El funcionalismo sintáctico. Una alternativa a la gramática tradicional (y generativa) en la enseñanza de sintaxis

Este artículo de mi autoría fue previamente publicado en el semanario cultural Las nueve musas, así que dejo el enlace a dicho medio para quien desee leerlo desde allí. No obstante, aquí está íntegro el texto. Que lo disfrutéis.

https://www.lasnuevemusas.com/el-funcionalismo-sintactico/

Quienes me conocen bien saben que, en el plano lingüístico, soy un funcionalista confeso y declarado y fidelísimo seguidor de Salvador Gutiérrez Ordóñez.

A partir del sensacional TFM (de formación del profesorado de enseñanza secundaria) del gran Pablo García GonzálezEl funcionalismo sintáctico. Una alternativa a la gramática tradicional en la enseñanza de sintaxis”, quiero aprovechar yo también para reivindicar ese paradigma metodológico así como su implantación, aunque de forma serena y paulatina, en la enseñanza media (ESO y Bachillerato). No solo frente a la gramática tradicional, que considero ha cimentado unas buenas bases que han permitido desarrollar las teorías actuales pero que, al mismo tiempo, como afirma el propio García González con sumo acierto, sin que deba ser desacreditada, ha quedado anticuada y algunos de sus preceptos suficientemente refutados. Sino también frente a otras corrientes de gran proyección mediática como la generativista, pues considero que la visión funcionalista ofrece una mayor sencillez y coherencia en la descripción de los fenómenos lingüísticos, además de ser resultar enormemente didáctica, algo que me parece fundamental en el campo de la enseñanza.

En este sentido, yo también apuesto por una metodología basada en el enfoque comunicativo y el funcionalismo sintáctico y, en consecuencia, creo que algún buen filólogo y lingüista funcionalista debería hacer lo posible por ir introduciéndolo en los libros de texto y materiales didácticos de enseñanza media de alguna editorial pues a menudo, muchas veces, estas herramientas son los principales instrumentos y a veces incluso el único cauce de actualización del profesorado de Lengua castellana.

Es cierto, tal como se refleja en el trabajo fin de máster a que nos referimos, que muchos temas de gramática y sintaxis actualmente no se estudian hasta los cursos superiores y, en ocasiones, con menor contenido que hace años, lo que no es sino la fiel constatación del lamentable descenso del nivel educativo así como del nivel de exigencia. Aun así, seguiremos apostando por la enseñanza de estas cuestiones gramaticales que son esenciales para adquirir y consolidar una competencia comunicativa óptima que permita desenvolverse en cualquier situación, empezando por la propia comprensión y producción de enunciados y textos con coherencia, cohesión, adecuación y corrección.

Las sintaxis funcionales se basan en el concepto fundamental de función. Hasta el punto de que las categorías gramaticales se derivarán precisamente de las funciones que puedan desempeñar o contraer los sintagmas. Eso no quiere decir que se haya de comenzar necesariamente con la sintaxis. Puede iniciarse, como generalmente se ha hecho, con las categorías gramaticales, pero una vez aprendidas, a la hora de ver la sintaxis, se podrá enseñar a qué se debe la existencia de cada una de esas categorías gramaticales (o partes de la oración) en virtud de la función que pueden desempeñar.

En sintaxis habrá que atender a las funciones sintácticas, a las relaciones que se establecen y a los funtivos (las palabras o sintagmas concretos que desempeñan una determinada función) y, asimismo, habrá que enseñar los tres niveles en que se organizan las funciones: funciones formales o sintácticas, funciones semánticas y funciones informativas. En cuanto a las relaciones, habrá que explicar la coordinación, la subordinación y la interdependencia. Y, por supuesto, ir introduciendo el concepto de transposición, mecanismo consistente en el cambio de categoría de un sintagma, porque con él se simplifica enormemente la descripción de muchos fenómenos lingüísticos y además consta de una profunda fundamentación teórica, mal que les pese a los generativistas. En mi caso, que es el de un funcionalista adscrito a la escuela leonesa –surgida del tronco madre ovetense-, el mecanismo de la transposición es trascendental en la enseñanza de la sintaxis.

En el trabajo al que aludo se exponen las partes del currículo de la asignatura de Lengua castellana según la ley de educación así como las órdenes autonómicas en dicha materia en la comunidad de Castilla y León. Afortunadamente, se ve que la enseñanza de la gramática sigue conservando su espacio –se sigue otorgando importancia a la sintaxis, al menos en la región castellanoleonesa-, aunque, como he dicho en líneas precedentes, mucho más reducido que en otros tiempos y además, en ocasiones, no se trata este ámbito en profundidad hasta prácticamente cuarto de la ESO o los cursos de bachillerato. Se han ido dilapidando contenidos, reduciendo conocimientos y, tristemente, bajando el nivel de una forma muy acusada, algo que, posiblemente, afecte a la Educación en general. A veces, en la propia exposición curricular se plasman los contenidos con errores o al menos con planteamientos gramaticales que no suscribimos, pero ello no es óbice para poder enseñarlo correctamente en el aula. Ahí reside la grandeza de un gran profesor. Dicho esto, siempre he considerado que las corporaciones locales –la administración indudablemente más próxima al ciudadano- deberían tener más peso en la configuración y desarrollo del ámbito educativo y que, aun siendo una competencia autonómica, una estrecha colaboración en este campo resultaría harto beneficiosa.

En lo que respecta al sistema de representación gráfica del análisis sintáctico, creo que la forma de “árbol acostado” permite ver muy bien la estructura jerárquica de la oración y las relaciones que se establecen entre los distintos sintagmas. Dicho esto, soy muy consciente de la escasa viabilidad de imponer este tipo de esquema gráfico pues son muchos los años de representación del análisis sintáctico mediante el subrayado. Sin embargo, creo que al menos sí se debería enseñar esta forma de “árbol acostado” para que por lo menos se conozca, con independencia de que se siga empleando la tradicional, pues la gran mayoría desconoce por completo el sistema de “árbol acostado” y una primera aproximación o acercamiento, al menos para tener constancia de su existencia, creo que sería positivo.

En lo referente a la forma de estructurar los contenidos en los libros de texto, las opiniones son diversas, pero esto no reviste mayor problema, ya que, con independencia de cómo estén dispuestos los contenidos en el libro, cada profesor puede escoger el modo de ir impartiéndolos. Creo que la mezcolanza no es buena y que, gráficamente, en los libros deberían estar bien diferenciados los apartados, pero ello no quiere decir que cada temática (comunicación, gramática, léxico-semántica, ortografía, literatura…) tenga que corresponder con unas unidades diferentes o temas determinados y distintos. Al contrario, una misma unidad o un mismo tema puede englobar diversos aspectos de cada uno de esos apartados, pero sí es importante que se visualice bien cada uno de los bloques. Se pueden intercalar los distintos ámbitos en una misma unidad o tema, con páginas dedicadas a cada una de esas áreas, pero no contribuye a la claridad que en una misma página se mezclen todos los ámbitos en un “totum revolutum” poco práctico y escasamente didáctico. Pero, como digo, esto siempre puede quedar a voluntad del docente.

