El léxico de la lengua. Léxico culto y patrimonial. Préstamos y extranjerismos.

El léxico y su origen

El léxico es el conjunto de palabras que forman una lengua.

El léxico patrimonial. El léxico patrimonial es el vocabulario de una lengua que se ha transmitido, principalmente por vía oral, de padres a hijos, de siglo en siglo sin ninguna interrupción. El bloque de palabras más usado del castellano procede del latín: padre, madre, hijo, fuego, puerta, mesa, libro, puente, hierro, hierba… Estas palabras, heredadas siempre, han estado en nuestra lengua y con el paso del tiempo experimentaron notables cambios desde su origen latino. Así, ojo viene del latín oculum; hijo, de filium; cabeza, de capitia, y oreja, de auricula. Las modificaciones que sufre la pronunciación de una palabra a lo largo de los siglos constituyen su evolución fonética.

Cultismos y semicultismos. Los cultismos son palabras tomadas del latín o del griego clásicos cuando estas lenguas ya habían dejado de usarse. Los cultismos no llegan a nuestra lengua por vía patrimonial, es decir, por herencia; sino que se toman directamente del latín culto y clásico de los escritores latinos. De ellos se extrajeron términos como lúgubre, auscultar, frígido, lúbrico, impávido, árido, obtuso, rubicundo, turbulento, sublimar, hórrido, flamígero, hercúleo, cóncavo… Estas voces presentan una forma muy parecida a la latina. Solo sufren leves adaptaciones a la fonética de nuestra lengua. Los semicultismos son términos tomados tardíamente del latín y que han experimentado solo los procesos de evolución fonética que tuvieron lugar después de su incorporación. Los semicultismos se usan, generalmente, en el ámbito eclesiástico: cabildo (del latín capitulum), milagro (del latín miraculum), siglo (del latín saeculum), y otras como seglar, regla, obispo, peligro y apóstol. En nuestra lengua existen muchos casos de dos palabras que proceden de la misma voz latina, y llegan hasta nosotros, una por vía patrimonial y evolucionada, y otra, por vía culta y sin apenas evolución: se les llama dobletes.

Latín                 Castellano
Delicatu            Delgado (por vía patrimonial) – Delicado (por vía culta)

Solitariu            Soltero (por vía patrimonial) – Solitario (por vía culta)

Digitu                Dedo (por vía patrimonial) – Dígito (por vía culta)

Voz latina: Calidu, Capitale, Collocatu, Conciliu, Estrictu, Limitare, Masticare, Musculu, Recitare 

Voces castellanas:

Patrimonial: Caldo, Caudal, Colgado, Concejo, Estrecho, Lindar, Mascar, Muslo, Rezar
Culta: Cálido, Capital, Colocado, Concilio, Estricto, Limitar, Masticar, Músculo, Recitar

El léxico castellano ha evolucionado desde los primeros siglos de implantación del latín hasta el siglo XVII, en que se estabilizó el sistema consonántico del español actual. Un buen ejercicio puede ser el de la búsqueda en un diccionario de la información etimológica de distintas palabras patrimoniales como, por poner algunos ejemplos: diezmo, estrecho, lego o siesta cuyas voces cultas serían décimo, estricto, laico y sexta. Parece pertinente traer a colación el famoso poema de Quevedo donde se burlaba de la “jerigonza” de Góngora y de los culteranos: “Quien quisiere ser culto en sólo un día, / la jeri (aprenderá) gonza siguiente: / fulgores, arrogar, joven, presiente, / candor, construye, métrica armonía; / poco, mucho, si no, purpuracía, / neutralidad, conculca, erige, mente, / pulsa. ostenta, librar, adolescente, / señas traslada, pira, frustra, arpía; / cede, impide, cisuras, petulante, / palestra, liba, meta, argento, alterna, / si bien disuelve émulo canoro. / Use mucho de líquido y de errante, / su poco de nocturno y de caverna, / anden listos livor, adunco y poro”.

Locuciones y otras estructuras léxicas. Otros elementos que forman parte del léxico de la lengua castellana son las locuciones, las frases proverbiales y los refranes.

Las locuciones son combinaciones estables de dos o más palabras con sentido unitario, o sea, que funcionan como si fueran una, pero cuyo sentido no equivale al de la suma de sus elementos. Los elementos que forman las locuciones suelen ser invariables (romper el hielo, no los hielos*), no se pueden cambiar por otras palabras (meter la pata, no la pierna*) y no admiten un cambio en el orden en que aparecen (en menos que canta un gallo, no que un gallo canta*). Según su categoría gramatical pueden ser locuciones verbales: pelar la pava, beber los vientos por alguien; locuciones nominales: santo y seña, harina de otro costa, carne de cañón; locuciones adjetivas: loco de remate, verde de envidia; locuciones adverbiales, con sentido modal, construidas con un SN precedido de una preposición: de mil amores, en virtud de, en pie de guerra. Las locuciones conjuntas se comportan como una conjunción simple (de forma que, siempre que…) y las locuciones prepositivas ejercen el mismo papel que las preposiciones (a lo largo de, acerca de…).

