Influencias y fuentes de las teorías sintácticas de Emilio Alarcos Llorach

Quienes me conocen saben bien de mis grandes referentes dentro del ámbito lingüístico, entre los que sin duda se encuentran y se erigen como figuras fundamentales Emilio Alarcos Llorach y Salvador Gutiérrez Ordóñez. Y prueba de ello es que buenos amigos míos, como Álex Ballesteros Latorre, Javi Sanse o Edu Aguado, me habrán oído multitud de veces citarlos o aludir a ellos, así como a la que considero mi corriente lingüística: el funcionalismo, paradigma metodológico al que me adscribo orgulloso y sobre el que, humildemente, he intentado hacer la máxima difusión posible con un carácter eminentemente didáctico. Algo que data de mis tiempos adolescentes cuando, merced a mi precocidad intelectual -especialmente manifiesta en el terreno lingüístico-, mi profesor de Lengua castellana (y tutor) Miguel Ángel Calleja de la Puente me abrió la puerta al magisterio alarquiano y de sus brillantes continuadores (como es el caso de Salvador Gutiérrez).

Por todo ello quiero compartir en mi blog este estupendo trabajo, unas 315 páginas exquisitas y fantásticas que versan sobre las influencias que pudo tener el maestro Alarcos Llorach a la hora de configurar sus ideas y pensamiento en lo que se refiere a la sintaxis. Alarcos fue el instaurador y principal representante del funcionalismo sintáctico del español y autor en base al que muchos otros construyen sus propias teorías gramaticales, como su más aventajado discípulo, mi admirado Salvador Gutiérrez.

Se trata de una extraordinaria tesis doctoral de Pablo García González, dirigida por Salvador Gutiérrez Ordóñez y Manuel Iglesias Bango, que tiene como objetivo arrojar algo de luz al respecto de la temática antes mencionada, con la intención de determinar de una forma más o menos clara, y aportando las pruebas necesarias para ello, cuáles son las fuentes de las que bebió Emilio Alarcos a la hora de desarrollar su teoría sintáctica y, con ello, determinar las influencias tempranas de todo el funcionalismo sintáctico posterior. Para lograr dicho objetivo, se desarrolla un estudio comparativo entre las teorías del autor salmantino y las de los principales autores del estructuralismo europeo (André Martinet –figura trascendental del funcionalismo francés y europeo-, Charles Bally, Albert Sechehaye, Émile Benveniste, Lucien Tesnière –gramática de valencias-) así como de las de algunos de los más prominentes gramáticos de la tradición española de los siglos XIX y XX (Vicente Salvá, Andrés Bello –capital para Alarcos-, Eduardo Benot, Rodolfo Lenz, Rafael Seco, Samuel Gili Gaya –también de gran importancia para el erudito salmanticense-), pudiendo así determinar qué aspectos han podido verse inspirados por qué autores.

Vaya por delante mi más sincera enhorabuena a Pablo García González por este magnífico trabajo que sin duda disfruté muchísimo leyendo… Y yo no puedo sino modestamente aportar mi granito de arena dándole difusión en este humilde rincón de mi web.

Aprovecho también para dejar la presentación que hizo Alarcos de la conferencia de Noam Chomsky en el paraninfo de la Universidad de Oviedo el 1 de diciembre de 1992. Como se sabe, Chomsky y Alarcos estaban en las antípodas, no ya solo ideológicas referentes al nivel político, sino especialmente intelectuales a la hora de abordar el estudio de la lengua. De hecho, y dejando a un lado el cognitivismo –más orientado a una vertiente psicológica o psicologicista del sistema lingüístico-, las dos corrientes principales en investigación lingüística han sido el generativismo y el funcionalismo. Prueba de las profundas divergencias de ambas sendas metodológicas es que el propio Alarcos, fiel a su humor, establece una divertida analogía a propósito del encuentro que mantuvieron en su día el líder conservador español Manuel Fraga Iribarne y el dictador comunista cubano Fidel Castro, reflejando también la gran disparidad ideológica entre ambos que no impidió aquel encuentro, tan sorprendente y chocante para muchos como podría ser el del propio Alarcos con el gurú del generativismo. Repárese en que lo hace en clave de humor y, de hecho, para evitar malentendidos, rechaza expresamente cualquier coincidencia entre él y el político gallego o la revolución cubana y la corriente chomskiana –aunque en este último caso quizá sí que hubiera ciertas sinergias-.

Me parece muy interesante el texto alarquiano porque refleja muy bien las diferencias entre el generativismo y el funcionalismo y lo ejemplifica con geólogos y geógrafos, quienes, aunque se ocupen de un mismo objeto de estudio: la tierra, lo hacen desde perspectivas harto diferentes. Por tanto, ambas corrientes recorren caminos distintos. Y es que, como afirma certeramente, los generativistas hacen lingüística del lenguaje, esto es, de la capacidad o facultad biológica que tiene el ser humano para comunicarse (perspectiva biologicista y psicologicista) y de ahí su propensión a la universalización (aparte de su interés por los lenguajes artificiales, los lenguajes formales, con reglas predefinidas, que tiene su aplicación en el mundo de la computación, pero que carecen de la espontaneidad inherente a las lenguas naturales), mientras que los funcionalistas –me incluyo- hacemos lingüística de las lenguas, de cada uno de los sistemas –distintos entre sí-, de esos códigos que cada comunidad de hablantes emplea –hablantes españoles, ingleses, franceses, chinos, gallegos o rumanos…- en cada realización individual que sería el habla. Por eso nosotros nos fijamos en lo particular de cada lengua y lo describimos y analizamos atendiendo también al contexto y situación comunicativa, fijándonos en el uso, y adoptando, por ende, una perspectiva social o sociologista, atendiendo también a disciplinas relevantes como la Pragmática.

