último, José Calderón Llamas, primo carnal de mi abuelo Agustín del Corral Llamas, era químico y fue diputado por la Alianza Popular de Manuel Fraga (amigo de juventud de mi abuelo) durante la legislatura 1982-1986.

Un hermano de mi bisabuelo Pepe, Nicanor del Corral (casado con Amparito Nogales, de Villada), tuvo un único hijo, José María del Corral Nogales, que hoy da nombre a una calle de Sahagún. Este primo carnal de mi abuelo, José María del Corral, hasta su muerte en los años ochenta, trabajó muy próximo a Manuel Fraga Iribarne. A Fraga le conoció personalmente de joven mi abuelo ya que el político gallego acudía a cortejar a la que sería su esposa, Carmen Estévez, cuya familia tenía finca en Sahagún, villa natal de mi abuelo materno Agustín. Este primo carnal de mi abuelo -con calle en Sahagún, José María del Corral-, cuando era mano derecha de Fraga, le ofreció a mi madre irse a Madrid con él, pero mi madre declinó y optó por quedarse en Palencia como funcionaria de la Diputación. [A pesar de la vinculación de mi abuelo materno con Fraga, mi madre fue simpatizante suarista (de Adolfo Suárez), y mi abuela materna, muy interesada en cuestiones intelectuales y de actualidad, mostraba predilección por diversas figuras como, por ejemplo, Manuel Gutiérrez Mellado].

En las fotografías superiores aparecen mi madre, Ana Isabel del Corral Romero, en la oficina de Diputación durante la etapa de la llamada Transición española y a su derecha una imagen de un cartel electoral de Adolfo Suárez, con quien mi madre simpatizó bastante. 😉

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Mi bisabuela Candelas Llamas Torbado con su cuñada Rosario del Corral y Herrero (hermana de mi bisabuelo). Ambas sentadas abajo.

Otras hermanas de mi bisabuelo Pepe (José del Corral y Herrero) fueron Rosario del Corral y Herrero (casada con un Flórez, primo suyo) y Dolores del Corral y Herrero, Lola, casada con el farmacéutico Fernando Sánchez Gómez, hombre longevo que llegó a centenario y al que yo llegué a conocer. Este Fernando Sánchez Gómez tuvo un pasado republicano de juventud –tuvo que salir huyendo durante la guerra- pero, posteriormente, acabaría simpatizando con la Alianza Popular de Manuel Fraga Iribarne. El mayor de sus hijos, Fernando Sánchez del Corral (primo de mi abuelo) fue de gran ayuda para mí ya que solía darme bastante información sobre cuestiones familiares y de mis antepasados cuando mi madre y yo acudíamos a Sahagún. Su padre, el farmacéutico Fernando Sánchez Gómez, estudió la carrera en Madrid y allí tuvo la oportunidad de conocer, entre otros, a Ramón Mª del Valle-Inclán, mente brillante, pero –según decía- con muy mal genio. Ramón Mª del Valle-Inclán era habitual visitante de la villa de Sahagún ya que allí ejercía de notario su hermano Carlos (notario de mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez, ante quien hizo testamento). Fernando Sánchez Gómez, en sus tiempos de joven estudiante en la capital, también conoció al Premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente, al que recordaba fumando puros y leyendo el periódico en el café La Granja de la calle Alcalá de Madrid.

Fernando Sánchez, Lola del Corral, Marina Romero, Agustín del Corral

En la imagen superior podemos ver al farmacéutico Fernando Sánchez Gómez (que llegó a centenario y al que yo llegué a conocer) y a su esposa, Lola del Corral y Herrero (hermana de mi bisabuelo), tíos de mi abuelo Agustín, precisamente junto a mis abuelos: Marina Romero García y Agustín del Corral Llamas (sobrino de Fernando y Lola, a la izquierda de la fotografía), con motivo de la Primera Comunión de Isabel Candelas del Corral Ruiz, prima carnal de mi madre (familia de Reinosa).