Características de las locuciones
Algunas conservan estructuras arcaizantes o concordancias agramaticales. Ejemplos: A ojos vistas; a pies juntillas; de perdidos al río; de todas todas.
Otras tienen plurales poco comunes. Ejemplos: A finales de; a primeros de.
Muchas conservan un plural vacío (sin significado de pluralidad). Ejemplos: A buenas horas; en tiempos de; de tripas corazón.
Algunas acuden a una forma en femenino que no tenía este significado. Ejemplos: Tener la negra; por la tremenda; no dar una.
Varias se construyen en forma de binomio. Ejemplos: En andas y volandas; a tontas y a locas.

Las frases proverbiales son grupos de palabras con sentido unitario que suelen aludir a acontecimientos o personajes famosos de la historia o de la tradición cultural. Por ejemplo: No se ganó Zamora en una hora; Al buen callar llaman Sancho; París bien vale una misa y por los cerros de Úbeda. Los refranes son construcciones completas e independientes que expresan un pensamiento, hecho o advertencia, en general de forma sentenciosa. Por ejemplo: Al que madruga, Dios le ayuda; Mal de muchos, consuelo de tontos y Gallo que no canta algo tiene en la garganta. O Año de nieves, año de bienes.

“Hacer migas” era y es una locución verbal que literalmente significa “preparar un guiso a base de pan” (plato típico manchego, por cierto), pero cuyo sentido ha derivado coloquialmente en llevarse bien con alguien. Los refranes, al ser conocidos por una misma comunidad de hablantes, muchas veces no necesitan de la segunda parte que sería deducible por el interlocutor, por ejemplo: A buen entendedor… (pocas palabras bastan); El que a buen árbol se arrima… (buena sombra le cobija). Esto último me ha recordado aquel capítulo de Los Simpson en el que cuando el perro (el pequeño ayudante de Santa Claus) corre raudo junto a George Bush (padre), Homer dice: Me parece que no te vas a arrimar a un buen ‘arbussshto’.

 

Los préstamos

Los préstamos son palabras que se han incorporado a nuestra lengua procedentes de otros idiomas. Los préstamos son fruto de un fenómeno de relación y de influencia de unas lenguas en otras que ha existido a lo largo de toda la historia.

Préstamos a través de la historia

Procedencia del préstamo y ejemplos:

Voces prerromanas, de origen ibérico o celta. Ejemplos: Páramos, berro, perro, losa, colmena, gancho, arroyo, carro, camisa, cerveza…

Germanismos, procedentes de la lengua de los visigodos, incorporadas al castellano entre los siglos V y VII Ejemplos: Pertenecían al campo de la milicia: guerra, tregua, espía, bando, guardián, guardar; al campo del vestido: falda, ataviar, yelmo, espuela, ropa; o al sentido feudal: orgullo, feudo, rico.

Arabismos, que se fueron imponiendo durante la convivencia con los musulmanes. Ejemplos: Pertenecían a muchos campos como vestimenta y tejidos (almohada, alfombra, ajuar, alhaja, algodón, alfiler), vivienda (alcoba, albañil, azotea, alféizar, alicatar, albañal, almacén), convivencia social (aldea, alcalde, alguacil), productos del campo (alubia, acelga, alcachofa, bellota, sandía, berenjena, zanahoria, alfalfa), ciencias y medicina (álgebra, jarabe, azufre, alcanfor, alcohol) y otras como ajedrez, aduana, tarifa o atalaya.

Galicismos. Ejemplos: Jamón, jardín, bachiller, maleta, ligero, cable, parque, frase, paquete, billete, conserje, coraje, chaqueta, vergel, mensaje, burdel, cascabel.

Italianismos. Ejemplos: Sobre todo del mundo de las artes: diseño, boceto, modelo, fachada, balcón, piano, partitura, soneto, madrigal, pero también del comercio y vida militar: bancarrota, saquear, cartucho, escolta, escaramuza, corsario, piloto, brújula.

Indigenismos y voces de América. Ejemplos: Cacique, alpaca, patata, tomate, cacahuete, tabaco, butacaza, hamaca, coyote, petate, canoa.

Lusismos y galleguismos. Ejemplos: Chubasco, mejillón, morriña, carabela, pazo, arisco.

Vasquismos. Ejemplos: Boina, zamarra, chatarra, chabola, cencerro, izquierdo, pizarra.

Catalanismos y valencianismos. Ejemplos: Paella, porche, mercader, butifarra, capicúa, faena, barraca.

Préstamos actuales
Del inglés: Biquini, glamur, pin, clan, gay, máster, barman, póster, estrés, misil.
Del ruso: Zar, vodka, Perestroika, rublo, duma, samovar, estepa.
Del japonés: Kárate, karaoke, kamikaze, judo.
Del árabe: Intifada, talibán, chií, suní, ayatolá.
De otras lenguas europeas: Fiordo, esquí (del noruego), robot (del checo), yogur (del búlgaro).
De las lenguas de otros continentes: Safari, jungla, bungaló, canguro, koala, tabú, tatuar, yoga, tótem, mocasín.

