“Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible” de la RAE, obsequio de Salvador Gutiérrez Ordóñez

Este año Papá Noel ha llegado desde la RAE para traerme la Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible a través del ilustre y brillante lingüista y flamante académico Salvador Gutiérrez Ordóñez. Con dedicatoria incluida. Siempre me es especialmente grato recibir obsequios o mensajes afectuosos y positivos de buenos amigos (como Javi Sanse, Sergio Andrés, Álex Ballesteros –véase la fantástica reseña que me hizo-…) y lo mismo me ocurre con Salvador Gutiérrez, a quien tengo indudable aprecio y gran estima. Me alegra sobremanera que me reconozca como fidelísimo seguidor suyo –en la distancia- pues, sin duda, es, desde al menos mis quince años, uno de mis grandes referentes en el mundo lingüístico y en el mester filológico. Y, en la medida de mis posibilidades, he intentado ser difusor, de forma divulgativa, de todos sus estudios gramaticales desde una perspectiva funcional.

Dicho todo ello, a su sapientísimo y enriquecedor magisterio hay que sumar su gentileza, amabilidad y bondad que lo convierten en una personalidad admirablemente sobresaliente.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es Dedicatoria-de-Salvador-Gutierrez-Ordonez-706x1024.jpg

En cuanto a la Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible de la RAE, de la que él ha sido ponente, se trata de una especie de mapa esquemático con informaciones esenciales para intentar acabar con ese lenguaje farragoso, alambicado, abstruso, árido e incluso opaco que tanto abunda en muchos ámbitos tanto científicos como humanísticos. Por ello se comienza con aquel consejo de maese Pedro en el Quijote: “Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala”.

Quienes, como opositores a administrativo de corporaciones locales, hemos tenido que bregar con el estudio de mucha legislación sabemos bien lo tediosos que resultan en ocasiones los textos jurídico-administrativos, pero es que ello, además, muchas veces puede ocasionar perjuicios en cualquier ciudadano, ya que este puede llegar a no comprender el mensaje ni captar el contenido de lo que allí se dice. Por ello se antoja esencial ese lenguaje claro y accesible que, sin perder rigor, pueda ser entendido por todos. En la guía aparecen interesantes citas de quienes ya reclamaban esa claridad en los textos, desde Alfonso X el Sabio hasta el barón de Montesquieu, pasando por Montaigne, Quevedo o Jovellanos. Sin olvidar alguna reflexión machadiana a través de Juan de Mairena.

A las propiedades del texto (coherencia, cohesión y adecuación) se suman otros tantos principios comunicativos trascendentales para que esa interacción no se salde con un fracaso Todos esos principios son: claridad, coherencia, cortesía, orden, verdad, adecuación, conveniencia, eficacia, eficiencia y relevancia. Con ello se revindica y se apuesta por un lenguaje claro, en clara conexión con ese derecho a comprender, que se erige en pilar fundamental del espíritu democrático que ha de vertebrar un Estado de Derecho pues el hecho de entender las normas convierte a un súbdito en ciudadano.

Se advierte de los terribles perjuicios que ocasiona la opacidad en el lenguaje en multitud de campos (desde la medicina al derecho pasando por la propia disciplina lingüística) y los beneficios que, por el contrario, tienen una redacción y lenguaje claros, tanto para ciudadanos como para instituciones y administraciones. Estas ventajas pueden experimentarse en la lectura de cualquier texto, desde una notificación de Tráfico hasta el modelo de una instancia o solicitud pasando por el prospecto de un medicamento, las instrucciones de montaje de un mueble o las indicaciones para conducir correctamente un vehículo.

Bien sabemos los funcionalistas que el lenguaje es en gran medida comunicación y para que esta sea fructífera debe ser clara, diáfana y accesible a todos. Son especialmente nocivas las consecuencias de un lenguaje oscuro, incomprensible, opaco y retorcido como el que muchos pueden encontrarse al firmar una hipoteca, comprar un vehículo o un inmueble, realizar cualquier tipo de contrato y hasta descifrar el recibo de la luz o un requerimiento por parte de una administración… De la política mejor no hablamos. Porque hoy casi todos los políticos no paran de hablar con ridícula verborragia, pero pocas veces para decir algo. Al menos algo coherente. Y las más de las veces para mentir o distorsionar la realidad.