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Lucinio del Corral y Flórez

A su vez, mi bisabuelo José del Corral y Herrero era hijo de Lucinio del Corral y Flórez (1859-1937), terrateniente y emprendedor de la pujante burguesía de Sahagún (especialmente vinculado a la burguesía harinera castellana de la meseta, comisionista y almacenista de grano, dueño de bodega, fábrica de curtidos, molino de Villacelama…) que compró el castillo de Montealegre de Campos a la condesa de Añover de Tormes en 1908 aunque poco después se desprendería de él. Mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez Montealegre de Campos 09 castillo by-dpc.jpgestaba casado con su prima Dolores Herrero del Corral (hermana de una de las primeras mujeres alcaldesas de España, Candelas Herrero del Corral, alcaldesa de Castromocho, Palencia; así como de una monja con fama de santidad, sor María Josefa Herrero del Corral). Mi tatarabuela Dolores Herrero del Corral era hija del abogado de Castromocho Andrés Herrero Alegre y de Rosario del Corral Pérez (de Sahagún). Su tío paterno Crisanto Herrero Alegre fue un abogado, filósofo y político, nacido el 25 de octubre de 1828 también en Castromocho, localidad palentina de la que asimismo fue alcalde, además de diputado a Cortes por el partido Unión Liberal. Escribió numerosos artículos en periódicos y revistas sobre economía, comercio, impuestos y agricultura. De desahogada posición social, pertenecía a una familia de las más distinguidas de Tierra de Campos. También fue célebre su Discurso sobre el origen de la propiedad leído en la Universidad Central.

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La hermana de mi tatarabuela Dolores, Candelas Herrero del Corral, fue una de las primeras mujeres alcaldesas de España. Hija del acomodado abogado Andrés Herrero Alegre, su tío paterno Crisanto Herrero también fue alcalde y diputado a Cortes por la centrista Unión Liberal de Lepoldo O’Donnell.

La generosidad de mi tatarabuelo Lucinio del Corral Flórez puede verse en sus invitaciones como las que reseñaba la prensa de la época (El Día de Palencia) como aquella que decía:

“El Día de Palencia, Defensor de los derechos de Castilla (Año X Número 3017), 3 de noviembre de 1900:

Gira Escolar – Desde Sahagún. Ayer en el tren mixto de la mañana llegaron a esta villa los profesores y alumnos del colegio de segunda enseñanza “El Ángel Custodio” de Villada. En la estación esperábales el rico propietario y almacenista de granos D. Lucinio del Corral Flórez, por quien habían sido galantemente invitados para pasar el día en la rica y hermosa posesión de Trianos. […]. Al comenzar la comida se hallaba todo perfectamente dispuesto gracias a la actividad y esplendidez del señor Corral. […]. Todo cuanto pudiera apetecerse fue dispuesto por el señor Corral a disposición de sus huéspedes, a quien habrán de parecer pocos cuantos elogios se hagan  en obsequio de aquel.  No parece sino que el amigo D. Lucinio quiso establecer un perfecto paralelo entre su esplendidez y la grandeza de aquel sitio. […] Fueron finamente obsequiados por la respetable Sra. Nicanora Flórez (madre de Lucinio) y el no menos respetable D. Hipólito Flórez, en cuya casa permanecieron hasta la hora del tren correo. […] Llegada la hora pusiéronse en marcha para la estación acompañados de distinguidas personas de la villa, despidiéndose con entusiastas vivas a a D. Lucinio del Corral, de quien tantas atenciones habían recibido. Nosotros, por nuestra parte, felicitamos al Sr. Corral, a quien debemos tan grata visita, al director del Colegio, Sr. Crespo de Sobrecueva, a los cinco profesores que le acompañaban y a los alumnos todos, haciendo votos porque no sea la única vez que nos honran con su presencia. Sahagún y Noviembre 2 de 1900″.