Habría que ir desterrando las definiciones defectuosas como la de sujeto como quien realiza la acción del verbo o la persona, animal o cosa de que decimos algo (esto último es el tema frente al rema o el soporte frente al aporte), sino que habrá de definirse como el sintagma nominal que concuerda en número y persona con el verbo. Y de igual forma, a diferencia de lo que ocurre la mayor parte de las veces, habría que erradicar la definición prototípica de oración como la unión de sujeto y predicado situando a ambos en el mismo nivel jerárquico. Porque el SN sujeto es un complemento argumental más del verbo y, por tanto, subordinado a este. Repárese en que, cuando enseñamos las oraciones subordinadas, hablamos de oración subordinada sustantiva de sujeto. En realidad, no es la oración la que está subordinada. La oración simplemente está transpuesta a categoría nominal (bien mediante transpositor o sin él en caso de infinitivos), lo que está subordinado al verbo es la función, que es la función de sujeto. Además, ello explicaría que haya oraciones sin sujeto, como las oraciones impersonales, sin recurrir constantemente a las excepcionalidades.

A ello habría que sumar la supresión de la etiqueta adverbial para las subordinadas de carácter circunstancial y, por otro lado, considerar la yuxtaposición como un tipo específico de coordinación caracterizado por la ausencia de nexo lexicalizado. Aunque no suele aparecer en los libros de texto, las relaciones que deberían enseñarse son: coordinación, subordinación e interdependencia (en este último caso, pueden ser ejemplos muy útiles los de las construcciones atributivas bimembres o construcciones absolutas: Terminada la reunión, se marcharon).

Otra de las propuestas que debería ir introduciéndose es el mecanismo de la transposición para explicar de forma sencilla y didáctica lo que tradicionalmente se ha venido denominando como sustantivaciones, adjetivaciones, adverbializaciones y también para la subordinación de las oraciones. Aunque aún se siga hablando de oraciones subordinadas, deberíamos ir enseñando el concepto de oraciones transpuestas.

No hay que olvidar la importancia de enseñar también los niveles jerárquicos de los complementos en relación con el verbo: complementos argumentales (argumentos), complementos circunstanciales, aditamentos o adjuntos y, finalmente, complementos periféricos. En estos últimos, también tendrían que indicarse sus tipos: atributos oracionales o atributos de modalidad (epistémica, axiológica o de modalidad pura), complementos de verbo enunciativo, tópicos de perspectiva y referencia, etcétera.

  • Felizmente, viven en Palencia –> Atributo oracional o atributo de modalidad
  • Sinceramente, Salduero es un pueblo soriano precioso –> Complemento de verbo enunciativo
  • Lingüísticamente, esa expresión refleja la cortesía mitigadora –> Tópico de perspectiva o referencia
  • Según el reglamento de circulación, esa maniobra no es correcta –> Tópico de perspectiva y referencia

Evidentemente, el alumno debe familiarizarse con conceptos fundamentales, como el de enunciado, unidad mínima comunicativa y unidad máxima de la gramática, caracterizada por su independencia fónica (delimitada por pausas y con curva de entonación determinada), su independencia formal (constituyendo un mensaje por sí mismo) e independencia semántica (con sentido completo). Y que cada enunciado consta de dos componentes: el esquema sintagmático y el signo enunciativo (modus).

Desde el punto de vista funcional, conviene que los alumnos distingan bien los conceptos de función, funtivo y relación. La función es el puesto que puede ocupar un segmento en un enunciado y es independiente de su contenido, de las palabras que ocupen esa función. Esas palabras que lo integran serán el funtivo. Y la relación es la posición jerárquica que un elemento tiene respecto a los otros. Así, en un enunciado oracional como Álex escucha música, Álex será el funtivo que ocupa la función de sujeto en este caso, y música sería el funtivo que desempeña la función de CD en este ejemplo, y ambas funciones estarían en relación de subordinación respecto del verbo escucha. Lo que está subordinado son las funciones sujeto y CD a la función núcleo oracional (el verbo), con independencia de los funtivos concretos que desempeñen esa función. Las funciones serían las mismas pero los funtivos serían distintos en una oración como Hugo oyó un ruido.

Otro concepto esencial es el de sintagma como palabra o grupo de palabras ordenadas en torno a un núcleo capaz de desempeñar una función sintáctica. Y los sintagmas pueden ser de distintos tipos según su categoría funcional. Y aquí habría que limitar el número de sintagmas al sintagma nominal –el que es capaz de desempeñar la función de sujeto, complemento directo, etc.-, sintagma verbal –el que es capaz de desempeñar la función de núcleo oracional-, sintagma adjetival –el que es capaz de desempeñar las funciones de adyacente nominal o complemento del nombre y atributo-  y sintagma adverbial –el que es capaz de desempeñar la función de adyacente o complemento del adjetivo o del adverbio-. No debe confundirse categoría funcional con categorías gramaticales, pues entre estas últimas pueden encontrarse las preposiciones o los pronombres.

Hablar de sintagma preposicional ha llevado a situaciones caóticas como que, desde el generativismo, se proponga la preposición, un elemento generalmente átono, que no puede aparecer aislado, de significado procedimental y no léxico, como núcleo, un disparate. Las preposiciones pueden ser índices funcionales (como la a de algunos complementos directos y del complemento indirecto) o transpositores (como en chico DE Palencia = chico palentino). Quizá por eso a estos segmentos, como hacía Gómez Torrego, habría que denominarlos construcciones preposicionales y alejarlos de la palabra sintagma.

Hay que dejar muy claro el orden jerárquico del enunciado y en este sentido señalar al verbo como núcleo oracional en torno al cual orbitan –con mayor o menor dependencia- los distintos complementos.