Por ello, en esa guía, de forma sucinta, concisa, breve y resumida, se ofrecen algunos consejos y determinadas pautas que pueden contribuir a ello. A dar luz y claridad a los mensajes reconociendo así ese derecho a comprender de todos. Aunque, a la vez, todos también deben hacer un esfuerzo por adquirir conocimientos, culturizarse, pertrecharse de los instrumentos necesarios para no poder ser embaucados. Y, sin duda, una de las herramientas más importantes del ser humano es la lengua, que además es el paradigma democrático por excelencia por cuanto depende del propio uso que de ella hacen los hablantes. Y hasta la norma, hoy sujeta a criterios empíricos y coherentes propios de una ciencia, emana del uso mayoritario del nivel culto. Y por supuesto hay que entender el contexto, la situación, y, evidentemente, habrá circunstancias que requieran un mayor grado de formalidad e incluso de virtuosa elocuencia, pero nunca a través del lenguaje opaco, oscuro, turbio, confuso, ambiguo, intrincado, engañoso. A veces hasta límites tan extremos que llegan a pervertirlo con determinados y espurios fines como bien queda reflejado en la neolengua orwelliana.

Por ello, en esa misma guía no solo de habla de expresarse con claridad, sino también de mejorar el nivel de conocimientos y la competencia comunicativa, tanto de profesionales (sean juristas, periodistas, docentes, científicos, médicos…) como de ciudadanos en general. De hecho, los planes de estudios de la carrera de Derecho (y otras como Trabajo Social, Relaciones Laborales, Periodismo…) deberían contar con materias como Gramática Normativa, Expresión Oral y Escrita, Retórica, Discurso… Y no solo eso, sino que en muchas oposiciones, no solo en las que se exija carrera de Derecho, sino también al menos en las de administrativo y auxiliar administrativo (ya sean estatales, autonómicas o de corporaciones locales) deberían incluirse pruebas en las que el concursante u opositor demostrara habilidades lingüísticas y gramaticales que revelen una solvente capacidad comunicativa. Solo vi hace algún tiempo que en algunas de subalterno, y cada vez menos, se hacían test de cultura general (ortografía, gramática, aritmética…), pero en el resto nada. Y es un grave error. Porque una excelente competencia comunicativa -y más en el ámbito administrativo- contribuiría a un mejor funcionamiento, eficacia, eficiencia y ahorro de las administraciones, además de dar una buena imagen de estas y de las correspondientes instituciones.

Y, de igual forma, en el ámbito educativo debería acercarse al alumnado al menos a los rudimentos básicos y fundamentales del ámbito jurídico-administrativo y legislativo. A veces salen sin saber qué es un acta de nacimiento o de defunción, un contrato matrimonial o la gestión de una herencia. Igual que desde algunas asignaturas se da educación para la salud, también debería establecerse una materia -sin que vaya en detrimento de las actuales y muchos menos de la trascendental de Lengua castellana– donde se enseñaran, asépticamente, los derechos y los deberes, el comportamiento cívico, el funcionamiento de la Administración de cada país y los rudimentos legales que son necesarios para la vida, que proporcionarían el conocimiento de trámites y una competencia mínima en la comprensión de nociones básicas y terminología jurídica. Obviamente, los medios de comunicación también desempeñan un papel muy importante como mediadores, a la hora de transmitir informaciones, para hacer comprensibles muchos aspectos de ámbitos que tiene su léxico especializado. Por eso resultan esenciales periodistas especializados en la materia que sepan explicar, y llegado el caso traducir, la complejidad de ciertas noticias para hacerlas entendibles al pueblo llano, pero siempre con rigor y escrupuloso respeto a la verdad. Además de ello, existen las distintas obras académicas que ha desarrollado la RAE y su exquisito servicio de consultas del departamento de «Español al día» donde, a través de las redes sociales, se dan respuestas a todas las dudas sobre la norma que plantean los ciudadanos. Un servicio de un valor infinito.

En cualquier caso, esta guía ha sido un gran regalo de mi admirado Salvador Gutiérrez, a quien una vez más, desde este humilde blog, le reitero el generoso gesto y amabilísimo detalle. Así que, ¡cómo no voy a ser un funcionalista confeso y declarado! Bien lo saben mis mejores amigos y gente más próxima. ¡Larga vida al funcionalismo lingüístico! Y contribuyamos todos, con un correcto empleo de la lengua, a ser más claros en nuestros mensajes porque en ello se asienta el gran fenómeno que es el proceso comunicativo en el que –sobre todo a través de la lengua- estamos inmersos contantemente a lo largo de nuestra existencia, en nuestro quehaceres cotidianos y que resulta fundamental en nuestro día a día y, en definitiva, en nuestro proyecto de vida.

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