Por cierto, su madre, o sea, mi trastarabuela Nicanora Flórez fue toda una emprendedora del siglo XIX que se embarcaba en distintas empresas, según publicaciones oficiales de la época, y ya montaba negocios a su nombre en Sahagún, incluso tuvo ciertos inconvenientes (en tiempos de Cánovas del Castillo) para instalar una empresa de fósforos en el centro de la villa facundina por posibles riesgos para la seguridad. O salía premiada en exposiciones leonesas de agricultura y ganadería adonde llevaba el buen género que sacaban sus trabajadores de las tierras. El caso es que, a pesar de que no se hablase de la liberación de la mujer hasta tiempos recientes, años sesenta del siglo XX, la verdad es que en las clases altas, las mujeres, aun estando casadas, como demuestra el hecho de las de mi familia, fueron independientes, tenían independencia económica, emprendían y montaban sus negocios y se instruían siendo mujeres muy ilustradas de la época que llegaban a estar muy reconocidas en los distintos ámbitos en que se introducían. Sirva de ejemplo también la hermana de mi tatarabuela Dolores Herrero del Corral (la mujer de Lucinio), Candelas Herrero del Corral, que fue la primera –o segunda, depende de la historiografía- alcaldesa de España, que lo fue de Castromocho, donde se asentaron los Herrero y donde nació mi bisabuelo José del Corral Herrero por deseo expreso de su madre, que era de allí.

Lucinio del Corral y Flórez tenía un talante progresista y ecléctico hasta tal punto que recibió como regalo un reloj de pared (así lo contaba Fernando Sánchez, farmacéutico y cuñado de mi bisabuelo que llegó a centenario) por parte del famoso Rogelio Herques Ibarreta, un excéntrico personaje que llegó a ser excomulgado por escribir La religión al alcance de todos, personaje calificado como “hereje y anticlerical rabioso, alto y magníficamente plantado, buen mozo, un tipo juerguista y deslenguado, disoluto, pendenciero y amante de la buena vida, generoso e independiente” y, sin embargo, con el que debió de tener buen trato mi tatarabuelo Lucinio del Corral como muestra el hecho de que le regalara el mentado reloj.

Conviene resaltar que este Rogelio Herques Ibarreta era tío-abuelo de mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez ya que su madre, la madre de Lucinio, mi trastarabuela Nicanora Flórez Herques (hija de Lorenzo Flórez Chico y Teresa Juana Catalina Herques Ibarreta) era sobrina, por parte de madre, de este pintoresco personaje que fue Rogelio Herques Ibarreta, escritor ateo y republicano que fue excomulgado por escribir La religión al alcance de todos, obra anticlerical considerada blasfema. Rogelio Herques Ibarreta acabó matando a su hermano y a su cuñada en el Casino de Montecarlo y luego se suicidó. De ahí que siempre se haya hablado de los peligrosos “genes Herques”.IMG_20210604_230149 (1)

Obviamente, Rogelio Herques Ibarreta era igualmente tío de otra trastarabuela mía, Máxima Flórez Herques, la madre de mi tatarabuela Candelas Torbado Flórez, en consecuencia, la abuela de mi bisabuela Candelas Llamas Torbado y, por tanto, bisabuela de mi yayo (abuelo materno) Agustín del Corral Llamas. Ya se sabe que en mis antepasados se repiten apellidos y se entrecruzan familias debido a la endogamia y las uniones entre primos y parientes. De hecho, mis bisabuelos Pepe y Candelas eran primos segundos (los dos eran Flórez: José del Corral Herrero Flórez del Corral y Candelas Llamas Torbado Bustamante Flórez) y mis tatarabuelos, padres de Pepe, Lucinio del Corral y Flórez y Dolores Herrero del Corral eran primos carnales, por ello mi bisabuelo -y sus descendientes- tenemos el “del Corral” dos veces. 😉 Por eso existe aquel refrán de “entre primos y parientes el amor es más ardiente” ya que la endogamia era algo muy habitual en las familias ilustradas de elevada posición social -no necesariamente aristocráticas-.

Mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez era primo carnal de D. Germán Flórez Llamas, hijo del adinerado abogado leonés Pablo Flórez Herques y María Cruz Llamas Antón. Recuérdese que la madre de mi tatarabuelo, Nicanora Flórez Herques (mi trastarabuela), perteneció a una familia de acaudalados burgueses de ideología republicana y krausista, algunos de los cuales se hallaban estrechamente vinculados a la masonería, y que se caracterizaron por su actividad social, su labor de mecenazgo, sus donaciones como grandes benefactores, especialmente de los más necesitados, y como personalidades comprometidas con la educación y la formación, además de poseer un marcado carácter filantrópico. He ahí el caso de hermanos de mi trastarabuela Nicanora Flórez Herques como el de la famosa Flora Flórez, que hoy da nombre a una calle de Sahagún o como Hipólito Flórez Herques, hacendado y muy rico labrador que fue presidente del Comité republicano de Sahagún y vinculado a la masonería, que murió soltero y parte de su herencia como la casa número 26 de la plaza Mayor de Sahagún fue cedida a perpetuidad al Ayuntamiento con la condición de que en laResultado de imagen de hipólito flórez herques citada casa se instalasen únicamente el Ayuntamiento y Juzgado Municipal con las oficinas y dependencias necesarias a uno y otro y dos Escuelas municipales, una de niños y otra de niñas con las viviendas para el maestro y la maestra dejando claro que cualquier variación que debiera introducirse en el porvenir se hiciera sin reducir en lo mas mínimo el espacio destinado a escuelas, viviendas de los maestros y patio de juego de los niños.

También cabe apuntar que mi tatarabuelo Lucinio del Corral y Flórez hizo testamento ante el notario de la villa de Sahagún Carlos del Valle-Inclán, que no era otro que el hermano del celebérrimo literato, creador del esperpento y autor de Luces de bohemia Ramón María del Valle Inclán.

Mi tatarabuelo Lucinio era hijo de José del Corral Pérez, abogado y accionista del ferrocarril, y de Nicanora Flórez Herques (otra emprendedora de la época, como ya hemos apuntado), radicados en Sahagún.

Pues bien, mi trastarabuelo José del Corral Pérez era hijo de Juan Antonio del Corral y de Mier (1796-1869), descendiente de hijosdalgo de Liébana (hijo de Francisco Antonio del Corral y Soberón, nieto de Manuel Gregorio del Corral y Soberón, bisnieto de Félix del Corral y de la Bárcena y tataranieto de Toribio del Corral y de la Riega).

El padre de mi trastarabuelo José del Corral Pérez, o sea, Juan Antonio del Corral y de Mier llegó a ser diputado nacional en las Cortes constituyentes de 1836 –durante la regencia de María Cristina- (uniendo sus votos a los de los progresistas templados como Salustiano Olózaga y Agustín de Argüelles, ambos masones) y, posteriormente, sería alcalde de Sahagún durante el bienio progresista 1854-1856. Juan Antonio del Corral y de Mier formó parte de la comisión encargada de la ley electoral. También será Juan Antonio del Corral, junto a los diputados de la provincia de León Luis de Sosa y Pascual Fernández, quien recomiende al ministro de Gobernación el nombramiento como oficial primero político del Gobierno Civil del periodista, historiador y escritor satírico Modesto Lafuente y Zamalloa pues no había duda ya de que los escritos liberales de este último eran conocidos en la provincia de León desde el 4 de abril de 1837 gracias a la publicación de Fray Gerundio a pesar de que fue crítico con la desamortización de Mendizábal. La familia del Corral fue esparterista, siempre estuvo muy vinculada al general Baldomero Espartero.

El padre de mi trastarabuelo, o sea, Juan Antonio del Corral y de Mier era hermano de la muy cristiana Antonia del Corral y de Mier, quien se casó con Ángel Salceda y no tuvieron descendencia. Antonia del Corral nació en Castro (Liébana) alrededor del año 1790. Fue una mujer muy cristiana, con grandes virtudes caritativas y benéficas. En el año 1851, siendo cura de la parroquia de San Pedro D. Santos Gutiérrez, donó la casa rectoral que está en Esanos. El padrino de su boda fue Pedro Antonio Gómez de la Cortina, hermano de Servando, conde de la Cortina, título que le concedió el rey Carlos III el 15 de Enero de 1.783.

Y este Juan Antonio del Corral y de Mier -padre de mi trastarabuelo- era primo carnal del reputado filósofo Patricio de Azcárate y del Corral (hijo de Clara Isabel del Corral y Soberón).

Patricio Azcárate del Corral fue un filósofo y político español, historiador y difusor de la filosofía moderna y meritorio traductor a la lengua española de las obras de Platón, Aristóteles y Leibniz. Gracias a la patriótica actividad de Patricio de Azcárate, entre 1871 y 1878 pudo contar el público lector, por primera vez en lengua española, con ediciones dignas de Platón, Aristóteles y Leibniz.