Además del SV, habrá que enseñar la estructura del SN, del SAdj y del SAdv. Así, por ejemplo, en la estructura del SN, además del núcleo, habremos de decir que puede haber adyacentes nominales o complementos del nombre que pueden ser adjetivos (o sintagmas nominales en aposición), pero también construcciones preposicionales cuya preposición convierte un sustantivo en adjetivo mediante la transposición. Así, al igual que en chico palentino, palentino es un SAdj en función de adyacente nominal o CN, en chico de Palencia, el primigenio SN Palencia queda transpuesto a categoría funcional adjetiva mediante la preposición de y por eso queda habilitado para desempeñar la función de CN. Lo mismo ocurre con una oración de relativo donde el pronombre o adverbio relativo transpone la oración a categoría funcional adjetivo y desempeña la función de CN: El chico que estudia mucho = El chico estudioso/aplicado; El conductor que comete infracciones al volante = El conductor infractor/imprudente/temerario.

La representación jerárquica para ver las relaciones de coordinación, por ejemplo entre adyacentes nominales o CN (El chico estudioso y aplicado), de subordinación o dependencia (en este caso los SAdj respecto del núcleo chico) o de interdependencia, se visualizan mejor mediante el sistema de “árbol acostado”, pero, dada su dificultad y escaso conocimiento, se puede ir enseñando todo esto con el tradicional método de subrayado hasta que se logre destreza en este nuevo modelo de representación gráfica que es el de árbol acostado.

Al enseñar la funciones sintácticas, habrá que incidir en sus diferentes niveles, para que vayan distinguiendo entre complementos argumentales (sujeto, CD, algunos CI, CRég o suplemento), los aditamentoso circunstanciales (adjuntos) y los periféricos. Acercar la gramática de valencias de Lucien Tesnière. Y así hablar también de verbos avalentes, monovalentes, bivalentes o divalentes y trivalentes atendiendo a todos los complementos argumentales que puedan exigir, y no solo de transitivos e intransitivos según tengan o no CD, aunque esto último también se enseñe, claro. Lo que no parece que tenga ninguna rentabilidad didáctica y que, por el contrario, invita a mucha confusión entre el alumnado son los conceptos de verbo inacusativo o inergativo, tan del gusto de la perspectiva generativista.

También es importante empezar a enseñar la identificación de los complementos verbales con definiciones rigurosas que se vayan alejando de aquellas definiciones prototípicas que generan confusión y pueden conducir a error.

Como se ha dicho, el sujeto debe definirse como el sintagma nominal que nunca puede llevar preposición y que está subordinado al verbo, con el que concuerda en número y persona, además de ser conmutable por los pronombres personales tónicos (yo, tú él…).

Llegado a este punto, hay que hacer ver los riegos de realizar las famosas preguntas al verbo. Ya que preguntarle ¿quién? al verbo no nos va a dar el SN sujeto en una oración como Me gustan las cervezas Alhambra. Otro tanto ocurre con el complemento directo cuando se insta a preguntar ¿qué o qué cosa? al verbo, pues hay CD de persona como en la oración Ayer vi a tu padre. Por eso, hay que insistir en la conmutación por clíticos pronominales átonos (lo, la, los, las) y señalar igualmente que la transformación en pasiva no siempre es posible (por ejemplo, con verbos tan frecuentes como haber o tener). Lo mismo sucede con el complemento indirecto, sobre el que hay que subrayar que siempre va precedido de la preposición a (índice funcional) y nunca por para, que se conmuta por los pronombres personales átonos le, les, etcétera. Y que en el complemento de régimen o suplemento la preposición está o viene regida por el verbo y admite la conmutación por pronombres personales tónicos precedidos de esa preposición que exija el lexema verbal (Confía en mí. Se arrepiente de ello. Se quejaron de eso).

Estos son los complementos argumentales del verbo (el CI a veces puede ser no argumental) y una de las pruebas para comprobarlo es la prueba de Happ, sustituirlo por “hacer+lo”: Hugo comió galletas en su habitación à Hugo lo hizo en su habitación. Existen otras pruebas como la necesidad de un indefinido en las estructuras ecuandicionales (Si algo comió Hugo fueron galletas. Si alguien comió galletas fue Hugo), pero que, quizá por su complejidad, resulte menos viable enseñarlas en según qué cursos. Todo esto, obviamente, se debe afianzar a través de la práctica sistemática de actividades y ejercicios que sirvan para consolidar los conocimientos adquiridos.

Respecto de los circunstanciales, aunque subordinados también al verbo, se hallan en una órbita más externa al verbo, gozan de cierta libertad posicional en la oración y, en contra de lo que suele pensarse, no son de naturaleza adverbial, aunque puedan estar desempeñados por adverbios. De hecho, la gran mayoría son sintagmas nominales, precedidos o no de preposición (Trabaja los lunes. Estudia en la biblioteca. Vino por sorpresa. Comí con mi novia. Etc.). No está de más incidir en el límite a veces difuso que se da entre algunos circunstanciales y complementos de régimen, esos que Guillermo Rojo llamaba complementos adverbiales y Alarcos, suplementos inherentes o adverbiales.

A la hora de tratar el atributo deberemos señalar su peculiaridad, ya que no se subordina solo al verbo, sino también y a la vez a un SN, que puede ser, generalmente, el sujeto o el CD (también a veces a otros complementos como el CI: A Álex le extrajeron la muela anestesiado). Y en caso de sustitución será por pronombres neutros, si se trata de ser, estar y parecer por lo: Karim está contento à Lo está.

Enlazando con lo anterior, se podrá enseñar que la tradicionalmente llamada pasiva perifrástica no es sino un modo de estructura atributiva, con la particularidad de que el atributo es un participio, y al ser un verboide va a poder llevar complementos, pero por lo demás es idénticamente formal a una oración atributiva o copulativa. Expresa sentido pasivo merced a la naturaleza del participio, pero formalmente es como una estructura atributiva.

Y ya que hablamos del participio, este puede ser el momento para tratar las formas no personales del verbo o verboides, es decir, infinitivo, gerundio y participio, y enseñar que estos son, a todos los efectos, sintagmas nominales, adverbiales –o adjetivales- y adjetivales respectivamente, pero que, merced a su naturaleza verbal, podrán llevar complementos argumentales o circunstanciales. En estos casos de formas no personales del verbo Alarcos prefería denominar al sujeto lógico como adyacente temático debido a que, al tratarse de formas no personales, no se puede establecer la correspondiente concordancia (Al llegar Álex a casa, empezamos a comer).

Finalmente, cuando se llegue a la oración compuesta y compleja, algo que cada vez se retrasa más y se va dejando para cursos superiores, será el momento de retomar el valiosísimo mecanismo de la transposición, con el que ya habrán de estar familiarizados los alumnos, pues al estudiar, por ejemplo, los complementos del nombre o adyacentes nominales ya se les habrá explicado como una preposición puede transponer un sustantivo a categoría funcional adjetiva: Parque de automóviles = parque automovilístico.