Para los curiosos irrefrenables diré que esta última palabra, mocasín, aunque tomada del inglés, procede del algonquino, lengua de una tribu nativa americana, la de los powhatan. Y a algunos les recordará la palabra de marras aquella histriónica cancioncilla del señor Burns (Los Simpson) que decía que se hacía ‘mocasines saltarines con la piel de dos mastines’, el muy hijo de p…

Tipos de préstamos

Podemos distinguir cuatro tipos de préstamos: morfológicos, semánticos, léxicos y calcos. Los préstamos morfológicos pueden ser: por derivación, cuando se toman sufijos de otro idioma y se aplican a palabras españolas; por ejemplo, del sufijo inglés -ing, se construye puenting; o del francés -age (en español -aje), se hace en castellano kilometraje, alunizaje; o por composición: piso piloto, palabra clave, ciencia ficción, largometraje. También provienen del inglés acrónimos como transistor, módem y motel. Los préstamos semánticos se producen cuando las palabras castellanas amplían y cambian su significado por influencia de un vocablo o expresión semejante de otro idioma. Por ejemplo: por influjo del francés; pieza significa “obra literaria o musical”, no solo “un trozo de algo”; bolsa significa “mercado de valores” y útiles “herramientas”; o por influjo del inglés, cadena puede significar “grupo de tiendas”, ratón puede significar “dispositivo informático que mueve el cursor”, canal, “cadena de televisión” y duro “persona violenta”. Los préstamos léxicos consisten en la importación de un vocablo o expresión de otra lengua. Se dan varios casos: a veces, conservan su forma originaria como karaoke, baguette; otras veces, se incorporan con algunas modificaciones; así, por ejemplo, a una raíz extranjera se le aplican morfemas castellanos, como en futbol-ista, escan-eo y boxeador; o se forman compuestos: club campestre, rock duro… Los calcos son una variante del préstamo. Se forman al adaptar expresiones de una lengua a otra traduciendo cada uno de sus elementos. Distínguense varios tipos: los calcos léxicos, los calcos sintácticos y los calcos fraseológicos. Los calcos léxicos son traducciones de palabras o expresiones de otro idioma, como autoservicio (del inglés self-service), rascacielos (del inglés skyscraper), y también, efecto invernadero, ciudad dormitorio, fin de semana, base de datos, autopistas de la información, blanqueo de dinero… Los calcos sintácticos imitan estructuras de otro idioma; como, por ejemplo, del francés, avión a reacción y olla a presión. También es calco sintáctico del inglés el uso de como para expresar “en el papel de”: Antonio Banderas como el Zorro, Pilar López de Ayala como Juana la Loca. Los calcos fraseológicos se producen cuando la imitación se hace de elementos verbales o frases como extender la alfombra roja, salir del armario, arrojar la toalla o dar luz verde.

Rascacielos es un ejemplo de calco léxico, del inglés skyscraper.

Repárese en el siguiente fragmento del artículo “Modernos y elegantes” de Julio Llamazares de El País: “[…] Desde que Nueva York es la capital del mundo, nadie es realmente moderno mientras no diga en inglés un mínimo de cien palabras. Desde ese punto de vista, los españoles estamos ya completamente modernizados. Es más, creo que hoy en el mundo no hay nadie que nos iguale. Porque, mientras en otros países toman sólo del inglés las palabras que no tienen -bien porque sus idiomas son pobres, cosa que no es nuestro caso, o bien porque pertenecen a lenguajes de reciente creación, como el de la economía o el de la informática- nosotros más generosos, hemos ido más allá y hemos adoptado incluso las que no nos hacían falta. Lo cual demuestra nuestra apertura y nuestra capacidad para superarnos. Así, ahora, por ejemplo, ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, que queda mucho más fino, ni tenemos sentimientos, sino feelings, que es mucho más elegante. Y de la misma manera, sacamos tickets, compramos compacts, usamos kleenex, comemos sandwichs, vamos al pub, quedamos groggies, hacemos rappel y, los domingos, cuando salimos al campo -que algunos, los más modernos, lo llaman country-, en lugar de acampar como hasta ahora, vivaqueamos o hacemos camping. Y todo ello, ya digo, con la mayor naturalidad y sin damos apenas importancia. […] En la televisión, entre tanto, ya nadie hace entrevistas ni presenta, como antes, un programa. Ahora hacen interviews y presentan magazines, que dan mucha más prestancia, aunque aparezcan siempre los mismos y con los mismos collares. Si el presentador dice mucho 0.K. y se mueve todo el rato, al magazine se le llama show -que es distinto que espectáculo-, y si éste es un show heavy, es decir, tiene carnaza, se le adjetiva de reality para quitarle la cosa cutre que tendría en castellano. Entre medias, por supuesto, ya no nos ponen anuncios, sitio spots, que, aparte de ser mejores, nos permiten hacer zapping. […].