Y uno de los hijos de este último, de Patricio, fue el celebérrimo Gumersindo de Azcárate. Hijo de Patricio de Azcárate del Corral y de Jesusa Menéndez Morán, jurista, pensador, historiador, catedrático y político krausista​ español. Fue tío del diplomático Pablo de Azcárate. Fue miembro de la Academia de la Historia, fundador, junto a D. Francisco Fernández-Blanco y Sierra-Pambley, D. Francisco Giner de los Ríos y D. Manuel Bartolomé Cossío, de la Fundación Sierra-Pambley, de cuyo patronato fue presidente hasta su muerte, a la que hoy está muy vinculado mi admirado S. Gutiérrez Ordóñez, catedrático de Lingüística General de la ULE, académico de la RAE (y discípulo aventajado de Alarcos). Su biblioteca, donada a la Fundación Sierra-Pambley por sus sobrinos herederos, fue el origen de la Biblioteca Azcárate de León.

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Otro de los hijos de Patricio de Azcárate y del Corral fue Cayo de Azcárate Menéndez que se casó con Delfina Flórez y posteriormente con su cuñada Eulalia Flórez. Entre sus hijos y, por tanto, nietos de Patricio de Azcárate y del Corral, se encontraba Justino de Azcárate FlórezJustino de Azcárate Flórez militó en el Partido Reformista de Melquíades Álvarez. El 28 de junio de 1931 fue elegido diputado a Cortes por León por la Agrupación al Servicio de la República, que inspiraron Ortega y Gasset, Marañón y Pérez de Ayala. Fue Subsecretario del Ministerio de Justicia, siendo Fernando de los Ríos titular del departamento, en el primer Gobierno Provisional de la República. Se exilió en Venezuela, de donde fue llamado por el propio rey Juan Carlos I, quien le invitó a volver a España. Regresó en 1977, ocupando el cargo de senador por designación real en las primeras Cortes constituyentes (1977-1979) convocadas después de la muerte de Franco, y, posteriormente, fue senador de Unión de Centro Democrático (UCD) por León (1979-1982). Años más tarde desempeñó el cargo de vicepresidente del partido “Democracia Liberal”. Presidente del patronato del Museo del Prado y otras entidades culturales, le fue impuesta por el ministro Fernández Ordóñez, en nombre de S.M., la gran cruz de Isabel La Católica. Falleció en Caracas (Venezuela) el 18 de mayo de 1989.

Era hermano de Pablo de Azcárate Flórez, político, jurisconsulto, diplomático e historiador español del siglo XX. Pablo de Azcárate Flórez fue catedrático de Derecho Administrativo en las Universidades de Santiago y Granada. Comenzó su carrera diplomática en la recién formada Sociedad de Naciones, que abandonó para actuar como embajador del gobierno de la II República en Londres durante la Guerra Civil Española, lo que le obligó a exiliarse al término de la misma, perdiendo la cátedra. Ambos fueron próximos a Manuel Azaña (igual que José María Llamas Olaran, este último emigrado a México en el buque Sinaia, y que, previamente, estuvo en un campo de refugiados en Francia donde, al parecer, fueron abandonados a su suerte por el inefable Negrín, que marcharía a Londres).

Por otra parte, Juan Antonio del Corral y Mier era hermano de Josefa Narcisa del Corral y Mier, que fue la madre de Lesmes Franco del Corral y la abuela de Modesto Franco Flórez del Corral, y ambos llegaron a ser, padre e hijo, diputados liberales-progresistas.

Lesmes Franco del Corral nació en Melgar de Arriba en 1829, hijo de Vicente Antonio Franco, natural de Monasterio de Vega, y Josefa del Corral, nacida en Castro de Liébana. Se casó en Sahagún en 1856 con Paula Flórez Herques (hermana de mi trastarabuela Nicanora Flórez). Su vida política se inició en Sahagún, como concejal del ayuntamiento por el Partido Progresista, formó parte del comité provincial e inmediatamente pasó al comité central de Madrid. Fue diputado en varias ocasiones por la circunscripción de Sahagún y senador por León. Murió en Sahagún en 1896. Su hijo Modesto también hizo carrera política. Su hijo Modesto Franco Flórez del Corral gozaba de gran popularidad, lo que le llevó al triunfo electoral en varias ocasiones.