Así que, cuando se llegue a la subordinación, aun cuando se siga empleando este último término, habrá que ir barajando la posibilidad de enseñarlo como un mero fenómeno de transposición (salvo en el caso en que esta no haga falta, por ejemplo, en caso de infinitivos que funcionan formalmente como sintagmas nominales). Así, en una oración como Quiero que vengas, lo que se suele considerar oración subordinada sustantiva de CD, que es el segmento que vengas, deberá enseñarse diciendo que lo en realidad tenemos es una oración, vengas, que ha sido transpuesta/degradada/convertida en sintagma nominal a través del transpositor que y al ser ya un SN puede desempeñar las funciones propias de este. En este caso CD (se puede sustituir por lo: Quiero que vengas –> Lo quiero). Respecto del hecho de llamarla subordinada, bastará con decir una cosa muy fácil: En realidad lo que está subordinado no es ni la oración (transpuesta) ni la categoría funcional resultante (sintagma nominal), sino la función. Como la función es CD, y el CD (igual que el sujeto, el CI, el CRég, etc.) está subordinado al verbo pues por eso se habla de subordinación. Pero lo subordinado no es la oración (que, repetimos, está transpuesta a categoría funcional nominal para poder desempeñar funciones propias del SN), sino la función; aunque por tradición se siga hablando de oraciones subordinadas. Es por ello por lo que, poco a poco, incluso aunque se siga trabajando con alguna nomenclatura tradicional, hay que ir introduciendo estas enseñanzas para que el alumno compruebe como una oración puede quedar transpuesta a categoría nominal y así desempeñar las funciones propias de dicha categoría y lo inapropiado, por tanto, de ciertas etiquetas que se han venido empleando hasta la actualidad. Dicho esto, soy consciente de que no se pueden dar cambios drásticos ni abruptos, pero tampoco se puede permanecer en el inmovilismo más absoluto propio de un búnker anacrónico, así que poco a poco los libros de texto  y materiales escolares deberían al menos mostrar este mecanismo. No se reclama ningún rupturismo revolucionario, sino un reformismo sereno altamente beneficioso, que, al igual que en política, es lo que suele hacer avanzar hacia el progreso de los pueblos y de los ciudadanos.

En el caso anterior hemos ejemplificado el transpositor con la conjunción completiva que, propia de una oración declarativa o anunciativa, pero habrá que señalar a los alumnos que existen otros transpositores –y que incluso realizan función sintáctica dentro de la oración transpuesta (antigua subordinada)- como los determinantes, pronombres o adverbios interrogativos: Dime qué hora es. Cuéntale quién es esa chica tan guapa. Me gusta mucho cómo me enseñas todas estas cosas. Y lo mismo con los transpositores que son pronombres o adverbios relativos en las llamadas oraciones subordinadas adjetivas o de relativo del tipo El secreto que te conté o La casa donde vivimos, donde en este caso la oración queda transpuesta a categoría funcional adjetiva y por ello desempeña la función de CN (complemento del nombre o adyacente nominal). En este último caso hay que insistir a los alumnos en que el transpositor también realiza función sintáctica respecto al núcleo oracional en el que se encuentran.

Una vez que hayan entendido bien este mecanismo, será mucho más fácil desterrar ese lastre secular que ha supuesto la etiqueta de adverbiales propias e impropias. Pues, aun cuando su función pueda ser la de complemento circunstancial o complemento oracional, estos no tienen que ser de naturaleza adverbial. En primer lugar, las consideradas adverbiales propias (de lugar, tiempo, modo) pueden mostrarse como lo que son: oraciones de relativo sin antecedente expreso. Y en el célebre cajón de sastre de las mal llamadas adverbiales impropias, habrá que ir viendo caso por caso. En algunas pueden existir nexos conjuntivos y según su naturaleza se las podrá clasificar oportunamente (causales, consecutivas, concesivas, finales, condicionales, comparativas) pero refiriéndose a ellas como simples construcciones y quitando el desafortunado rótulo de adverbiales. Pero es que, además, en muchos casos verán que son también oraciones transpuestas a categoría funcional nominal, es decir, transformadas en un SN que, precedido de la correspondiente preposición, desempeña la función de complemento circunstancial (u oracional). Y así, en No vino porque estaba enfermo, podrán ver que hay una oración: Estaba enfermo, que están transpuesta a SN por el transpositor que y que junto con la preposición por, constituye una construcción preposicional con la función de complemento circunstancial de causa:  No vino por eso. Lo mismo con finales como Te lo llevé para que lo vieras –> Te lo llevé para eso. O con concesivas como A pesar de que no estuviste, te guardé un poco de tarta. –> A pesar de eso… Como se ve, en lugar de una preposición, puede ser una locución prepositiva (a pesar de). Y, evidentemente, en caso de infinitivo no hará falta nexo transpositor porque esa forma no personal del verbo ya tiene naturaleza –y categoría funcional- sustantiva o nominal: No vino por estar enfermo. Iré para verlo. A pesar de llover, salimos con los perros.

En fin, creo que estas pinceladas son suficientes para animar a que se vayan incluyendo en los libros de texto y materiales escolares ya que es una forma muy didáctica y empíricamente coherente con el rigor de una disciplina científica como la Lingüística, y, por ende, poco a poco sería conveniente y sobre todo enormemente positivo que se fueran introduciendo estos contenidos y desde esta perspectiva, ya no solo frente a la visión anticuada o postulados erróneos de la gramática tradicional, sino también frente a otros modelos tan preponderantes como el generativista, que a través de núcleos tácitos, de su animadversión hacia el mecanismo de la transposición y de otras teorías poco claras y diáfanas dificultan el aprendizaje de forma innecesaria cuando existen planteamientos exquisitamente coherentes, exhaustivos y simples que, desde el rigor más absoluto, describen los fenómenos de la lengua con gran sencillez ofreciendo, por tanto, el enfoque comunicativo y funcionalista una propuesta y una alternativa sugerentemente didáctica y educativamente cautivadora, a pesar de la gran proyección mediática de que goza el generativismo, bien sea por algunos de sus más prominentes gurús como Noam Chomsky –si bien probablemente más conocido por su activismo político propagandístico- o por la presencia en redes y otras atalayas de cierta repercusión desde las que muchas veces intentan imponer su criterio, sin humildad ninguna y desacreditando sin fundamento otras perspectivas teóricas sólidamente fundamentadas. Perspectivas que son fecundas y que se revelan fructíferas y enriquecedoramente provechosas en la enseñanza como las del funcionalismo lingüístico y sintáctico, del aquí hemos expuesto, grosso modo y con obligado trazo grueso, algunas cuestiones básicas con la esperanza de que quizá vayan apareciendo en libros de texto, materiales escolares y allá donde sea menester difundiendo con ese afán divulgativo y didáctico antes mencionado los beneficios de dicha perspectiva y paradigma metodológico y científico como es el que emana de la corriente lingüística funcional española. Aquel fantástico librito Análisis sintáctico I, de la editorial Anaya, de Salvador Gutiérrez Ordóñez, Manuel Iglesias Bango y Carmen Lanero Rodríguez, fue un gran ejemplo de ello y, además, contamos con magnífica bibliografía a partir de la que desarrollar este marco teórico funcional aplicado a la enseñanza media como son los libros recopilatorios La oración y sus funciones, Principios de sintaxis funcional y Forma y sentido en sintaxis de Salvador Gutiérrez Ordóñez sin olvidar el precedente magisterio alarquiano que, sin duda, abrió camino. 😉