La terminología

Las explicaciones científicas exigen gran precisión y para ello necesitan un vocablo adaptado a sus conceptos y realidades. Cada ciencia tiene su léxico especializado y, en buena medida, conocer una ciencia implica dominar su vocabulario o terminología. La terminología es el conjunto de tecnicismos utilizados en una determinada disciplina o por un grupo de personas que realizan una misma actividad. Tecnicismo. […]. 2. m. Conjunto de voces técnicas empleadas en el lenguaje de un arte, de una ciencia, de un oficio, etc. 3. m. Cada una de estas voces (Diccionario de la RAE, Espasa-Calpe, 2001). Las terminologías son absolutamente necesarias en cada campo del saber: en filosofía son tecnicismos palabras como empirismo, ontología, existencialismo, inducción, deducción, silogismo, platonismo y materialismo dialéctico; en informática, vocablos como monitor, memoria, hardware, bit y teclado; en física y química son tecnicismos vatio, teorema, hidrocarburos, carbono, electrólisis, magnetismo, equilibrio químico y enlace iónico; en lengua son palabras especializadas sujeto, predicado, complemento directo, pronombre y complemento de régimen. En Arte podemos considerar tecnicismos palabras como capitel, dintel, basamento, tímpano, friso, óleo, barroco y perspectiva. A veces, algunas de esas palabras del lenguaje técnico o científico se van generalizando y llegan a usarse en el lenguaje común: metabolismo, diabetes, hemiplejia, eccema

Características de los tecnicismos. En el campo de la ciencia y de la técnica es necesario el máximo de exactitud en la designación de los objetos, conceptos y realidades. Por ello, los nombres que designan esas realidades han de cumplir unas características especiales: Precisión y monosemia. Neutralidad o impersonalidad. Abundancia de símbolos. Precisión y monosemia: Cada término ha de significar siempre lo mismo en cualquier tiempo y circunstancia. En esto se diferencia del lenguaje literario y del lenguaje común, que es, a menudo, ambiguo y polisémico. Neutralidad o impersonalidad: Los términos científicos y técnicos han de estar libres de carga afectiva o valores subjetivos. A esa neutralidad contribuye el uso de símbolos, tablas, citas, gráficos, de manera que el término queda más libre de sentimientos personales. Abundancia de símbolos: El lenguaje científico y técnico abunda en símbolos, números y letras, que apoyan la precisión y la economía. Hasta tal punto es necesaria la exactitud en la designación de los conceptos de las ciencias que en muchos casos se acude a los lenguajes formales o de signos para lograr el máximo de precisión (Los lenguajes formales son los sistemas de signos que utilizan disciplinas como las matemáticas o la lógica).

Los neologismos. Cada rama del saber, conforme alcanza niveles de especialización, va necesitando la creación de vocablos para nombrar los nuevos descubrimientos y realidades. Los neologismos son las palabras nuevas que se han formado en una lengua o que se incorporan a ella como préstamos de otras. Neologismos de forma. Un neologismo de forma es una palabra que se ha formado combinando elementos que ya existen en la lengua. Estos neologismos se crean mediante los procedimientos de derivación y de composición. La derivación se basa en la formación de una nueva palabra mediante la adición de prefijos o sufijos: con prefijos tenemos casos como inalámbrico, periscopio y prehistoria; con sufijos se pueden crear sustantivos como protestantismo, organista, oxidación, aterrizaje; adjetivos como planetario, carbónico, esferoidal; y verbos como señalizar. En el lenguaje científico tenemos sufijos especializados para añadir significados concretos: -osis, “degeneración” (esclerosis, artrosis); -itis, “inflamación” (hepatitis, otitis, gastristis); -ato, en química (nitrato, sulfato); -áceo, en zoología (cetáceo, crustáceo). La composición se basa en la formación de una palabra nueva a partir de palabras o elementos que pueden funcionar independientes, termonuclear, vasodilatador, altiplanicie…; o también los compuestos de varias palabras: anhídrido carbónico, ácido acetilsalicílico… En el lenguaje científico es muy habitual formar neologismos uniendo componentes grecolatinos a las palabras españolas. Estas raíces antiguas se combinan de distinta manera, a veces van al principio (geocentrismo, ecosistema, cardioprotector, filocomunista); a veces van al final, tras el elemento español (herbívoro, musicólogo, insectífugo, rumorología); y otras veces, los dos elementos son grecolatinos (agorafobia, filántropo, ecología, logopeda, xenófobo).

Componentes grecolatinos antepuestos

An- Anarquía, anemia
Anfi- Anfiteatro, anfibio
Baro- Barómetro
Bio- Biología, biografía
Derma- Dermatitis
Epi- Epitelio, epigrafía
Foto- Fotosíntesis
Gastro- Gastronomía
Micro- Microbio
Oligo- Oligoelemento, oligopolio
Orto- Ortodoncia
Psico- Psicología
Termo- Termómetro
Zoo- Zoología

Componentes grecolatinos pospuestos

-algia Neuralgia
-arquía Oligarquía
-fagia Antropofagia
-filia Hemofilia
-geno Patógeno
-iatría Pediatría
-itis Bronquitis
-lito Megalito
-patía Cardiopatía
-terapia Hidroterapia
-logía Filología
-grafía Hidrografía
-cracia Gerontocracia
-morfo Antropomorfo