Por su parte, mi antepasado directo Juan Antonio del Corral y de Mier (padre de mi trastarabuelo José del Corral Pérez, como ya se ha dicho) era hijo de Francisco Antonio del Corral y Soberón, quien, pese a no ser militar, hubo de hacer de guerrillero durante la ocupación francesa (Guerra de la Independencia, aunque más bien fue ‘de liberación’) y alcanzó el grado de coronel (recibiría la condecoración, Cruz de Distinción, que le otorgaría el rey Fernando VII en 1815). No obstante, fue -como su hijo- un liberal y, de hecho, fue uno de los compradores que se enriquecieron con los procesos desamortizadores del siglo XIX, adquiriendo múltiples propiedades que le serían devueltas tras la década ominosa del rey felón Fernando VII. Como se ha adelantado en líneas precedentes, Francisco Antonio del Corral y Soberón era hijo del hidalgo Manuel Gregorio del Corral y Soberón (1728-1792) y nieto del hidalgo Félix del Corral y de la Bárcena (1692-1774), y este último, a su vez, era hijo de Toribio del Corral y de la Riega y de Catalina de la Bárcena. Francisco Antonio del Corral y Soberón​ contrajo matrimonio con Phelipa de Mier y Bustamante, natural de Potes, el 5 de junio de 1782 en la iglesia de San Martín de Potes (Cantabria) tal como aparece reflejado en el Archivo Histórico de Potes.

Una pequeña parte mi árbol genealógico con antepasados de noble linaje

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Por último, voy a hablar de otro pariente, en esta ocasión un Flórez, de Lorenzo Flórez, del cual escribieron en una publicación de Sahagún llamada Tierra Camala, revista gratuita mensual de la Comarca de Sahagún que uno de los días en que mi madre y yo fuimos a Sahagún me enseñaron unos primos de mi abuelo. Se trata de un artículo de Félix Pacho Reyero (lo que aparece entre corchetes son aclaraciones o comentarios míos):

El último señorito de estos pagos

Félix Pacho Reyero – Calzadilla de los Hermanillos.

De pequeño, yo tenía muchas ganas de ver a un señorito, porque en el pueblo no los había. No, no había señoritos en mi Tierra de Cantos, la que va de Villacintor a Santa Cristina de Valmadrigal. No había, quiero decir, señoritos en Calzadilla. Los títulos más altos que, de mala gana desde luego, se otorgaban por allí eran apenas el de “señor” cura y el de “señor” maestro, y a este último se le despojaba con frecuencia del “señor” y del “don” o se le ponía algún mote. El señoritismo andaba ligado más bien a la tenencia múltiple y profunda de la tierra. Quizás fuera señorito el último Marqués de Villasante, señor de Calzadilla, pero, a comienzos del siglo XX, los vecinos le compraron toda su “fincalidad” y lo despidieron de mala manera.