Miguel Á. del Corral. Profesor de Lengua castellana y Literatura. Articulista y redactor

Aprovecho para dejar también esta magnífica conferencia de Salvador Gutiérrez Ordóñez, titulada “Más allá de la oración”, que pronunció con motivo del acto de apertura del curso académico 2024/2025 de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid. Como puede verse, en la primera parte se tratan algunos de los temas expuestos en el presente artículo. En la segunda parte desarrolla también la importancia del enunciado pragmático, de los implícito, de las implicaturas e inferencias, en definitiva, de cómo la pragmática se erige en una disciplina capital, especialmente a la hora de abordar períodos de mayor complejidad y, finalmente, habla también sobre la sintaxis de los actos de habla de los microdiscursos, reflejo de lo que ha ido avanzando la Lingüística, desde una perspectiva funcional, y que también debería ir llegando poco a poco a la enseñanza media. 😉

“Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible” de la RAE, obsequio de Salvador Gutiérrez Ordóñez

Este año Papá Noel ha llegado desde la RAE para traerme la Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible a través del ilustre y brillante lingüista y flamante académico Salvador Gutiérrez Ordóñez. Con dedicatoria incluida. Siempre me es especialmente grato recibir obsequios o mensajes afectuosos y positivos de buenos amigos (como Javi Sanse, Sergio Andrés, Álex Ballesteros –véase la fantástica reseña que me hizo-…) y lo mismo me ocurre con Salvador Gutiérrez, a quien tengo indudable aprecio y gran estima. Me alegra sobremanera que me reconozca como fidelísimo seguidor suyo –en la distancia- pues, sin duda, es, desde al menos mis quince años, uno de mis grandes referentes en el mundo lingüístico y en el mester filológico. Y, en la medida de mis posibilidades, he intentado ser difusor, de forma divulgativa, de todos sus estudios gramaticales desde una perspectiva funcional.

Dicho todo ello, a su sapientísimo y enriquecedor magisterio hay que sumar su gentileza, amabilidad y bondad que lo convierten en una personalidad admirablemente sobresaliente.

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En cuanto a la Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible de la RAE, de la que él ha sido ponente, se trata de una especie de mapa esquemático con informaciones esenciales para intentar acabar con ese lenguaje farragoso, alambicado, abstruso, árido e incluso opaco que tanto abunda en muchos ámbitos tanto científicos como humanísticos. Por ello se comienza con aquel consejo de maese Pedro en el Quijote: “Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala”.

Quienes, como opositores a administrativo de corporaciones locales, hemos tenido que bregar con el estudio de mucha legislación sabemos bien lo tediosos que resultan en ocasiones los textos jurídico-administrativos, pero es que ello, además, muchas veces puede ocasionar perjuicios en cualquier ciudadano, ya que este puede llegar a no comprender el mensaje ni captar el contenido de lo que allí se dice. Por ello se antoja esencial ese lenguaje claro y accesible que, sin perder rigor, pueda ser entendido por todos. En la guía aparecen interesantes citas de quienes ya reclamaban esa claridad en los textos, desde Alfonso X el Sabio hasta el barón de Montesquieu, pasando por Montaigne, Quevedo o Jovellanos. Sin olvidar alguna reflexión machadiana a través de Juan de Mairena.

A las propiedades del texto (coherencia, cohesión y adecuación) se suman otros tantos principios comunicativos trascendentales para que esa interacción no se salde con un fracaso Todos esos principios son: claridad, coherencia, cortesía, orden, verdad, adecuación, conveniencia, eficacia, eficiencia y relevancia. Con ello se revindica y se apuesta por un lenguaje claro, en clara conexión con ese derecho a comprender, que se erige en pilar fundamental del espíritu democrático que ha de vertebrar un Estado de Derecho pues el hecho de entender las normas convierte a un súbdito en ciudadano.

Se advierte de los terribles perjuicios que ocasiona la opacidad en el lenguaje en multitud de campos (desde la medicina al derecho pasando por la propia disciplina lingüística) y los beneficios que, por el contrario, tienen una redacción y lenguaje claros, tanto para ciudadanos como para instituciones y administraciones. Estas ventajas pueden experimentarse en la lectura de cualquier texto, desde una notificación de Tráfico hasta el modelo de una instancia o solicitud pasando por el prospecto de un medicamento, las instrucciones de montaje de un mueble o las indicaciones para conducir correctamente un vehículo.

Bien sabemos los funcionalistas que el lenguaje es en gran medida comunicación y para que esta sea fructífera debe ser clara, diáfana y accesible a todos. Son especialmente nocivas las consecuencias de un lenguaje oscuro, incomprensible, opaco y retorcido como el que muchos pueden encontrarse al firmar una hipoteca, comprar un vehículo o un inmueble, realizar cualquier tipo de contrato y hasta descifrar el recibo de la luz o un requerimiento por parte de una administración… De la política mejor no hablamos. Porque hoy casi todos los políticos no paran de hablar con ridícula verborragia, pero pocas veces para decir algo. Al menos algo coherente. Y las más de las veces para mentir o distorsionar la realidad.

Por ello, en esa guía, de forma sucinta, concisa, breve y resumida, se ofrecen algunos consejos y determinadas pautas que pueden contribuir a ello. A dar luz y claridad a los mensajes reconociendo así ese derecho a comprender de todos. Aunque, a la vez, todos también deben hacer un esfuerzo por adquirir conocimientos, culturizarse, pertrecharse de los instrumentos necesarios para no poder ser embaucados. Y, sin duda, una de las herramientas más importantes del ser humano es la lengua, que además es el paradigma democrático por excelencia por cuanto depende del propio uso que de ella hacen los hablantes. Y hasta la norma, hoy sujeta a criterios empíricos y coherentes propios de una ciencia, emana del uso mayoritario del nivel culto. Y por supuesto hay que entender el contexto, la situación, y, evidentemente, habrá circunstancias que requieran un mayor grado de formalidad e incluso de virtuosa elocuencia, pero nunca a través del lenguaje opaco, oscuro, turbio, confuso, ambiguo, intrincado, engañoso. A veces hasta límites tan extremos que llegan a pervertirlo con determinados y espurios fines como bien queda reflejado en la neolengua orwelliana.