Otros tipos de neologismos. Existen otras formas de crear nuevos términos o neologismos. Así, se habla de neologismos de sentido, neologismos sintácticos y neologismos de préstamo. Los neologismos de sentido se crean cuando se le da un nuevo sentido a una palabra o expresión ya existente: código genético, cortocircuito neuronal, silencio documental, mapa cromosomático. Los neologismos sintácticos son aquellas palabras que en su uso cambian de categoría gramatical; como, por ejemplo, las que pasan de adjetivo a sustantivo: un anticoagulante, un científico, un analgésico. Los neologismos de préstamo que están constituidos por palabras o expresiones que son adaptaciones o traducciones de otra lengua. Del inglés proceden neologismos como banco de sangre, corriente alterna, control de natalidad y eslabón perdido. Los epónimos son los nombres de persona que han pasado a designar otra realidad, país, ciudad, u otro concepto u objeto. Colombia provenía del nombre Colón, o Alejandría, de Alejandro. Son muchos los tecnicismos que proceden del nombre de una persona: teorema de Pitágoras, teorema de Thales de Mileto, principios de Doppler, constante de Planck, Ley de Laplace. En el campo de la ciencia, la terminología se ha alimentado a veces de vocablos creados a partir del nombre del inventor: amperio, culombio, vatio, volframio, ohmio…

A modo de resumen

EL ORIGEN DEL LÉXICO CASTELLANO

EL LÉXICO PATRIMONIAL Vocabulario de una lengua transmitido, principalmente, por vía oral, de padres a hijos, de siglo en siglo sin ninguna interrupción. Procede en su gran mayoría del latín, cuyo vocabulario llega hasta nosotros después de sufrir una importante evolución fonética: oculum –> ojo; filium –> hijo, capitia –> cabeza.
LOS CULTISMOS Palabras tomadas del latín o del griego cuando ya estas lenguas habían dejado de usarse y que no han sufrido, prácticamente, modificaciones: frigidus –> frígido; impavidus –> impávido; lugubris –> lúgubre.
LOS SEMICULTISMOS Palabras tomadas tardíamente del latín, que han experimentado solo los procesos de evolución fonética que tuvieron lugar después de su incoporación: capitulum –> cabildo.
LOS DOBLETES Están constituidos por dos palabras castellanas que provienen de la misma voz latina: por ejemplo solitario (vía culta) y soltero (vía patrimonial) procederían de solitariu.

LAS LOCUCIONES Y OTRAS ESTRUCTURAS LÉXICAS

LAS LOCUCIONES Definición Combinaciones de palabras que funciona como una cuyo sentido no equivale al de sus elementos: loco de remate
Características Sus elementos suelen ser invariables, no se pueden cambiar por otras palabras y no admiten un cambio en el orden en que aparecen. Algunas conservan estructuras arcaizantes o concordancias agramaticales; otras tienen plurales poco comunes; muchas conservan plurales sin ese significado de pluralidad y pueden construirse en forma de binomio.
Clases Verbales (beber los vientos), nominales (harina de otro costal), adjetivas (loco de remate), adverbiales (de mil amores), conjuntivas (siempre que) y prepositivas (a lo largo de).
Las frases proverbiales: grupos de palabras con sentido unitario que aluden a personas o acontecimientos históricos o de la tradición cultural: No se ganó Zamora en una hora.
Los refranes: construcciones completas e independientes que expresan un pensamiento, hecho o advertencia, en general de forma sentenciosa: Al que madruga, Dios le ayuda.

LOS PRÉSTAMOS: palabras que se han incorporado de otros idiomas.

TIPOS DE PRÉSTAMOS

MORFOLÓGICOS Por derivación: puenting, alunizaje
Por composición: largometraje, piso piloto, ciencia ficción
Acrónimos: transistor, módem, motel
SEMÁNTICOS Cambios de significado por influencia de una expresión semejante de otro idioma: del francés (pieza, bolsa), del inglés (cadena, ratón).
LÉXICOS Importación de un vocablo o expresión de otra lengua (baguette, futbolista).
CALCOS Definición: adaptación de expresiones de otra lengua, traduciendo cada uno de sus elementos.
Clases: calcos léxicos (autoservicio, fin de semana, efecto invernadero), calcos sintácticos (a reacción, a presión, como) y calcos fraseológicos (arrojar la toalla).

LA TERMINOLOGÍA: tecnicismos utilizados en una determinada disciplina
CARACTERÍSTICAS DE LOS TECNICISMOS Precisión y monosemia: cada término debe tener un solo significado.
Neutralidad o impersonalidad: sin carga afectiva ni matices subjetivos.
Abundancia de símbolos, números, letras. En muchas casos –> lenguajes formales.

LOS NEOLOGISMOS: palabras que se incorporan a una lengua para nombrar nuevos descubrimientos o realidades

CLASES DE NEOLOGISMOS

NEOLOGISMOS DE FORMA Definición Palabras que se han formado combinando elementos que ya existen en le lengua.
Clases Por derivación: Con prefijos: hemisferio, prehistoria
Por composición: Formación de una palabra a partir de palabras o elementos que pueden funcionar independientes: vasodilatación, longitud de onda.
Componentes grecolatinos: Incorporación de antiguas raíces grecolatinas a palabras castellanas: geocentrismo, ecosistema, musicólogo, logopeda, xenófobo…
OTROS TIPOS DE NEOLOGISMOS De sentido Nuevo sentido a una expresión ya existente: código genético
Sintácticos Cuando cambia la categoría gramatical de la palabra: científico, analgésico.
De préstamo Adaptaciones de otra lengua: banco de sangre.