A mi tío Fermín Reyero sí le oí hablar de señoritos. Él era mayordomo, capataz, guardián o administrador de la finca de Valdelocajos, propiedad de los Castañón Albertos, una familia de señoritos que vivían en Madrid: “Búscame tres o cuatro ojeadores que pisen bien los bardos, porque vendrá a cazar el señorito Guillermo y unos amigos”… encargaba mi tío a su hermano, a mi abuelo Félix, que era el maestro y tendero del pueblo. También se hablaba de los señoritos Estévez y Eguiagaray, dueños de los montes y labrantíos de Mahudes, donde, lindando con Gordaliza y Valdespino Vaca, los obreros hacían parvas humeantes de carbón vegetal y hogueras fugaces de cisco para los braseros, o de los señoritos Mijares, del caserío de San Esteban, junto a la ermita de la Virgen de Perlas (Bercianos del Camino). Cuando bien entrada la noche y para evitar las escaramuzas del estraperlo, podía arrancar el molino de Villamizar, el herrero del lugar, mi pariente Agustín Barreales, llamaba con la manivela telefónica al salto de agua de Gradefes (“Venga, Felipe, manda la fuerza”) y tranquilizaba a todos, molinero y labradores, porque sabía de buena tinta que la Guardia Civil de Almanza o de El Burgo Ranero había comenzado a cenar, sin prisas, con los señoritos Martínez de Azcoitia [de estos descendía Ramón Herrero Moro, que fue novio de mi madre -Ana I. del Corral Romero-, ya que su padre era Guillermo Herrero Martínez de Azcoitia, que fue presidente de la Diputación de Palencia durante el franquismo aunque luego uno de sus hijos, hermano del que fuera novio de mi madre Ramón, Jaime Herrero Moro fue concejal del PSOE; la madre era Inesita Moro Ribalaygua, de ahí que mi madre llegara a visitar en su juventud la fantástica casa de la Quinta Ribalaygua en la avenida Reina Victoria de Santander con preciosas vistas al Cantábrico], los amos de la dehesa de Valdellán, que hoy cría toros bravos. Asimismo los profesionales de los pueblos (médicos, veterinarios, boticarios, etcétera…) y los ricos de Sahagún eran tratados de señoritos por criadas y jornaleros malparados.

Pero aquel niño nada pacato sino más bien terco y peleón que fui no pudo ver a ningún señorito. Yo pensaba que el señorito sería una cosa tan de pitiminí, tan pinturera y frágil como la porcelana que trajo de China un misionero de la familia. Más tarde, cuando la vida me dio discernimiento y uso de razón, conocí a muchos de los que había oído hablar como de señoritos. La mayoría de ellos de señoritos no tenían nada y de señores muy pocos. Con la visa de oro, billete sobre billete o a cuenta de la empresa (qué más da), ni siquiera conocieron cincuenta países, no se hospedaron en veinte de los hoteles más exclusivos del mundo ni comieron nunca en los treinta y pico mejores restaurantes de España. Unos pobretones, qué leche.

Resultado de imagen de monasterio santa maria trianos villamolSiempre hay, empero, excepciones. [Y aquí llega ahora mi pariente, y su historia] He conocido al señorito Lorenzo, a Lorenzo Flórez del Corral, el “señorito de Trianos”, un auténtico señorito. El último señorito de por aquí, que llenó de aventuras y buen humor la primera mitad del siglo XX. Sus ancestros arrancan de familias del norte de Europa venidas a España para dirigir fábricas de paños en el XVIII [se refiere en este caso a los Flórez, vinculados a los Herques, recordemos que los Corral son de ascendencia lebaniega]. Lorenzo era nieto de Pablo Flórez Herques, el mayor contribuyente de la provincia de León en buena parte del siglo XIX, sahagunés liberal y filántropo, padre de una prole numerosa en la quesepulcrodeldiablo abundaron mujeres de santidad como Flora Flórez (que hoy tiene calle en Sahagún) y labradores descreídos que levantaron, junto a la capilla responsorial del cementerio de Sahagún, el panteón masónico conocido como “Sepulcro del Diablo”. Sobre mármol de Carrara, este sepulcro muestra un reloj de arena en el vientre de un murciélago.

El más famoso de los Herques y el que dio origen a una larga saga fue Pablo, hijo de Juan Gerardo Herkes, que había nacido en Südlohm (Westfalia), y de Catalina Reynhart, originaria de Ámsterdam.