Por ello, en esa misma guía no solo de habla de expresarse con claridad, sino también de mejorar el nivel de conocimientos y la competencia comunicativa, tanto de profesionales (sean juristas, periodistas, docentes, científicos, médicos…) como de ciudadanos en general. De hecho, los planes de estudios de la carrera de Derecho (y otras como Trabajo Social, Relaciones Laborales, Periodismo…) deberían contar con materias como Gramática Normativa, Expresión Oral y Escrita, Retórica, Discurso… Y no solo eso, sino que en muchas oposiciones, no solo en las que se exija carrera de Derecho, sino también al menos en las de administrativo y auxiliar administrativo (ya sean estatales, autonómicas o de corporaciones locales) deberían incluirse pruebas en las que el concursante u opositor demostrara habilidades lingüísticas y gramaticales que revelen una solvente capacidad comunicativa. Solo vi hace algún tiempo que en algunas de subalterno, y cada vez menos, se hacían test de cultura general (ortografía, gramática, aritmética…), pero en el resto nada. Y es un grave error. Porque una excelente competencia comunicativa -y más en el ámbito administrativo- contribuiría a un mejor funcionamiento, eficacia, eficiencia y ahorro de las administraciones, además de dar una buena imagen de estas y de las correspondientes instituciones.

Y, de igual forma, en el ámbito educativo debería acercarse al alumnado al menos a los rudimentos básicos y fundamentales del ámbito jurídico-administrativo y legislativo. A veces salen sin saber qué es un acta de nacimiento o de defunción, un contrato matrimonial o la gestión de una herencia. Igual que desde algunas asignaturas se da educación para la salud, también debería establecerse una materia -sin que vaya en detrimento de las actuales y muchos menos de la trascendental de Lengua castellana– donde se enseñaran, asépticamente, los derechos y los deberes, el comportamiento cívico, el funcionamiento de la Administración de cada país y los rudimentos legales que son necesarios para la vida, que proporcionarían el conocimiento de trámites y una competencia mínima en la comprensión de nociones básicas y terminología jurídica. Obviamente, los medios de comunicación también desempeñan un papel muy importante como mediadores, a la hora de transmitir informaciones, para hacer comprensibles muchos aspectos de ámbitos que tiene su léxico especializado. Por eso resultan esenciales periodistas especializados en la materia que sepan explicar, y llegado el caso traducir, la complejidad de ciertas noticias para hacerlas entendibles al pueblo llano, pero siempre con rigor y escrupuloso respeto a la verdad. Además de ello, existen las distintas obras académicas que ha desarrollado la RAE y su exquisito servicio de consultas del departamento de «Español al día» donde, a través de las redes sociales, se dan respuestas a todas las dudas sobre la norma que plantean los ciudadanos. Un servicio de un valor infinito.

En cualquier caso, esta guía ha sido un gran regalo de mi admirado Salvador Gutiérrez, a quien una vez más, desde este humilde blog, le reitero el generoso gesto y amabilísimo detalle. Así que, ¡cómo no voy a ser un funcionalista confeso y declarado! Bien lo saben mis mejores amigos y gente más próxima. ¡Larga vida al funcionalismo lingüístico! Y contribuyamos todos, con un correcto empleo de la lengua, a ser más claros en nuestros mensajes porque en ello se asienta el gran fenómeno que es el proceso comunicativo en el que –sobre todo a través de la lengua- estamos inmersos contantemente a lo largo de nuestra existencia, en nuestro quehaceres cotidianos y que resulta fundamental en nuestro día a día y, en definitiva, en nuestro proyecto de vida.

Influencias y fuentes de las teorías sintácticas de Emilio Alarcos Llorach

Quienes me conocen saben bien de mis grandes referentes dentro del ámbito lingüístico, entre los que sin duda se encuentran y se erigen como figuras fundamentales Emilio Alarcos Llorach y Salvador Gutiérrez Ordóñez. Y prueba de ello es que buenos amigos míos, como Álex Ballesteros Latorre, Javi Sanse o Edu Aguado, me habrán oído multitud de veces citarlos o aludir a ellos, así como a la que considero mi corriente lingüística: el funcionalismo, paradigma metodológico al que me adscribo orgulloso y sobre el que, humildemente, he intentado hacer la máxima difusión posible con un carácter eminentemente didáctico. Algo que data de mis tiempos adolescentes cuando, merced a mi precocidad intelectual -especialmente manifiesta en el terreno lingüístico-, mi profesor de Lengua castellana (y tutor) Miguel Ángel Calleja de la Puente me abrió la puerta al magisterio alarquiano y de sus brillantes continuadores (como es el caso de Salvador Gutiérrez).

Por todo ello quiero compartir en mi blog este estupendo trabajo, unas 315 páginas exquisitas y fantásticas que versan sobre las influencias que pudo tener el maestro Alarcos Llorach a la hora de configurar sus ideas y pensamiento en lo que se refiere a la sintaxis. Alarcos fue el instaurador y principal representante del funcionalismo sintáctico del español y autor en base al que muchos otros construyen sus propias teorías gramaticales, como su más aventajado discípulo, mi admirado Salvador Gutiérrez.

Se trata de una extraordinaria tesis doctoral de Pablo García González, dirigida por Salvador Gutiérrez Ordóñez y Manuel Iglesias Bango, que tiene como objetivo arrojar algo de luz al respecto de la temática antes mencionada, con la intención de determinar de una forma más o menos clara, y aportando las pruebas necesarias para ello, cuáles son las fuentes de las que bebió Emilio Alarcos a la hora de desarrollar su teoría sintáctica y, con ello, determinar las influencias tempranas de todo el funcionalismo sintáctico posterior. Para lograr dicho objetivo, se desarrolla un estudio comparativo entre las teorías del autor salmantino y las de los principales autores del estructuralismo europeo (André Martinet –figura trascendental del funcionalismo francés y europeo-, Charles Bally, Albert Sechehaye, Émile Benveniste, Lucien Tesnière –gramática de valencias-) así como de las de algunos de los más prominentes gramáticos de la tradición española de los siglos XIX y XX (Vicente Salvá, Andrés Bello –capital para Alarcos-, Eduardo Benot, Rodolfo Lenz, Rafael Seco, Samuel Gili Gaya –también de gran importancia para el erudito salmanticense-), pudiendo así determinar qué aspectos han podido verse inspirados por qué autores.