PRÉSTAMOS vs EXTRANJERISMOS

La lengua es un río en cuyo caudal (léxico) vierten sus aguas muchos afluentes

Es otra de las famosas dicotomías a la que a veces se ha dado respuesta de forma errónea o, cuando menos, errática. Es cierto que no ha demasiado tiempo, en algunos manuales escolares, se decía que la diferencia entre préstamos y extranjerismos estribaba en que los primeros eran necesarios por cuanto no existía un vocablo en la propia lengua para un determinado significado mientras que los segundos, los extranjerismos, serían los innecesarios por existir en el acervo léxico del idioma una palabra autóctona que haría prescindible el extranjerismo o ‘intruso foráneo’. Pero esto no es así, aunque por razones dizque didácticas se haya venido, en ocasiones, enseñando de esa manera.

La realidad es que el extranjerismo es la palabra foránea que permanece inalterable una vez que entra en nuestra lengua, o sea, que se mantiene fonográficamente según los criterios de la lengua extranjera de la que provenga, es lo que suele llamar extranjerismo crudo o xenismo. Sin embargo, el préstamo sería aquel extranjerismo que ha sido adaptado fonográficamente (según la pronunciación y la escritura, la grafía) a nuestro idioma. De tal manera que todo préstamo ha empezado siendo extranjerismo y su adaptación ha dependido tanto de su forma primigenia como del uso con el que haya sido aceptado por parte de la comunidad de hablantes que recibe el nuevo vocablo.

Por tanto, un extranjerismo es un vocablo o expresión que un idioma toma de otro, sea para llenar un vacío semántico o como alternativa a otras expresiones ya existentes en la lengua de destino, pero que mantiene su grafía y pronunciación original, en cuyo caso se llama muchas veces barbarismo, mientras que el préstamo se adapta a las convenciones de nuestra lengua. Por consiguiente, tanto el extranjerismo como el préstamo son voces, frases o giros que una lengua toma de otra y así los define la RAE. Pero, generalmente, el extranjerismo se define como la palabra que ha sido tomada de una lengua extranjera y que se mantiene sin ninguna variación en la lengua de destino y, por lo tanto, a diferencia de los préstamos lingüísticos, su representación gráfica o su pronunciación es ajena a las convenciones de nuestra lengua. Ejemplos: Email, marketing, piercing, etc. Los préstamos, por el contrario, son las palabras incorporadas al vocabulario propio procedentes de otra lengua distinta que, y he aquí lo importante, sufren una adaptación fonética para acomodarse a la nueva lengua de destino según las normas ortográficas y de pronunciación. Estos préstamos de palabras no son sino el resultado de la convivencia social y cultural de las lenguas y de las gentes que las hablan, con independencia de que la introducción de estos préstamos se produzca por necesidaes internas de la lengua como carecer de significantes para ciertos significados ante la constante aparición de nuevas realidades y nuevos referentes, o de que simplemente se deba a una cuestión de supuesto prestigio, de moda, etc. Así tenemos préstamos del francés relacionados con la moda o la gastronomía: chaqué, suflé, restaurante, etc. o del inglés en el ámbito del deporte (fútbol, córner) o en el de las disciplinas técnicas como la informática (cederrón, disquete), entre muchos otros.

Instituciones como la RAE son las que se encargan de adaptar los extranjerismos a las convenciones de nuestra lengua y, por ende, de convertirlos en préstamos, pero son, en último término, los hablantes quienes tienen la última palabra. ¡Y nunca mejor dicho! Pues como decía S. Gutiérrez Ordóñez, la lengua es pura democracia. Y por ello ya decía el maestro Alarcos que había que forrarse de escéptica cautela pues a veces la RAE propone la adaptación de un término pero los hablantes –y escribientes– pueden optar por seguir utilizando la forma cruda, el extranjerismo crudo, que puede pasar a ser el de mayor uso haciendo caso omiso de las recomendaciones de la Docta Casa. Sirva de ejemplo el célebre caso de la palabra whisky para la que la RAE propuso la grafía güisqui, pero esta nunca cuajó y los usuarios del idioma, únicos dueños de él, prefirieron seguir con la grafía cruda de whisky, así que aunque convenga atenerse a los criterios de la RAE por cuanto suelen estar bien fundamentados, es siempre la comunidad de hablantes la que acaba imponiendo con su uso la forma preferida. Igual pasó con fútbol, adaptación española para el anglicismo football que acabó desplazando al término balompié, vocablo que casi nadie usa, salvo el Betis que en su nombre lo lleva inscrito (Real Betis Balompié). Otro tanto ocurrió con la palabra élite que se introdujo en nuestro idioma y la RAE la adoptó con pronunciación llana, grave o paroxítona, elite (eLIte) pues en francés -como decía un antiguo profesor mío-, aunque todas las palabras tengan pronunciación aguda u oxítona, e final sin acento (sin tilde) no suena, pero como durante mucho tiempo circuló la grafía con la tilde en la primera e, la gente empezó pronunciándola como esdrújula y esa pronunciación tuvo tal difusión y profusión que fue la que acabó imponiéndose, y la RAE, que también la admitía, acabó considerándola como la forma preferible porque era la que había triunfado entre los hablantes, así que todo depende de la forma o el uso que ‘cuaje’ entre los usuarios porque, reitero, como decía Gutiérrez Ordóñez, que nada hay más democrático que la lengua cuyos usuarios, por acuerdo tácito y de manera convencional, acaban imponiendo en virtud del uso las opciones que desean.