Lorenzo Flórez del Corral, a quien han conocido muchos sahagunenses que viven y colean, era millonario, republicano, jovial y castizo. Nada engreído ni pijoprogre ni devoto de Nuestra Señora del Puño Cerrado. [He ahí mis orígenes y ese talante desprendido y generoso que heredó mi abuelo y esa total ausencia de engreimiento, pretenciosa chulería o vanidosa soberbia fanfarrona que también detestaba mi abuelo y detestábamos sobre todo mi madre y yo, y que, sin embargo, era más frecuente en otros personajes esnobs, empingorotados, tiesos y estirados, exasperantemente irritantes o malcriados. Y es que los señoritos de verdad y gente con clase nunca hacen gala de esa afectación, sectarismo, elitismo, presuntuosidad o vanidad que tanto gusta a algunos. Mis antepasados, al igual que después mi abuelo y mi madre, aun viniendo de familias muy acomodadas o de elevada posición social –aunque ningún dinero ni posesión, absolutamente ninguna, acabaría llegando a nuestras manos– eran las personas más sencillas, campechanas y cercanas que quepa imaginarse. Como debe ser. Y bien orgulloso que me siento de ello.] Lorenzo Flórez del Corral tenía costumbre de ir a Madrid para los toros de San Isidro. Y por todo lo alto: Hotel equivalente al actual de cinco estrellas, restaurante de lujo, cadena gorda de oro al bolsillo del chaleco, sombrero de ala ancha, barrera de sombra en la plaza de Las Ventas con habano de primera, tertulia importante de torería y cabaré de tronío hasta el alba. En el cabaré conoció a una preciosa corista panameña, Mari Luz Fernández Quijano, de la que, bien talludito, se enamoró perdidamente y que llegó a ser su esposa amante y ejemplar con empadronamiento en los restos del ex convento dominicano de Trianos. [Ahí se ve también la ausencia de rancio puritanismo de Lorenzo Flórez como revela el hecho de que fuera habitual de cabarés o que incluso estuviera íntimamente vinculado con una buena corista]. El matrimonio de Lorenzo y la corista no tuvo descendencia. Así, sin hijos ni cavijos, el marido jamás regateó a la esposa cualquiera de Resultado de imagen de trianos sahagunsus caprichos, que no eran pocos ni baratos, igual una orquídea o una vara de nardos que un diamante. En cierta ocasión, Mari Luz hizo parar súbitamente el descapotable (descapotable en aquellos tiempos, madre mía) a Lorenzo junto a la torre del reloj de Sahagún para que él le regalara una vaca dorada (las demás eran pías) que Félix Luna “El Paramés” llevaba a dar agua en la presa. Por distraer a Mari Luz de la soledad de “Trianos”, Lorenzo montaba cuchipandas y saraos con invitados de copete unas veces y con estudiantes bulliciosos otras, si bien nunca trascendió un escándalo ni se oyó que la juerga saliera más allá de los muros ruinosos de la abadía.

Lorenzo Flórez del Corral: He ahí, pues, el último señorito felizmente reinante de estos pagos de Sahagún y del Cea. Tenía dinero y sabía gastarlo, sin miramientos de ninguna clase ni desposición especial por los herederos [ya que, a diferencia de otros, este pariente no tuvo hijos].

Lo inserto entre corchetes es de mi cosecha, pero el artículo, vuelvo a remarcar, fue escrito por Félix Pacho Reyero. Como se ve, los Flórez (en cuya familia parece evidente una clara filiación masónica al menos entre algunos de sus miembros, aunque difícil de probar debido al carácter secreto de la masonería) nos emparenta con los Herques, familia también célebre en la comarca. En ese artículo se menciona a la parienta Flora Flórez, calificada como mujer de santidad, que hoy da nombre a una calle de la villa de Sahagún y que fue una gran benefactora muy conocida por sus donaciones. Por ejemplo, el 29 de agosto de 1927 El Heraldo de Madrid se hacía eco de una donación de sus terrenos para la construcción de un edificio destinado a colegio de primera y segunda enseñanza.

Para leer también sobre la desamortización o sobre el proyecto de cooperativa bodeguera de Sahagún y su vinculación con los “Del Corral” se puede echar un vistazo a algunas entradas del blog de Modesto Celada Vaquero. 😉

La desamortización

La bodega cooperativa de Sahagún

Finalmente, y aunque existen diversas ramas dentro de los “Corral“, muchas de ellas emergen de un mismo tronco o se hallan vinculadas mediante pareDon Diego del Corral y Arellano, por Diego Velázquez.jpgntesco de un modo u otro y así cabe hablar también de los llamados “Corrales de Valladolid” y de un antepasado, más remoto si cabe que los ya citados, y bastante célebre como es el caso de don Diego del Corral y Arellano, que fue inmortalizado por Diego de Velázquez y cuyo cuadro puede visitarse en el Museo del Prado (Madrid) pues fue generosamente donado por la Duquesa de Villahermosa. 😉

 

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