Vaya por delante mi más sincera enhorabuena a Pablo García González por este magnífico trabajo que sin duda disfruté muchísimo leyendo… Y yo no puedo sino modestamente aportar mi granito de arena dándole difusión en este humilde rincón de mi web.

Aprovecho también para dejar la presentación que hizo Alarcos de la conferencia de Noam Chomsky en el paraninfo de la Universidad de Oviedo el 1 de diciembre de 1992. Como se sabe, Chomsky y Alarcos estaban en las antípodas, no ya solo ideológicas referentes al nivel político, sino especialmente intelectuales a la hora de abordar el estudio de la lengua. De hecho, y dejando a un lado el cognitivismo –más orientado a una vertiente psicológica o psicologicista del sistema lingüístico-, las dos corrientes principales en investigación lingüística han sido el generativismo y el funcionalismo. Prueba de las profundas divergencias de ambas sendas metodológicas es que el propio Alarcos, fiel a su humor, establece una divertida analogía a propósito del encuentro que mantuvieron en su día el líder conservador español Manuel Fraga Iribarne y el dictador comunista cubano Fidel Castro, reflejando también la gran disparidad ideológica entre ambos que no impidió aquel encuentro, tan sorprendente y chocante para muchos como podría ser el del propio Alarcos con el gurú del generativismo. Repárese en que lo hace en clave de humor y, de hecho, para evitar malentendidos, rechaza expresamente cualquier coincidencia entre él y el político gallego o la revolución cubana y la corriente chomskiana –aunque en este último caso quizá sí que hubiera ciertas sinergias-.

Me parece muy interesante el texto alarquiano porque refleja muy bien las diferencias entre el generativismo y el funcionalismo y lo ejemplifica con geólogos y geógrafos, quienes, aunque se ocupen de un mismo objeto de estudio: la tierra, lo hacen desde perspectivas harto diferentes. Por tanto, ambas corrientes recorren caminos distintos. Y es que, como afirma certeramente, los generativistas hacen lingüística del lenguaje, esto es, de la capacidad o facultad biológica que tiene el ser humano para comunicarse (perspectiva biologicista y psicologicista) y de ahí su propensión a la universalización (aparte de su interés por los lenguajes artificiales, los lenguajes formales, con reglas predefinidas, que tiene su aplicación en el mundo de la computación, pero que carecen de la espontaneidad inherente a las lenguas naturales), mientras que los funcionalistas –me incluyo- hacemos lingüística de las lenguas, de cada uno de los sistemas –distintos entre sí-, de esos códigos que cada comunidad de hablantes emplea –hablantes españoles, ingleses, franceses, chinos, gallegos o rumanos…- en cada realización individual que sería el habla. Por eso nosotros nos fijamos en lo particular de cada lengua y lo describimos y analizamos atendiendo también al contexto y situación comunicativa, fijándonos en el uso, y adoptando, por ende, una perspectiva social o sociologista, atendiendo también a disciplinas relevantes como la Pragmática.

Dicho todo ello, el motivo que llevó a Chomsky a dar aquella conferencia no fue su trascendencia en el ámbito lingüístico, sino que la invitación a participar en dicha conferencia se produjo merced a su repercusión política pues es esta la que lo convirtió en un personaje mediático y conocido, al menos entre el público general no especialista. Alarcos, con su gran perspicacia, realiza también su crítica sutil al referirse a Noam Chomsky como “profeta”, no en el sentido de adivino, sino en el de quien habla en nombre de alguien, tal como hacen muchos propagandistas que se erigen en altavoces del resto del mundo sin que nadie les haya delegado ni otorgado esa función. A pesar de ello, Alarcos, como tantos otros, no tiene problema en compartir la denuncia de la injusticia social, pero, al mismo tiempo, desde su sano, inteligente y sagaz escepticismo, no se fía. No se fía de los políticos o los poderes fácticos que perpetran injusticias, pero deja entrever que tampoco de aquellos que se erigen en salvadores del mundo cual mesiánicos profetas a la captura de nuevos adeptos de su dogmático ideario. Y ya se sabe que si algo caracterizó a Alarcos fue la total ausencia de dogmatismo así como un profundo espíritu liberal hasta los tuétanos y ese sano eclecticismo del que tanto hablaba y que muchas veces ha remarcado Salvador Gutiérrez, tal como queda reflejado al inicio de la tesis doctoral de Pablo García González antes compartida. De esta presentación, como digo, me quedo con ese paralelismo didáctico a modo de ejemplo entre geólogos y geógrafos, quienes, aun tratando lo mismo (la tierra), lo hacen desde enfoques distintos, y me quedo también con la diferencia esencial entre aquellos con pretensiones universalizadoras que se dedican a la lingüística del lenguaje (los generativistas, con sus lenguajes artificiales) y quienes, más humildemente, nos dedicamos a la lingüística de las lenguas (los funcionalistas), es decir, a las distintas gramáticas de esos códigos sistemáticos (los idiomas, las lenguas naturales) que tiene cada comunidad de hablantes atendiendo también al contexto, a la situación, a que la lengua, en definitiva, como bien afirma Alarcos en La Lingüística hoy, es una institución humana y social –como el derecho o las costumbres- y, por consiguiente, concibiéndola como una ciencia humana y social, tal como la estudiamos los funcionalistas y Alarcos, Salvador Gutiérrez o Pablo García son un diáfano, luminoso y enriquecedor ejemplo de todo ello. Ahí dejo el texto para quien desee echarle un vistazo. 😉

Volviendo de nuevo al gran Pablo García González, no quiero dejar pasar la oportunidad de recomendar vivamente su Trabajo Fin de Máster (de docentes de educación secundaria): «EL FUNCIONALISMO SINTÁCTICO. Una alternativa a la gramática tradicional en la enseñanza de sintaxis».

Lingüística de la Comunicación

He aquí la interesante tesis doctoral (dirigida por Manuel Iglesias Bango, Universidad de León) de Cristina García González, de muy recomendable lectura y relectura, por cuanto trata y recopila varios trabajos y artículos sobre el paradigma del funcionalismo lingüístico y la trascendencia, en el ámbito hispánico, de su precursor, D. Emilio Alarcos Llorach, cuyos discípulos, como Salvador Gutiérrez Ordóñez, han ido desarrollando, desde esa corriente metodológica, nuevos campos de estudios como los que añaden una sugestiva perspectiva pragmática.