Dicho todo ello, el motivo que llevó a Chomsky a dar aquella conferencia no fue su trascendencia en el ámbito lingüístico, sino que la invitación a participar en dicha conferencia se produjo merced a su repercusión política pues es esta la que lo convirtió en un personaje mediático y conocido, al menos entre el público general no especialista. Alarcos, con su gran perspicacia, realiza también su crítica sutil al referirse a Noam Chomsky como “profeta”, no en el sentido de adivino, sino en el de quien habla en nombre de alguien, tal como hacen muchos propagandistas que se erigen en altavoces del resto del mundo sin que nadie les haya delegado ni otorgado esa función. A pesar de ello, Alarcos, como tantos otros, no tiene problema en compartir la denuncia de la injusticia social, pero, al mismo tiempo, desde su sano, inteligente y sagaz escepticismo, no se fía. No se fía de los políticos o los poderes fácticos que perpetran injusticias, pero deja entrever que tampoco de aquellos que se erigen en salvadores del mundo cual mesiánicos profetas a la captura de nuevos adeptos de su dogmático ideario. Y ya se sabe que si algo caracterizó a Alarcos fue la total ausencia de dogmatismo así como un profundo espíritu liberal hasta los tuétanos y ese sano eclecticismo del que tanto hablaba y que muchas veces ha remarcado Salvador Gutiérrez, tal como queda reflejado al inicio de la tesis doctoral de Pablo García González antes compartida. De esta presentación, como digo, me quedo con ese paralelismo didáctico a modo de ejemplo entre geólogos y geógrafos, quienes, aun tratando lo mismo (la tierra), lo hacen desde enfoques distintos, y me quedo también con la diferencia esencial entre aquellos con pretensiones universalizadoras que se dedican a la lingüística del lenguaje (los generativistas, con sus lenguajes artificiales) y quienes, más humildemente, nos dedicamos a la lingüística de las lenguas (los funcionalistas), es decir, a las distintas gramáticas de esos códigos sistemáticos (los idiomas, las lenguas naturales) que tiene cada comunidad de hablantes atendiendo también al contexto, a la situación, a que la lengua, en definitiva, como bien afirma Alarcos en La Lingüística hoy, es una institución humana y social –como el derecho o las costumbres- y, por consiguiente, concibiéndola como una ciencia humana y social, tal como la estudiamos los funcionalistas y Alarcos, Salvador Gutiérrez o Pablo García son un diáfano, luminoso y enriquecedor ejemplo de todo ello. Ahí dejo el texto para quien desee echarle un vistazo. 😉

Volviendo de nuevo al gran Pablo García González, no quiero dejar pasar la oportunidad de recomendar vivamente su Trabajo Fin de Máster (de docentes de educación secundaria): «EL FUNCIONALISMO SINTÁCTICO. Una alternativa a la gramática tradicional en la enseñanza de sintaxis».

La importancia de la memoria en la educación

Ahora que, aun cuando siga ejerciendo como profesor de Lengua castellana, también estoy opositando para la gestión administrativa y, por ende, estudiando mucha legislación (Constitución española, Estatuto de Autonomía de Castilla y León, Ley 7/1985 Reguladora de las Bases de Régimen Local, Ley 39/2015 de Procedimiento Administrativo Común, Ley 40/2015 de Régimen Jurídico del Sector Público, Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de hombres y mujeres, Real Decreto Legislativo 2/2004 del texto refundido de la Ley Reguladora de las Haciendas Locales, Ley 19/2013 de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno o el Real Decreto Legislativo 5/2015 del texto refundido del Estatuto Básico de Empleado Público, entre otras muchas) y cuestiones del ámbito jurídico-administrativo, amén de mi formación en el ámbito de la Filología y la Lingüística (especialmente la de corte funcional), quisiera resaltar la importancia capital de la memoria, tan injustamente denostada hogaño pues, si bien es cierto que todo exceso es malo y que el aprendizaje no ha de basarse únicamente en la capacidad memorística de cada individuo, se antoja esencial ejercitar la memoria y las prácticas nemotécnicas pues estas se erigen en una herramienta fundamental en nuestra vida: nos permiten relacionar datos, recordar hechos y acontecimientos, incluso automatizar prácticas, que son de especial relevancia en el día a día y, en consecuencia, desterrar la memoria y condenarla al ostracismo también se ha demostrado un error mayúsculo.

Para ello nada mejor que compartir unas palabras de mi admirado lingüista Salvador Gutiérrez Ordóñez, probablemente mi mayor referente intelectual y personal, en las que reivindica esa potencia del alma (junto a la voluntad y el entendimiento) que es la memoria, el “tesoro de la elocuencia” como bien dijera el pedagogo y retórico hispanorromano Quintiliano. Como dice Salvador Gutiérrez, la memoria no solo es buena en sí misma, sino que multiplica el rendimiento de las demás facultades y por ello es un músculo que es necesario ejercitar. Aquí dejo el delicioso y sublime texto de Salvador Gutiérrez Ordóñez con motivo de un certamen de oratoria. ¡Larga vida a la fecunda y fértil Escuela de León (de Lingüística)!

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