¿Hay que aceptar gustosos los extranjerismos u oponerse ferozmente a ellos como hacen algunos cenizos temerosos de la invasión ingente y masiva de términos foráneos? Pues hay que aceptarlos con mentalidad abierta y afán y espíritu integrador porque precisamente lo que mantiene vivas a las lenguas es su capacidad de integración, de adaptación y de inclusión. Siempre han existido corrientes conservadoras intentando salvaguardar la supuesta pureza de la lengua –algunos pensaban que se había llegado al máximo grado de pureza con la Gramática de Nebrija, antes incluso de que se concibiera la literatura del siglo áureo o de que se escribiera el Quijote-, siempre han existido esos intentos puristas o casticistas en defensa de lo autóctono pecando de una mentalidad cerril, encerrada en sí misma, que no suele ser positiva, sino contraproducente, porque lo que hace fuerte a una lengua es su capacidad de asimilación al mezclarse con otras y es precisamente el mestizaje el que hace vigorosas a las lenguas. Además, los hispanohablantes hablamos latín del siglo XXI que es eso y no otra cosa nuestra lengua castellana –hiperbólicamente hablando, claro está-, pero repleta de términos procedentes de otras lenguas, aunque, generalmente, el hablante medio las considera tan suyas que desconoce su procedencia u origen porque no es habitual que un individuo se interese por la etimología de una palabra. Pero nuestro acervo léxico no solo es el heredado, sino también el adquirido (al que habría que añadir el multiplicado mediante la formación de palabras: composición, derivación, parasíntesis, siglas y acrónimos). Y es que cuando hablamos de ‘guerra’ estamos usando un vocablo de origen germánico, cuando utilizamos la palabra ‘alcalde’ o ‘zaguán’ estamos usando vocablos de origen árabe, cuando recurrimos a términos como ‘soneto’ o ‘partitura’ estamos tratando con italianismos, y cuando se trata de ‘chalé’ o ‘restaurante’ con galicismos igual que cuando hablamos de ‘bar’ o ‘fútbol’ tiramos del hoy omnipresente inglés -es más, algunos chavales consideran hoy fútbol un término plenamente castellano hasta el punto de desconocer su origen inglés, procedente de football– y es que la lengua es un río en cuyo caudal (léxico) vierten sus aguas muchos afluentes y por eso hay que acogerlos con mentalidad abierta, espíritu integradr e inclusivo, con espíritu ecléctico y no cerril.

Ahora bien, eso no quiere decir que haya que descuidar nuestra lengua pues, como decía Lázaro Carreter, pensamos con palabras, de ahí que si se empobrece el lenguaje, se empobrece el pensamiento, y por tanto, es insoslayable la importancia de cuidar ese bien tan preciado, que es nuestro idioma, que, a su vez, es nuestro patrimonio común más consistente y, por tanto, es una pena desechar o desterrar al cajón del olvido la inmensa riqueza léxica de que disponemos y que posee la lengua española, pero ese caudal no está reñido con las aguas vertidas por esos otros afluentes que son los demás idiomas y es que la interrelación idiomática nos enriquece y la capacidad de apertura al exterior, de adaptación y asimilación, pero sobre todo de integración es lo que fortalece una lengua, reitero que el mestizaje es lo que hace las lenguas vigorosas, siempre que uno sepa expresarse con propiedad y diciendo lo que quiere decir con precisión y hasta con gracia narrativa y originalidad. Cosa distinta es el de aquellos, generalmente cursis ridículos y pretenciosos o pedantes petimetres gomosos, que a lo mejor apenas saben hilvanar o concatenar medianamente un texto, que son incapaces de expresarse oralmente ni por escrito en su propia lengua sin anacolutos o, si lo hacen, es poblando de yerros sus intervenciones y que, sin embargo, recurren al extranjerismo por puro esnobismo, pero eso no es fruto de la natural interrelación lingüística que enriquece a los idiomas, sino simple consecuencia de las modas, de lo que se ha venido en llamar ‘postureo’, en definitiva, hay quienes recurren al extranjerismo de manera absurda como consecuencia de ese esnobismo plagado de relamida y artificiosa afectación jactanciosa que podríamos resumir como simple y llana estupidez. Pero eso es ya otra cosa, y es que, como decía Einstein: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”.

Para profundizar un poco más en el tema –y en otros muchos muy interesantes-, recomiendo el libro Introducción a la Lengua española de Mª Luz Gutiérrez Araus, Manuel Esgueva Martínez, Mario García-Page Sánchez, Paloma Cuesta Martínez, Ana-Jimena Deza Enríquez, Ángeles Estevez Rodríguez, María Antonieta Andión Herrero y Pilar Ruiz-Va Palacios, de la editorial universitaria Ramón Areces.

De la misma editorial y también recomendable pero centrado en aspectos gramaticales de morfosintaxis tenemos otro libro, se trata de Ejercicios de Gramática y Expresión (con nociones teóricas) de Pilar García Manzano, Paloma Cuesta Martínez, Mario García-Page Sánchez y Ángeles Estévez Martínez.