VISIÓN PANORÁMICA DEL FUNCIONALISMO ESPAÑOL

Y, precisamente, entroncando con lo anterior tenemos esta magnífica conferencia de otra funcionalista como Catalina Fuentes que, sin abandonar ni renunciar al estudio de la gramática tradicional de corte estructural-funcional, cree perfectamente posible –y deseable- ampliar ese marco teórico con el ámbito pragmático forjando eso que podríamos llamar Lingüística de la Comunicación. Muy interesante.

 

 

Asimismo, son muy interesantes los capítulos elaborados por Manuel Iglesias Bango y Carmen Lanero Rodríguez, de la Universidad de León (del equipo capitaneado por Salvador Gutiérrez Ordóñez), para el Manual de lingüística española de Emilio Ridruejo (Universidad de Valladolid): Las estructuras sintácticas simples y Las estructuras sintácticas complejas.

Las estructuras sintácticas simples

Las estructuras sintácticas complejas

Y, por último, una entrañable entrevista a Salvador Gutiérrez Ordóñez (Universidad de León) por parte de su buen amigo zamorano Julio Borrego Nieto (Universidad de Salamanca).

Conferencia: «Fundamentos metodológicos de la sintaxis funcional» – Salvador Gutiérrez Ordóñez

Conferencia Inaugural: Fundamentos metodológicos de la sintaxis funcional. Salvador Gutiérrez Ordóñez. De canal UNED. Presentan: José Carlos García Cabrero, Vicedecano de Calidad e Innovación de la UNED, y Mario García-Page Sánchez, Representante Equipo de Investigación 3: Estudios lingüísticos: perspectiva sincrónica y diacrónica. Serie: VIII Seminario Internacional de Investigación de Estudios Filológicos. 

Salvador Gutiérrez Ordoñez, catedrático de Lingüística General de la Universidad de León. Miembro de número de la Real Academia Española.

Leonardo Gómez Torrego (entrevista)

L. Gómez Torrego. Doctor en Filología Románica, profesor agregado y catedrático de instituto de enseñanza secundaria y científico titular del CSIC. Ha sido profesor en las universidades Autónoma y Complutense de Madrid y en la Universidad de Puerto Rico. Imparte cursos y másteres, entre otros, en la UIMP de Santander, en el Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid, en las universidades de Salamanca y Complutense de Madrid. Ha colaborado con la Real Academia Española en la elaboración de la Nueva gramática de la lengua española y en el Diccionario panhispánico de dudas. Académico correspondiente de la RAE.

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He aquí una entrevista (en tres partes) de hace algún tiempo al reconocido filólogo y didáctico gramático Leonardo Gómez Torrego. 🙂

 

 

 

 

 

 

Emilio Alarcos Llorach, excelso lingüista, gramático «demótico» y didáctico, sagaz crítico literario… y cautivador poeta

El maestro Alarcos, el más brillante lingüista de la segunda mitad del siglo XX, al que nada del lenguaje le fue ajeno, que cultivó con soberbia maestría todos los palos del amplio mester filológico, que fue también agudo y perspicaz crítico literario y un sensacional gramático de excepción (que calificó su propia gramática de «demótica», esto es, popular) también se reveló como un poeta secreto, hondo y verdadero, auténticamente sublime, cuyos poemas salieron a la luz de manera póstuma. En el siguiente vídeo se comentan dichos poemas, reunidos en el Mester de poesía (editorial Visor).

Y en este otro vídeo se puede ver -y oír- al maestro Alarcos con motivo de la celebración del llamado «milenario» de la lengua española. 😉

Y, finalmente, aquí podemos contemplar al maestro Alarcos en el Acto Académico de Investidura como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Valladolid junto a Manuel Alvar y Rafael Lapesa. 🙂

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Salvador Gutiérrez Ordóñez: Discurso de ingreso en la RAE

Quiero aprovechar esta entrada para dejar el magnífico discurso de ingreso en la Real Academia Española de uno de mis referentes en Lingüística, Salvador Gutiérrez Ordóñez, catedrático de Lingüística General de la Universidad de León, discípulo del ilustre lingüista y erudito Emilio Alarcos Llorach y una de las figuras indiscutibles de la corriente funcionalista. El sensacional discurso (2008) puede verse en vídeo o leerse por escrito. Llevó por título Del arte gramatical a la competencia comunicativa.

Discurso de ingreso en la RAE – S. Gutiérrez Ordóñez

Y he aquí también su interesante trabajo “¿Es necesario el concepto de ‘oración’?

¿Es necesario el concepto de «oración»?

Los dos principios fundamentales de que parte el razonamiento de Gutiérrez Ordóñez para la definición y caracterización de la oración son: 1.- La oración es una unidad lingüística; por lo tanto, su caracterización ha de ser inmanente. 2.- La oración es una unidad sintáctica.

El número de definiciones de la oración a lo largo de la historia sobrepasa generosamente las tres centenas debido a una larguísima lista de replanteamientos a que ha dado lugar un tema tan arduo y complejo. Muchos son los problemas: No existe un único concepto “oración”, sino muchos; el término “oración” coexiste frecuentemente con otras designaciones (“frase”, “sentencia”, “enunciado”, “cláusula”, “proposición”, “colon”, “inciso”, etc.) que en unos casos se contemplan como sinónimos suyos y en otros, no; además no siempre se han aplicado los mismos criterios en su caracterización ya que estos pueden ser: semánticos, lógicos, psicológicos, formales, funcionales, etc.; y las diferentes definiciones de oración no siempre abarcan usos designativos idénticos, así, por ejemplo, para algunos autores secuencias como Gran actuación circense o ¡El trapero! son oraciones auténticas, mientras que otros les niegan esta propiedad. Leyendo el trabajo de Gutiérrez Ordóñez se podrá profundizar en ello. 😉

Emilio Alarcos Llorach

Vídeo institucional de la UNED de cuando se le concedió a título póstumo el doctorado “Honoris Causa” al más brillante lingüista de la segunda mitad del siglo XX en España, D. Emilio Alarcos Llorach, maestro de los profesionales de la lengua española, crítico literario, poeta y gramático de excepción, auténtica referencia insoslayable de todos aquellos apasionados por el estudio de la lengua española y de sus intrincados vericuetos filológicos, un intelectual de primer orden y núcleo esencial para todos los interesados por las Humanidades (año 1998).

Entrevista a Emilio Alarcos LlorachJosé Mondéjar entrevista a Emilio Alarcos (Universidad de Granada, Facultad de Filosofía y Letras, 1990) con motivo del ciclo El intelectual y su memoria. La presentación primera corre a cargo de un joven Luis García Montero.

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