Por último, y ya que el comentario crítico es una de las partes esenciales de la materia de Lengua en que se demuestra el dominio que se posee del idioma, debo decir que en lo que respecta al comentario crítico de textos conviene saber que no es sino un encuentro de nuestras ideas con las ideas y pensamientos de los otros, situación habitual en la vida diaria, que manifiesta la madurez y riqueza intelectual de cada persona. Para ello son importantes: la comprensión del texto, el resumen del contenido, el tema y la organización de las ideas, el comentario crítico propiamente dicho y el comentario lingüístico más centrado en los aspectos formales y exposición del texto. El comentario crítico ayuda a pensar, a ser críticos e independientes, a respetar puntos de vista y razones expuestas y a madurar porque el comentario conduce la mente desde posturas subjetivas hacia otras objetivas. Por ende, es importante trabajar cuestiones de comprensión del texto, del resumen del contenido, del tema y la organización de las ideas atendiendo a los mecanismos de cohesión, es decir, el conjunto de recursos lingüísticos que ayudan a percibir la relación de unidad y coherencia que mantienen las partes de un texto entre sí y en relación con el todo; el comentario crítico es una cara de la moneda y la otra la constituye el comentario lingüístico donde se debe hablar del lenguaje estándar o medio, del estilo, del género y funciones del lenguaje predominantes y también de cuestiones de léxico y morfosintaxis y, por ello, suele ser una buena propuesta la de citar antónimos o sinónimos de palabras o separar el lexema y los morfemas, indicando sus clases, de distintos vocablos, etc.En cualquier caso, en un buen comentario lingüístico conviene primeramente señalar la tipología textual de que se trate y a partir de ahí hablar del grado de coherencia, de los mecanismos de cohesión léxica y gramatical, de los elementos deícticos, anafóricos o catafóricos, de las relaciones semánticas: sinonimia, antonimia, hiperonimia e hiponimia, homonimia (homografía y homofonía), polisemia, etc. Hay que prestar atención a las formas verbales, al tiempo o perspectiva y modo, a la existencia de posibles perífrasis verbales, de arcaísmos o neologismos, al uso de las categorías gramaticales, a la predominancia o no de adjetivos calificativos o relacionales, de sustantivos, de interjecciones, a si es un texto con tendencia a la parataxis o si se enroca de forma hipotáctica, si hay coordinación o subordinación, si hay muchos elementos relacionantes o no (polisíndeton o asíndeton), a las posibles figuras retóricas: hipérboles, hipérbatos, aliteraciones, paranomasias, paradojas, símiles o comparaciones, metáforas, metonimias, personificaciones o prosopopeyas, epítetos, ironías o sarcasmos, oxímoros, anfibologías, sinestesias, elipsis, eufemismos, disfemismos, enumeraciones, paralelismos o analogías, circunloquios, etc. Si hay descripciones conviene saber si son estáticas o dinámicas, prosopografías o etopeyas, retratos o caricaturas o, si son paisajísticas, qué elementos destacan y por qué. Hay que fijarse en la existencia o no de tecnicismos, y también, por supuesto, en la propiedad de la adecuación, o sea, en el registro y si el texto se adapta a la situación en que se emite, a qué nivel pertenece (culto o popular), al registro (formal o informal), a la posible existencia de coloquialismos o de vulgarismos (que son cosas diferentes), todos ellos son elementos importantes que revelan las aptitudes de análisis de quien realiza dicho comentario y que ha de sumarse a la capacidad de comentar críticamente, dando una opinión razonada, un texto, a ser posible mostrando gran riqueza léxica y, si las circunstancias lo permiten, siendo ingeniosos y creativos y huyendo de los clichés y tópicos o lugares comunes así como de aquellas expresiones manidas sabiendo además distinguir la horrísona redundancia de un intencionado pleonasmo con clara función estilística y por ello es también interesante estudiar las funciones del lenguaje que tanto desarrolló Roman Jakobson. Y por lo demás, mucha lectura, y algo de práctica, pero sobre todo mucha lectura y gusto por la cultura. 🙂

Roman Jakobson, lingüista, fonólogo y teórico literario ruso, de origen judío, que falleció en Boston en julio del 82. De su teoría de la información, constituida en 1958 y articulada en torno a los factores de la comunicación (emisor, receptor, contexto, canal, mensaje y código), Jakobson dedujo la existencia de seis funciones del lenguaje: la expresiva (o emotiva), la apelativa (o conativa), la representativa (o referencial), la fática (o de contacto), la poética (o estética) y la metalingüística, completando así el modelo de Karl Bühler. Fue, junto con André Martinet o Claude Lévi-Strauss, uno de los fundadores del Círculo Lingüístico de Nueva York, más tarde convertido en la Asociación Internacional de Lingüística. Enseñó en Columbia, Harvard y en el MIT. Tuvo ocasión de tratar a Claude Lévi-Strauss, entonces exiliado, y de influir en sus planteamientos estructurales de la antropología, de suerte que, más adelante, Jakobson fue reivindicado y sus libros bien difundidos en Francia, desde donde llegaron a España, entre otros países.

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